“Mi hijo podría llegar a ser campeón del mundo de Fórmula1”

Lo leí en algún sitio, creo que en un tuit o tal vez en instagrán o feisbluf, y se me quedó grabado en el corazón y en la cabeza.

Naturalmente era el eco de una frase que Carlos Sainz padre habría dicho en algún sitio y sin duda no me llegaron las palabras exactas, y si me llegaron es probable que mi memoria las haya cambiado o modificado ligeramente. Pero aún así… el tono.

El tono. De absoluto respeto. El tono. De absoluto afecto. El tono. De absoluta admiración. El tono. El modo en que Carlos Sainz dice ese mi hijo que ahora rebota en mi memoria agujereada, y que ya anticipa -casi asombrado- ese posible, o al menos no imposible, título mundial de su hijo.

Porque Carlos Sainz padre -ahora hay que decir Carlos Sainz padre ya siempre- sabe perfectamente, mejor que nadie, qué es un coche, qué es una máquina, y la manera en la que un ser humano puede llegar a fundirse con ella para lograr maravillas y proezas. Sabe, porque él: Calos Sainz padre, es una perfecta muestra.

Hay otros padres en la F1, que se jactan y comportan como si sus hijos fueran yeguas de su propiedad. Ninguno de ellos, sobre todo el más famoso, sería capaz de decir mi hijo del modo que lo hace Carlos Sainz padre.

Yo: desde mi ignorancia, nosotros: desde nuestra ignorancia, en Las Almas y la F1 estamos completamente de acuerdo en que Carlos Sainz hijo podría llegar a ser campeón del mundo. Es más: creemos con el corazón y la cabeza que va a acabar sucediendo.

Tigre tigre.

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