Los niveles de mezquindad e inoperancia a los que pueden llegar ciertas personas de la clase política parece que no tiene límite. Hemos llegado a ver cómo diputados se reían de la madre de una víctima del 11M o aplaudir a verdaderos corruptos. Sin embargo, esas líneas rojas que parecían ya establecidas las consiguen superar a medida que va pasando el tiempo.

El último ejemplo de ello lo tenemos en las declaraciones de la consejera de Sanidad de la Comunitat Valenciana, Ana Barceló, que afirmó sin ningún tipo de vergüenza ni de ética social, que los sanitarios se estaban contagiando del coronavirus porque habían realizado viajes y porque habían mantenido contacto con sus familiares.

Estas palabras sólo pueden ser definidas dentro del concepto de la ruindad y de la mezquindad. No existe otra definición. Las decenas de miles de médicos, las centenas de miles de personal de enfermería (enfermeras/os, celadores/as y auxiliares) y todo el personal de los hospitales, se están jugando literalmente la vida en su servicio al pueblo sin pedir nada a cambio salvo que las administraciones, a las que pertenece la señora Barceló, les faciliten el material necesario para protegerles del contagio.

Lo afirmado por la consejera valenciana es el fruto del desconocimiento y de la inoperancia. El cumplimiento del deber cívico que están desarrollando el personal sanitario es ímprobo, no necesita que nadie lo diga. Todo el mundo digno lo sabe y a nadie se le ocurre insultarles como la señora Barceló ha hecho con unas palabras que no son más que el chapapote fétido de la indignidad.

Todas las noches, a las 20 horas, las ventanas, balcones, terrazas y casas de este país se pueblan de aplausos. No se trata de un gesto al azar, no se trata de una felicitación, son aplausos para dar ánimos y para reconocer la labor que están haciendo para proteger al pueblo. Son aplausos de gratitud porque ellos y ellas sí que se están jugando la vida desde que entran en su centro hospitalario, ellos y ellas sí que son la última línea de defensa que tenemos frente al virus. No se puede insultar de esa manera a quienes constituyen la muralla más efectiva contra esta pandemia. Si la muralla se cae, todos estaremos perdidos.

Señora Barceló, nuestros sanitarios están dejándose la piel con la escasez de medios que los recortes que políticos sin corazón y con irresponsabilidad social como usted implantaron en este país, dejando a todo el pueblo indefenso mientras que los dictadores privados del sector médico llenaban sus bolsillos con miles de millones que eran del pueblo. Sin embargo, y a pesar de esos recortes, el personal sanitario está ahí sin poner ninguna objeción a cuidar al pueblo contagiado, sin dudar en ponerse hasta bolsas de basura para poder continuar con su trabajo. Seguro que, si hiciera falta, se pondrían lo que fuese para no cejar en el empeño de parar al coronavirus y de salvar a los pacientes.

En la Comunidad de Valencia faltaban recursos mientras el hermano de Ximo Puig se metía en el bolsillo subvenciones que no le correspondían. Seguro que ni el presidente, ni el presidente de Aguas de Valencia, ni ninguno de los que reciben las prebendas del dinero de todos se contagiarán porque ni se acercan a la trinchera de la primera línea de esta batalla. Es mejor mantenerse escondidos y ocultos bajo la cortina que dice que en momentos de crisis no puede haber vacío de poder.

Los contagios de los profesionales de la sanidad vienen, en primer lugar, por la falta de medios y de equipamiento que la sumisión de los poderes del Estado a los dictadores privados del capital. Esto está ocurriendo en todas las comunidades. Los recortes impuestos por políticos irresponsables de todos los colores políticos han debilitado de tal forma la sanidad pública que, ahora, se ven las consecuencias.

Ahora, señora Barceló, tiene que pedir perdón por lo que dijo, pero no con un comunicado, sino acercándose a todos y cada uno de los centros hospitalarios y, uno a uno, dirigiéndose a los profesionales. Después de eso, dimita y no vuelva a acercarse a una lista electoral, no vaya a ser que la puedan volver a votar.

Todo lo anterior lo escribo y publico desde la responsabilidad personal y desde mi compromiso con mi propia conciencia, fundamentalmente porque un «guerrero social» nunca morirá de rodillas abatido por el cómplice silencio de la mayoría de quien no debe de callar nunca, mucho menos en estos momentos, con el sacrificio que se le está pidiendo a las ciudadanas y ciudadanos a diario.

Lo primero es el compromiso con y para el pueblo. En democracia una persona, un voto, que no lo olviden jamás las y los que ofrecen privilegios, vengan del poder que vengan, a las y los dictares privados que demuestren con sus obligaciones públicas en favor del pueblo que el capital no es el primer poder capaz de someter al legislativo, a gran parte del ejecutivo, mayoritariamente al judicial, al teórico cuarto poder, los medios de comunicación ya los tienen sometidos y controlados en un 80% y a los partidos de la oposición nacional al 100%.

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