Lo habían encontrado entre unas matas de hierba al otro lado de la alambrada. Era muy chiquitajo y maullaba llamando a su madre. Tenía unas preciosas rayas negras sobre una piel naranja. Unos bonitos ojos azules y una cara simpática de gato juguetón. En cuanto le acercaron el dedo, empezó a succionar como si de una teta se tratara. Tenía hambre el pobre. Lo sacaron por un pequeño agujero que tenía la valla metálica, miraron para todos los lados por si la madre estaba cerca y como no fueron capaces de encontrarla, se lo llevaron a casa. Allí, le prepararon un pequeño biberón de leche que se quedó escaso.

Unos días más tarde, el gatito tenía un tamaño bastante más grande de lo normal. Pero seguía ronroneando y jugando como cualquier otro felino bebé. Lo sacaron al jardín. Allí el vecino de la casa aledaña, les preguntó que de dónde habían sacado al tigre.

-¿Que tigre? Preguntaron Eutropio y Gliceria.

– Pues ese que tenéis en el jardín.

-¿Eso? … Eso es un gatito que nos encontramos el domingo por la tarde junto a la vaya del antiguo safari.

– Perdonad, pero eso no es un gato. Es un tigre.

-Que no hombre. ¡Pero si maúlla y todo!

Pasaba el tiempo y el gato se hacía más y más grande. Seguía siendo cachorro pero ya tenía un tamaño mayor que el doberman del vecino. Se dieron cuenta que la leche ya no era suficiente el día que el gato le pegó un zarpazo al conejo que tenía como mascota su hija y se lo acabó zampando junto a las adelfas.

Entonces, comenzaron a alimentarle con carne de pollo y leche.

Pronto tuvieron la necesidad de sacarle a pasear para quitarle la ansiedad que mostraba y que le llevaba a morder todo lo que encontraba por su camino.

Los vecinos se apartaban al verlo y murmuraban sobre la inconsciencia de tener un tigre en casa como mascota.

Pero ellos seguían insistiendo en que era un gato. Y que era muy cariñoso y juguetón. Que no sería capaz de hacerle daño a nadie. En una ocasión, incluso lo llevaron a una terraza por la noche, dónde habían quedado con unos amigos. Toda la gente murmuraba y se apartaba en cuanto veían a un bicho más grande que una cabra. Pero el tigre se portó como un gatito bien amaestrado. Estuvo tirado en el suelo tranquilo. Incluso se dio la vuelta enseñando la barriga a unos niños que mostraron interés por él.

Pero la naturaleza siempre sigue su curso y un tigre, siempre es un tigre y no un gato. Además de la mascota de su hija, el gatito inofensivo mató de un zarpazo al chiguagua de su cuñada y el doberman del vecino salió con un trozo de oreja menos. Pero Eutropio y Gliceria seguían diciendo que su mascota era un indefenso gatito.

Amanece. El sol aún no pinta el horizonte. Eutropio se acaba de levantar al baño. Como siempre, no da la luz para no molestar. Viene por el pasillo y cruza el salón para ir al baño. Unos ojos le observan sigilosos en la oscuridad. Cuando gira para coger el otro pasillo que lleva al baño y la cocina, algo se le echa encima. Nota un dolor en el cuello. Se toca y siente una cálida humedad oleaginosa. Sabe que es sangre. Su gato le ha cortado la yugular con una de las uñas de su zarpa. Echa a correr en dirección contraria para avisar a su mujer de que se encierre en la habitación, pero apenas puede recorrer dos metros. Cae sobre la mesa baja del salón rompiendo el cristal. Gliceria se despierta con el ruido, sale de la habitación y el tigre se la echa encima.

 


El peine para calvos

 

Una de las imágenes que recuerdo fielmente de cuando era pequeño, es la de un charlatán, en la esquina de la calle Miranda en Burgos, sobre el que se arremolinan decenas de boinas y pañuelos mientras explicaba las maravillas de un peine que servía hasta para los calvos. Creo que ese recuerdo permanece, porque fue capaz de hacer que la gente se pegara literalmente por tenerlo ya que lo primero que les dijo es que no había para todos.

A lo largo de mi vida, he sentido a alguno de esos embaucadores. Pero he de admitir que ninguno tan bueno como Pedro Sánchez. Un tipo que nunca levanta la voz, que no se inmuta, que es capaz de reírse con el diablo y lo más característico de un charlatán: que todo lo que vende es humo. Peines para calvos.

Cuando presentó la moción de censura, insistí mucho en que querían que no triunfase. Era solo una estrategia para quedar bien. Un señuelo para ganar electores desde la izquierda. Pero la situación de hartazgo con los truhanes del Partido de la Corrupción tenía tal punto de saturación, que toda la oposición (salvo la muleta fascista del partido creado por el Ibex para seguir manteniendo el sistema) le hizo presidente sin quererlo.

Desde el principio se ha mostrado timorato ante la posibilidad de cualquier cambio. Pronto vimos como la inmediata derogación de leyes fascistas como la ley de Seguridad Ciudadana (conocida como ley Mordaza), la LOMCE o la reforma laboral que más pobres ha creado en la historia de este país, quedaron en un “si eso, ya mañana”.

Desde el principio también hemos visto como a pesar de las buenas palabras (nuevamente el peine para calvos) no se ha movido ni un ápice para solucionar el problema que tenemos con Catalunya. Un problema que requiere negociación y no gasolina. Estos días atrás hemos visto como Turull ha tenido que ser tratado por los médicos al cumplirse dos semanas de la huelga de hambre. Sin embargo, hemos vuelto a tener que escuchar a personajes pirómanos como Borrell, Lambán o García Paje que echaban gasolina al fuego independentista, haciéndoles el juego a los franquistas del PP y Ciudadanos (a los que se les ha unido ahora el mamandurrias de VOX) llegando a solicitar incluso la ilegalización de los partidos nacionalistas catalanes.

Como todo lo que venden es humo (peines para calvos) están siendo condescendientes y siguen sin querer mojarse sobre el tema de las torturas. Siguen haciendo la vista gorda cada vez que un golpista como Tejero es invitado a un acto castrense. Siguen evitando hacer justicia y quitarles a los torturadores como Billy el Niño esa pátina de impunidad que le permite seguir paseándose tranquilamente en lugar de estar detenido y ser enjuiciado por crímenes de lesa humanidad que, a pesar de lo que opina el Ministro del Interior, no prescriben nunca.

Llevan cuatro meses sacando a Franco de su mausoleo. Creando malestar en una parte de la sociedad por la tardanza y alimentando el discurso fascista de los que se oponen. Porque, cada día que pasa sin que el genocida sea trasladado, es un día más que tienen para montar ruido y envalentonarse.

Como siempre han sido el tigre, que es este sistema de hijoputismo especulativo, y no un gatito cariñoso que es lo que dicen ser, han votado en varias ocasiones en contra de investigar lo que todos sabemos (y que probablemente solo sea la punta del iceberg) sobre la casa real española. Entretanto, continúan abandonando la educación pública, degradándola día a día con la falta de inversión, los ratios que convierten las aulas en latas dónde se envasan las sardinas, mientras la sanidad pública languidece con listas de espera que desesperan a pacientes y profesionales, son capaces de gastarse 12.000 millones en armamento y lo que es peor, intentarnos convencer de que ese derroche es gasto social.

Cuando nos ponemos especiales y exigentes porque la izquierda no hace nada para evitar el auge del fascismo, deberíamos definir que es para nosotros la izquierda. Un partido como el PSOE que es evidente no se comporta en las formas como los sinvergüenzas que han destruido la convivencia de este país a base de corrupción y fascismo, no es una formación de izquierdas desde el momento en que fue capaz de destruir el tejido industrial de España, empezar con las privatizaciones de las empresas públicas y a degradar la sanidad y la educación a base de privatizar servicios. Uno puede simpatizar con esa forma de hacer política. Allá cada cual. Pero lo que no puede es autoengañarse creyéndose que es de izquierdas porque está a favor del aborto, del divorcio o del matrimonio entre personas del mismo sexo, pero habla mal de los gitanos, dice que los moros vienen a robar u odia a los catalanes sin que le hayan hecho absolutamente nada. Uno no es de izquierdas cuando odia a los que no sienten los colores de la bandera o la llamada de la patria y cree que no merecen ser españoles, cuando cree (sin fundamento alguno) que los migrantes vienen aquí a quitarnos el pan y a destruir nuestras tradiciones o cuando son capaces de justificar cualquier tropelía laboral y de salario, en loor de la creación de puestos de trabajo.

Cuando ponemos a parir a la izquierda porque no son capaces de llegar al electorado, sintiendo furia porque el fascismo entra en las instituciones como un elefante en una cacharrería, deberíamos preguntarnos si no somos nosotros los que alimentamos esas actuaciones. Porque la gente como García Paje, Lambán o Borrel, únicamente se mueven por interés electoral. Y cuando le hacen el juego a la extrema derecha solicitando medidas fascistas como la ilegalización de partidos, es porque saben que ese discurso vende y que hay muchos calvos dispuestos a pegarse por tener su peine.

Paremos. Reflexionemos. Seamos críticos. Porque igual somos nosotros los que estamos alimentando el fascismo.

Salud, república y más escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

4 Comentarios

  1. Si,a mi también me parece un charlatán Pedro sanchez y no solo en ser un vendehumo,se le nota hasta en su oratoria.
    Nunca he podido evitar,cuando le oigo dar sus arengas,ver a Manolo Moran,en bienvenido Mr Marshall,convenciendo al pueblo de Villar del Rio.
    Hasta en su oratoria es un charlatán antiguo y un engañabobos,lo malo es que tiene suerte y con la división de la derecha puede que salga en las próximas elecciones sin hacer nada por merecerlo.
    Es un personaje oportunista que lo mismo le da salir en un mitin con el puño en alto(cosa que a mi como izquierdista me hería la sensibilidad) como salir con una bandera de España inmensa o defendiendo a la monarquía según le convenga.
    El PSOE es una vergüenza para la inteligencia y para la izquierda digna.

  2. FE DE ERRATAS:
    Evidentemente donde dice “Eso es un gatito que nos encontramos el domingo por la tarde junto a la vaya del antiguo safari”
    Debería decir “Eso es un gatito que nos encontramos el domingo por la tarde junto a la valla del antiguo safari,…

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