Negrín, en un discurso a los republicanos en el frente. FUNDACIÓN NEGRÍN

El llamado “Oro de Moscú” supone para la historiografía uno de los episodios más apasionantes e intrigantes de la Guerra civil española. Este, además de ser el oxígeno que necesitó la Segunda República en términos económicos para resistir militarmente, también supuso la excusa del bando franquista para demonizar tanto a Juan Negrín, por entonces Ministro de Hacienda, como a la causa republicana.

La facción prietista del PSOE también utilizó la excusa formulada por los sublevados como argumento, también con el objetivo de deslegitimar al presidente del Gobierno, al considerarlo como súbdito del Kremlin en España. Sin embargo, las últimas décadas, junto con la aparición de nuevos documentos tanto españoles como soviéticos, han posibilitado que se conozcan nuevos datos que esclarezcan las intenciones de los diferentes personajes, junto con el uso concreto que tuvieron las diversas partidas de oro que partieron hacia la Unión Soviética durante el conflicto.

Respecto a las formas de financiación del gobierno republicano, el envío del metal amarillo a la Unión Soviética fue la que más material bélico aseguró al Ejército Popular, no obstante, no fue la única. El gobierno creó instituciones con el objetivo de requisar y almacenar grandes cantidades de joyas, generalmente de plata, pertenecientes a particulares, esta requisa no fue generalizada, sino que se realizaba contra los presuntos derechistas afines a la causa sublevada.

La contaduría de estas joyas nunca fue clara, ya que los funcionarios republicanos no llegaron a hacer un registro exhaustivo de lo que tenían almacenado, las cuales sirvieron para financiar parte del exilio republicano, puesto que en los últimos momentos de la guerra fue trasladado en el barco Vita hacia México.

Respecto al envío de las divisas al extranjero, debemos destacar que comenzaron a efectuarse desde los primeros días de la contienda, siendo movilizada una pequeña parte para obtener material bélico del gobierno francés. Tras la firma del Tratado de No Intervención, el aislamiento de la república fue total, por lo que los sucesivos gobiernos tanto de Largo Caballero como de Juan Negrín tuvieron que mirar hacia la Unión Soviética, la única potencia que se había mostrado interesada en favorecer la causa republicana.

Este apoyo no fue desinteresado, la Segunda República pagaba todo lo relacionado con el abastecimiento soviético, desde el trasporte hasta el personal necesario para ello. Una vez el oro se encontraba en el país comunista, el gobierno del Kremlin destinaba parte del oro al pago de las armas soviéticas, mientras otra parte iba a parar a agentes que el gobierno republicano utilizaba como intermediarios para comprar armas a empresas y gobiernos europeos de manera extraoficial.

Tanto las armas soviéticas como las obtenidas a partir del contrabando tuvieron un precio elevado, la diferencia fue que el material soviético era de primera calidad, de ahí su alto valor monetario. Al contrario que éste, el obtenido a partir de operaciones de particulares, pese a tener un alto precio, en muchos casos estaba obsoleto. En ciertas ocasiones, los contrabandistas engañaron a los agentes republicanos, tenemos ejemplos de estas compras en países como Checoslovaquia y Polonia.

Durante el gobierno de Juan Negrín, a la vez que se consumían las reservas de oro enviadas a Moscú, el gobierno intentaba negociar diversos préstamos a largo plazo pues suponían que la guerra sería larga. El gobierno soviético concedió algunos de estos créditos, siendo los últimos envíos de 1939 una deuda que el gobierno republicano nunca podría saldar.

Uno de los argumentos centrales en torno a este oro fue la atribución de su traslado exclusivamente a Juan Negrín, que por aquel entonces era ministro de Hacienda. Lo cierto es que éste tuvo un papel fundamental. Durante la contienda, él mismo redactó cartas en las que se mencionaban directamente las reservas de oro, de las cuales es posible advertir las dificultades económicas que adolecía la Segunda República en la petición de nuevas remesas monetarias dirigidas a los dirigentes soviéticos.

La acción de enviar estas reservas tenía que contar con la aprobación del Consejo de Ministros presidido por Largo Caballero. Juan Negrín, en calidad de ministro de Hacienda, se sintió complacido al contar con el apoyo del gobierno a la hora de aprobar dichas remesas de oro, incluyendo a Largo Caballero.

La responsabilidad política del traslado del oro recayó en dos cargos políticos, éstos fueron el ministro de Hacienda y el presidente del Gobierno, el primero firmaba las órdenes de traslado, mientras que el segundo debía contrafirmarlas para ratificarlas.

Respecto a los documentos firmados por Negrín, en sus últimos meses de vida él encargó a su hijo la entrega de los papeles que contenían la información relacionada con el gasto de las reservas de oro al gobierno franquista, esto no gustó ni a sus más afines, aunque podría considerarse como un intento de reparación.

El viraje de los gobiernos en favor de sus aliados rusos no va a responder a cuestiones ideológicas, esto se puede observar en las difíciles relaciones que mantuvieron los militares y diplomáticos rusos con los diversos presidentes. Un claro ejemplo de estas fricciones fue la dimisión de Largo Caballero, la cual estuvo apoyada y sustentada por el PCE y sus asesores soviéticos.

La guerra de España también tuvo un componente diplomático, los políticos republicanos no cesaron en su empeño de forzar a las democracias europeas a intervenir en el conflicto, en ciertos documentos el presidente insta tanto al gobierno francés como al británico a enviar divisiones y armamento, a cambio el gobierno republicano se comprometía a dejar de comprar material a los soviéticos.

Pese a que el PSOE tenía un componente marxista, durante el gobierno de Juan Negrín se apostó por la moderación, apartando al PCE cada vez más de los puestos de gobierno, decisión política que no se trasladó al plano militar, donde el presidente optó por conservar a aquellos mandos que durante la primera etapa de la guerra habían obtenido buenos resultados.

Esta estrategia de moderación pretendía mostrar ante las democracias del mundo un gobierno capaz de mantener el control sobre su retaguardia, donde se cumplía la constitución, disipando las dudas que surgían en sectores de la política europea que consideraban a la República como un estado totalmente influido por los comunistas.

En los últimos años, la divulgación de los archivos soviéticos junto con la desclasificación de documentos ha supuesto que los antiguos mitos derivados de la propaganda se desvanezcan debido a la falta de pruebas que corroboren que el gobierno republicano, en lo que concerniente al oro, estuviera a merced de los soviéticos.

El futuro dirá si estos mitos siguen latentes en el argumentario de quienes pretenden desprestigiar al Frente Popular o a Juan Negrín.

 


Bibliografía:

  • Miralles, R. (2003) Juan Negrín: La República en guerra, Madrid, temas de hoy.
  • Prieto, I. (1990). Epistolario Prieto-Negrín puntos de vista sobre el desarrollo y consecuencias de la guerra civil española (Convulsiones de España 4). Barcelona: Fundación Indalecio Prieto.
  • Viñas, A. (2010). El escudo de la República El oro de España, la apuesta

soviética y los hechos de mayo de 1937 (1ª ed. en rústica. ed., Crítica. Contrastes).

Barcelona: Crítica.

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