Los Estados, tanto de EEUU como de los países de la UE, tienen bajo sospecha el mercado del arte como posible utilización para blanqueo de dinero.

Según confirma la revista Fortes, el mercado del arte mueve en el mundo un volumen de 67.000 millones de dólares (60.500 millones de euros) y se sabe desde hace no demasiado tiempo que sirve, además, para blanquear dinero de procedencia cuanto menos sospechosa.

Se trata de un mercado no regulado en el que muchas operaciones se hacen a plena luz, pero otras no, y presuntamente es lo que cierta delincuencia valora para legalizar dinero procedente de actividades ilícitas o que sencillamente han eludido a las autoridades fiscales.

cuando alguien vende obras de arte en una subasta —incluso una que vale 100 millones de dólares, mucho más que una casa— por lo general no se revela la identidad del vendedor.

Los papeles de la compra quizá digan que la obra proviene de “una colección europea”. Pero el comprador no suele tener ni idea de con quién está tratando en realidad. Algunas veces, de manera sorprendente, ni siquiera la casa de subastas conoce la identidad del vendedor.

Casos detectados

El debate sobre el anonimato en el mundo del arte se ha intensificado en el último año, alimentado en parte por la publicación de los Panama Papers, que detallan el uso de fachadas corporativas para ocultar quién es el propietario, para evadir impuestos y permitir la delincuencia, dicen sus autores.

Numerosos casos detectados en Estados Unidos y Europa han movilizado a los gobiernos para luchar contra esta actividad con un marco legal que hace hincapié en el control y la supervisión. Según Naciones Unidas, el mercado clandestino de arte, que abarca robos, falsificaciones, importaciones ilegales y saqueos organizados, puede generar unos 6.000 millones de dólares anuales (5.400 millones de euros) y la parte atribuida al lavado de dinero y otros delitos financieros estaría en el rango de los 3.000 millones de dólares (2.700 millones de euros).

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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