El líder ultraderechista Santiago Abascal, este sábado, en la caravana de coches organizada por Vox. Foto: Vox.

Dos meses y medio después de la entrada en vigor del estado de alarma en España, que se ha evidenciado decisivo para frenar la propagación del miserable virus que ataca con especial furia a los más débiles, las personas mayores, aún pulula en este país con total libertad otro virus casi tan dañino como este, el de los miserables. Son males completamente diferentes. El primero es de índole natural y ataca por igual a los organismos de todos los seres humanos más allá de su poder adquisitivo o nivel social. El virus de los miserables se ceba sobre todo con aquellos que hacen de la teoría de la conspiración, la mentira y la manipulación más burda su bandera de lucha constante, sin importarles nada que exista un interés único y supremo en toda esta crisis: vencer a la covid-19 y evitar que se sigan produciendo muertes y contagios.

Este país, cainita como pocos como lo demuestra su historia más reciente, debe sentarse con urgencia en el diván de pensar, porque el diván no engaña y nos desnuda a todos, incluso al rey

Porque sólo con la unidad absoluta de acción se consigue doblegar esta pandemia que ha puesto en jaque a toda la humanidad en pleno siglo veintiuno. Pero, desgraciada y sorprendentemente, muchos indeseables ataviados con la bandera del partidismo más miserable y rastrero han visto en este momento crítico la oportunidad propicia para tomar ventaja en pos de unos intereses espurios que nada tienen que ver con el bien común de toda la ciudadanía.

En su empeño principal no atienden a razones y mucho menos escatiman los medios para conseguirlo. En cuestión de manipulación ya está todo inventado, pero lo más preocupante es que se recuperen como válidas tácticas que ya pusieron en marcha no hace mucho tiempo los genocidas nazis para conseguir sus fines. La desinformación y la teoría de la confusión para que cuanto peor vaya todo, mejor para ellos, denota que el virus de los miserables es tan dañino o más que el miserable virus que acaba con vidas humanas a decenas de miles en todo el planeta.

¿Qué nos queda aún por ver de algunos políticos?

¿Qué quieren conseguir? ¿llegar al poder cueste lo que cueste y por los métodos que sean? ¿no se dan cuenta que sentarse en los mullidos sillones del poder aprovechando esta crisis no les exime del contagio o incluso de la muerte por este virus? ¿tan miserables son?

Este país, cainita como pocos como lo demuestra su historia más reciente, debe sentarse con urgencia en el diván de pensar, porque si en una situación excepcional como esta, de crisis sanitaria y consecuentemente también económica, no se ponen de acuerdo los principales representantes de los ciudadanos, ¿qué nos queda aún por ver?

Y todo esto en medio de la ejemplaridad que la inmensa mayoría de la ciudadanía ha mostrado al cumplir con entereza y resignación un duro confinamiento domiciliario para evitar extender el virus y colapsar las urgencias hospitalarias. Y sobre todo en medio de la profesionalidad evidenciada a diario por un sector, el sanitario, que ha puesto la cota más alta posible, aquella de hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por el bien común, haciéndolo en unas condiciones indeseables, con absoluta falta de medios y en unos hospitales públicos colapsados tras los reiterados recortes puestos en marcha por políticas neoliberales de dudosa humanidad, que nuevamente ahora queda completamente al desnudo. El diván no engaña y nos desnuda a todos, incluso al rey.

Apúntate a nuestra newsletter

2 Comentarios

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre