Los que tenemos hijos tratamos de educarles para que sean personas justas, honestas, que ante las injusticias tomen conciencia y asuman su responsabilidad. O al menos eso creía yo, que era lo que hacíamos todos los padres. Sin embargo cuando uno va al parque a jugar con sus hijos, cuando una acude a las reuniones con otras mamás y papás del colegio, te das cuenta de que lo que tú pensabas que debería ser la norma general, se convierte, tristemente, en excepción. Cuando tú regañas a tu hijo, observas cómo cuando se trata a veces de otros niños “revoltosos”, otras mamás tratan de mirar hacia otro lado, cuando no tratan de justificarles, desaparecen imbuidas en corrillos de cotilleo o absortas en las pantallas de sus móviles, o directamente viendo lo que sucede y pasando “olímpicamente”, te das cuenta de por qué el mundo después funciona del modo en que lo hace.

Aprendes a entender que cuando estos pequeñajos, que pegan sin temor a otros, que abusan de los pequeños, que no respetan turnos para montar en los columpios, dicen palabrotas y nadie les llama la atención, un día crecen. Y al final, conforman una sociedad en la que, como la que hoy vivimos, camina sin sentido, absorta en sus pantallas de teléfonos, o imbuida en charlas superficiales sobre los demás. En definitiva, no estamos construyendo valores.

Y claro: si poco te importa educar y formar a tus hijos como personas responsables, justas, honestas y comprometidas, supongo que poco te importará también nutrirles en conocimientos más allá de las cuatro cosas básicas (incluso a veces, ni eso). Por lo tanto, no es de extrañar que esos mismos padres, probablemente, sean los que griten el “a por ellos”, vivan desinformados, desconozcan qué es el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de Naciones Unidas (o no les importe en absoluto interesarse). Son el caldo de cultivo ideal para crear un batallón de “repetidores de mantras” tales como: “golpistas, huidos, fugados, delincuentes”. Y en sus corrillos, lo repiten una y otra vez. También en los que tienen montados en las teles, en las radios. Y así se retroalimentan. Intentar plantarte y decirles que lo que comentan es injusto, es falso y además es irresponsable, es como ser tú la mamá que en el parque regaña a un hijo que no es el suyo. Te ganarás el rechazo probablemente del resto, te sentirás fuera de lugar, y poco a poco irás pensando dónde habrá un parque en el que las mamás y los papás estén pendientes de sus hijos, y se responsabilicen de lo que les toca.

Me pregunto dónde habrá un lugar en el que las mentiras no sean portada, los insultos no sean la herramienta para debatir, donde las injusticias y las trampas no campen a sus anchas.

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