El ministro de Exteriores en funciones ha renunciado a su acta de eurodiputado y mantendrá su posición en el Gobierno. Todo apunta a que la verdadera pretensión de Josep Borrell es la de intentar acceder a un puesto de Comisario en la Comisión Europea, sobre todo teniendo en cuenta que él ya ocupó la Presidencia del Parlamento.

Sin embargo, según fuentes consultadas por Diario16, todo parece indicar que Borrell lo tendrá difícil para acceder a la responsabilidad que ansía porque le lastra el caso de puerta giratoria que protagonizó al incorporarse al Consejo de Administración de Abengoa y la sanción impuesta por la Comisión Nacional del Mercado de Valores por el uso de información privilegiada de la multinacional sevillana para vender sus acciones antes de que la empresa anunciara una suspensión de pagos.

El paso de Borrell a la política europea suponía, además, retirar del Gobierno a un ministro que podía resultar «incómodo» porque dificultaba las relaciones o las negociaciones con los partidos nacionalistas. No hay más que recordar las diferentes polémicas y los cruces de declaraciones entre el uno y los otros desde el 1-O.

Josep Borrell se ha convertido en víctima de su propio escándalo, tal y como le podría ocurrir a cualquiera de los políticos y políticas que hubieran pasado por un proceso de entrada en empresas privadas tras haber desempeñado responsabilidades de Estado.

Que un político pase a la actividad privada es demasiado habitual porque, al fin y al cabo, hay una ley de incompatibilidades que deja abiertos muchos caminos para que las grandes empresas incluyan en sus consejos de administración a ex ministros y ex ministras sin incumplir con lo establecido por dicha ley. Por tanto, es legal. Otra cosa es la interpretación ética de las puertas giratorias.

Lo mismo que le puede ocurrir a Borrell, es decir, la imposibilidad de acceder a un cargo político cuando se decide regresar al servicio público, podría sucederle, por ejemplo, a Soraya Sáenz de Santamaría que, como ya hemos publicado en estas páginas, se ha incorporado al despacho de abogados Cuatrecasas.

Sin embargo, según han confirmado fuentes conocedoras del tema, la primera oferta que recibió la ex vicepresidenta vino de una importante multinacional del sector financiero y, para poder esquivar la ley de incompatibilidades, se le ofreció un cargo en Portugal. Es decir, a Sáenz de Santamaría se le presentó la oportunidad de esquivar la ley utilizando los mismos métodos que se usaron para que la ex ministra socialista Elena Salgado se incorporara al Consejo de Administración de Enel. Finalmente, la ex número dos de Mariano Rajoy no aceptó dicha propuesta porque hubiera sido un gran escándalo político y social.

Sin embargo, si Soraya Sáenz de Santamaría decidiera volver a la política activa y optara a un cargo en Europa como el que pretende Josep Borrell se encontrará con el mismo problema a la hora de ser elegida ante otros candidatos: las puertas giratorias.

Es una pena que cuando una persona tiene sentido de la responsabilidad pública se vea frenada por los escándalos que pudiera haber protagonizado en su paso al sector privado. Hay quienes dejan la política y vuelven a sus trabajos anteriores como, por ejemplo, entre otros y otras, la ex ministra Ángeles González-Sinde. Otros cumplen con los plazos que marcan las leyes de incompatibilidades. Los hay que, tras protagonizar escándalos de puertas giratorias, se mantienen en el sector privado aprovechándose de sus privilegios, tal y como hemos visto en el caso de Felipe González. Otros, como el caso de José María Aznar, se aprovecharon de su currículum político y de sus relaciones internacionales para ocupar cargos en empresas multinacionales o cobrar importantes cantidades por dar clases en universidades extranjeras. Sin embargo, los hay que, tras pasar al sector privado, con mayor o menor escándalo, deciden regresar a la primera línea del servicio público sin poder librarse del lastre de su paso por las puertas giratorias.

Todo esto se podría evitar si se antepusiera la ética a las ambiciones personales en el terreno material.

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