La campaña electoral está en su recta final y el inicio de esta semana ha sido un punto de inflexión con la celebración de los dos debates televisivos. En ambos escenarios se ha comprobado que la derecha no tiene ningún tipo de solución a los problemas reales de los españoles y que su pretensión máxima es alcanzar el poder abrazados a la bandera. Por otro lado, la izquierda se ha mostrado más conectada con las necesidades diarias de los ciudadanos y las ciudadanas y han presentado propuestas sociales constructivas. Entre los dos líderes ha sobresalido Pablo Iglesias, quien, sorprendentemente, ha mantenido un perfil sosegado que le permitió presentar ante la audiencia un programa verdaderamente reformista que muestra la realidad de este país. Su «minuto de oro» en le debate de Atresmedia fue un compendio de verdad, ética y conocimiento, muy despegado del barro manipulador y propagandístico de los dos líderes conservadores.

Iglesias ha mostrado una actitud de mano tendida a Sánchez a la hora de llegar a acuerdos y, después de lo visto y oído, los españoles y españolas sólo pueden aspirar a un futuro digno si es la izquierda quien termina gobernando, del modo que sea y con quien sea. Esta predisposición del líder de Unidas Podemos abre las puertas a la esperanza para los millones de españoles que aún siguen siendo víctimas de la crisis que tuvo su origen en las políticas económicas del Partido Popular de Aznar.

Tanto en materia fiscal, como en servicios sociales, en medidas económicas, pensiones, en políticas de empleo e, incluso, en el problema territorial Iglesias se evadió entrar en la ponzoña que los líderes de la derecha habían llevado el debate con mentira, falsedades y manipulaciones. Se dedicó a presentar propuestas de amplio calado para los ciudadanos y ciudadanas y que, por supuesto, no gustaron a Casado y Rivera porque haría pagar a quienes más tienen, es decir, lo contrario que pretenden PP y Ciudadanos con su manipulada reforma fiscal.

Pedro Sánchez, por su parte, pasó de defenderse a atacar a la derecha en ambos debates. Como presidente debía mantener un tono más institucional pero, a diferencia de sus rivales, hizo grandes anuncios que, por desgracia, quedaron ocultos tras el ruido impertinente de la voz de Rivera o por las mentiras de Casado. El mejor ejemplo de ello lo tenemos en el momento en que Sánchez anunció que hará una reforma constitucional para blindar la revalorización de las pensiones, una de las reivindicaciones de los jubilados que quedó oscurecida por las añagazas del líder del PP y por el moscardoneo del de Ciudadanos.

El candidato del PSOE dejó claro de una vez por todas que no iba a pactar con Ciudadanos, despejando las dudas, sobre todo tras la reunión mantenida en febrero por su jefe de gabinete, Iván Redondo, con los representantes de las empresas del IBEX35 y que parecía indicar que se estaba ya gestando un acuerdo con quienes son el sostén del partido de Rivera.  Este encuentro fue desvelado por Diario16 y no fue desmentido por Moncloa.

Que Sánchez no quiera ir con Rivera es una buena noticia para todas y todos españoles porque asegura que, de poder formar gobierno, se asegura que las políticas sociales, de igualdad real, de gobernar para los ciudadanos y no para las élites será algo posible.

La derecha: cautiva y desarmada por sus mentiras y por Vox

Tanto Casado como Rivera hicieron propuestas que, además de estar manipulados, tendrán consecuencias terribles para la gente que se levanta a las 6 de la mañana para levantar el país…, sin envolverse en ninguna bandera.

La reducción impositiva que ambos líderes propusieron endulza muchos oídos. El mantra neoliberal de «el dinero en el bolsillo de los ciudadanos» no encierra otra cosa que la destrucción del Estado del Bienestar porque, ¿con qué se financiarían los servicios públicos si no hay recaudación? Esta es la gran mentira de la derecha de este país, prometer con grandes sentencias pero sin explicar las consecuencias finales de esas medidas. Casado fue más allá al afirmar que reducir impuestos generará 2 millones de empleos y supondrá un ahorro a los españoles de 700 euros anuales. Lo que el líder del PP no dijo es que esa cantidad no es más que la media, es decir, que al trabajador le supondría apenas 150 euros. Esto viene de la otra gran mentira de la derecha en referencia a la reducción impositiva: en su programa no se hace una delimitación en base a ingresos, sino que la bajada sería igual para Florentino Pérez o Ana Patricia Botín que para cualquiera de los trabajadores y trabajadoras de este país, por lo que, mientras éstos se ahorrarían unos pocos euros, las élites y las grandes fortunas dejarían de pagar millones. La misma manipulación utilizaron ambos líderes respecto al tan manido impuesto de sucesiones. Rivera llegó a utilizar un concepto de la extrema derecha americana al denominarlo «el impuesto de la muerte» («death tax») para justificar su supresión. Lo que ocultaron los conservadores fue que ese impuesto sólo se aplica a las herencias de más de 1 millón de euros, es decir, a los ricos, al 5% de la población para quien se dirigen sus políticas.

Tanto PP como Ciudadanos están cautivos de Vox porque ambos saben que si quieren alcanzar la Moncloa tendrán que pactar con los ultras. Cuando Rivera habla de formar un gobierno de «partidos constitucionalistas», además de excluir a aquellos que no sean ultranacionalistas españoles, está incluyendo de manera subliminar a Vox, el partido que quiere reventar la Constitución.

Las mujeres en peligro si gobierna la derecha de Colón

Tanto Pablo Iglesias como Pedro Sánchez hicieron una apuesta clara por la igualdad y por la lucha contra la violencia machista en todos sus aspectos y el presidente del Gobierno mostró a todos los españoles lo que ocurrirá en España si llegaran a gobernar los tres partidos de la Plaza de Colón: creación de listas negras de los trabajadores públicos encargados de la protección de las mujeres, tal y como están haciendo en Andalucía a través de una consejería gestionada por Ciudadanos.

Propuestas frente a «moscas cojoneras»

Mientras Sánchez e Iglesias hacían anuncios de calado, Rivera y Casado lograron que quedaran oscurecidas por la mala educación del líder naranja y por la falta de verdades del presidente del PP. Cada vez que uno de los candidatos progresistas iniciaba una batería de medidas que aplicarán y que mostraban a los españoles y españolas que otra forma de hacer política es posible, aparecía el moscardoneo de la voz de Rivera o las cifras manipuladas de Casado. Para la derecha es importante que los ciudadanos y ciudadanas no conozcan, que se mantengan ignorantes para, de este modo, manipularlos con sus añagazas y sus métodos de propaganda. Esa es la vieja táctica que ya se utilizó en la década de los 30 con el crecimiento de los movimientos conservadores y fascistas en Europa.

Cataluña no es el problema

Paro, pensiones, precariedad laboral, violencia machista, pobreza, corrupción, cloacas del Estado, regeneración democrática, son algunos de los principales problemas de España. Los líderes de la derecha intentaban llevarlo todo a Cataluña o a los falsos pactos de Sánchez con los independentistas. La llamada al diálogo de Iglesias o del presidente del Gobierno chocaba con las ganas de medidas represivas contra el pueblo catalán y contra sus instituciones.

Sin embargo, por más que los conservadores pretendan meter miedo con el problema catalán, la realidad es que en estas elecciones se juegan cosas mucho más importantes para la vida de los españoles y españolas, cuestiones en las que la vida digna está en juego. Una bandera no da de comer. Por eso Iglesias afirmó con rotundidad que el verdadero patriotismo estaba en quienes no robaban o se aprovechaban de la política para ser contratados por las multinacionales.

Los debates

En definitiva, los dos debates han servido para mostrar la verdadera cara de Rivera, que se comportó como el niño impertinente que en los viajes no deja de repetir «cuánto falta» y que Casado oculta más de lo que muestra, tal y como ya hizo su partido en el año 2011.

Respecto a los formatos, el de la televisión pública dio más pie a que los candidatos hicieran sus propuestas y no se enzarzaran en discusiones que sin sentido. Ahí tuvo mucho que ver la excelente moderación de Xabier Fortes. El de Atresmedia fue mucho más dinámico, pero dejó demasiado pie a que se entrara en el barro al que lo llevaron Casado y Rivera, además de un excesivo afán de protagonismo de Ana Pastor.

Ya sólo queda ir a votar el domingo y hacerlo en conciencia porque la democracia está en peligro.

1 Comentario

  1. Podemitas, sois unos ilusos. Los poderes fácticos no van a permitir que algo de lo que les funciona cambie. Si Carmena, Errejón, Pacma, actúa etc no son suficientes otras formas usarán para que no disminuyáis sus privilegios. No he profundizado en las noticias de la anulación de las cuentas de UP en Whatsapp, de la edición de papeletas falsas, de las dificultades del voto desde fuera del país, de la evaporación de las intenciones de voto a pie de urna de votos, de…

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