Vivimos un tiempo sumamente complejo, ese que tan sólo  podríamos haber imaginado o visto en una película de ciencia ficción y que hoy es una realidad. El confinamiento social, el freno a la actividad económica mundial, la parálisis del movimiento de personas a escala global y una cifra de muertos  que hoy ya supera de largo a los de la primera Guerra Mundial, vienen a dibujar un escenario de gran complejidad que nos dejará marcados como sociedad. Así, los aprendizajes de los errores cometidos, el exceso de soberbia como civilización frente a nuestro modo de habitar el planeta tierra o  la necesidad de tomar conciencia y acción para cambiar nuestro modelo productivo y de cooperación  global en materia como la sanitaria   parecen elementos fundamentales a tener en cuenta para el futuro. Y todo ello, como consecuencia de una pandemia global producida por un microscópico entre comillas enemigo: El Covid19. Ese, invitado que ha venido a transmutar nuestro modo de vida social y económica poniendo a la humanidad contra las cuerdas. Y es que la humanidad no será igual tras la finalización de la Pandemia. Así, en el escenario del liderazgo global el eterno poder e influencia de los EEUU como representante del modelo occidental capitalista  perderá espacio frente a la fuerza de una China que parece decidida a fijar en el tablero global sus fortalezas. A ello, ha ayudado la convergencia de diversas facturas: La retirada de los EEUU de los foros globales de toma de decisión y la apuesta por un proceso de autarquía nacionalista de la mano del  Presidente Trump, la presencia cada vez mayor de el continente africano o la región iberoamericana además de la Pacífica y su apuesta decidida por la tecnología y la carrera por la innovación en todas sus fuentes de conocimiento ( Desde la científica a la armamentística o espacial)  venían ya a presentar al gigante asiático como un rival al dominio del liderazgo de los EEUU en el planeta. Hoy, la pandemia de la Covid19 ha venido a acelerar esos cambios de manera transcendental.

No por menos, el análisis de los datos vienen a arrojar una realidad clara en 1980 el PIB China era del 2,3 del PIB mundial , en 2019 su PIB ascendía al 17,4%  y tras la pandemia las tendencias apuntan a que será superior al 20%, el primero en el mundo en poder adquisitivo. Datos tremendamente reveladores si la comparativa se lleva sobre el crecimiento de las economías Europea, China o de EEUU. Un elemento que de nuevo arroja un posicionamiento favorable al expansionismo asiático del gigante chino. Estará por ver sí esta lucha por la hegemonía será de convivencia o confrontación.  Máxime cuando Rusia y otros países emergentes aparecen como aliados  del jugador asiático en el tablero de la geopolítico.

No obstante, frente a este escenario cada vez más probable , parece clara que la apuesta a favor del encuentro y  no la confrontación global, la apuesta por el progreso , la estabilidad económica, la igualdad y el mantenimiento de las libertades y los derechos fundamentales que las democracias occidentales han consolidado desde la Segunda Guerra Mundial , sólo podrá ser mantenida desde una clara vocación de apuesta por el multilateralismo en este escenario sumamente complejo. Es aquí, donde Europa debe jugar un papel fundamental , mirando y tendiendo además la mano a Iberoamérica y al continente africano en la generación de espacios de oportunidad, alianza, productividad compartida y apuesta por los procesos de innovación tecnológica , sostenibilidad y nueva economía. No por menos, sólo desde la generosidad, el encuentro con el diferente, la cooperación cruzada y el aprendizaje mutuo podremos enfrentar los retos y desafíos que el mundo , el del Siglo XXI nos deparará como sociedad.

Y es que, de esta crisis global sólo deberíamos salir con el convencimiento  de que la apuesta por el multilateralismo, la cooperación internacional y la generación de alianzas estratégicas supranacionales.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre