Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Hay serpientes con la boca enorme que causan grandes heridas, heridas que terminan cerrando con los cuidados necesarios y un poco de tiempo.

Sin embargo, cuando la serpiente en su mordedura además te inyecta su veneno y este queda dentro, ese mismo veneno hace que a pesar del tiempo, la herida no cierre y el dolor no cese.

Cuando nos han herido, física o emocionalmente, generalmente el sentimiento que nos sobreviene es el de la ira. La ira, en el momento en el que convivimos con el peligro, nos da fuerza para luchar, pero después, es aquel veneno que inyecta la serpiente.

La ira nos lleva al rencor, al odio, a la venganza. Nos lleva a mantener vivo el pasado que nos ha causado el daño. Nos impide avanzar, nos impide estar bien.

¿Qué es, por tanto, el perdón?

Perdonar no es ser permisivos con un comportamiento ilegal o inmoral, no es sinónimo de reconciliación y tampoco es justificar a la otra persona. Ni siquiera es aceptarla o reconciliarnos con ella. Perdonar no conlleva olvidar que nos han hecho daño.

El término perdón deriva del verbo perdonar. Proviene del latín y está formado por el prefijo “per” que significa acción completa y total y el verbo “donare”, entendido como regalar, ofrecer o conceder. Es decir, etimológicamente la palabra hace referencia al regalo que le hace de manera definitiva el ofendido a su ofensor.

Perdonar es recordar el hecho sin quedarse anclado en la emoción que genera ese recuerdo y desprendernos de la ira y la culpa frente a la otra persona para alejarnos del resentimiento y la venganza.

Aunque también pueda ser un acto de piedad y de liberación para aquel que causó el daño, es sobre todo un acto de generosidad y liberación para la persona que lo da. Imaginemos que es como un tener un carbón ardiendo entre las manos, a la espera de lanzárselo a nuestro ofensor en el momento oportuno, sin darnos cuenta de que realmente a quien le quema mientras tanto, es a quien lo sostiene.

Sin embargo, perdonar no es tan sencillo como decir que queremos hacerlo.

¿Cómo podemos perdonar? ¿Se puede aprender?

Lo que parece claro es que la ira, el odio o el rencor no son compatibles con la estabilidad emocional.

El perdón es un proceso complejo que te exige poner en juego muchos de tus recursos emocionales:

  •   En primer lugar, es necesario comprender. Comprender que las cosas sucedieron de una determinada manera y en un determinado momento. Analizar a la persona, los hechos, su origen y también reconocer el daño que nos ha causado de una forma objetiva para así poner una distancia emocional.
  •   Aceptar que ese hecho ocurrió y no lo podemos cambiar, aceptar que esa persona se ha equivocado o que también puede equivocarse, aceptar las emociones que nos ha provocado y, sobre todo, aceptar que es nuestra ira y odio lo que más daño nos está haciendo llegado este momento. La aceptación es el proceso que finalmente lleva al cambio.
  •   Decidir perdonar. La voluntad de querer perdonar es imprescindible. A menudo no queremos perdonar precisamente porque entendemos que es el perdón elimina el daño o borra el hecho, supone una nueva ofensa que nos causamos o causamos a un ser querido si es a quien han hecho daño o por miedo a que nos vuelvan a herir, sin embargo, el perdón tiene más que ver con nosotros que con el otro. Se trata de liberarse del control y el poder que durante mucho tiempo le hemos otorgado a esa persona y a la propia situación que nos ofendió y así, avanzar. Pasar página. Superado el proceso, es decisión personal decírselo a la otra persona o no, e incluso, acercarnos a ella o separarnos definitivamente. ¿Qué conseguimos con el perdón? Perdonar nos lleva a la salud emocional que a su vez y en muchas ocasiones, se va a traducir en una mejora de la salud física. Son muchas las dolencias que se estima podrían tener un origen en procesos emocionales no resueltos. Dolores en la garganta, la espalda o el estómago, entre otras partes, cuando duelen sin razón aparente podrían indicar indicar la existencia de un proceso de perdón que no se ha completado, de un proceso emocional no resuelto.

Y por último y lo que parece más evidente, es que el perdón nos ofrece plenitud y calma. Cuando perdonamos de verdad a alguien, hemos sacado toda nuestra fortaleza para coger de nuevo las riendas de nuestra vida, haciendo las paces con nuestro propio ego para darnos la oportunidad de ser felices a pesar de nuestra historia.

Muchas personas necesitan ayuda para realizar este proceso, si tienes alguna duda y quieres contactar conmigo, puedes hacerlo enviando un email a pbellot.coach@gmail.com

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