Antonio Flores, enólogo de González Byass.

Lo de Antonio Flores por el vino de Jerez es pasión y devoción. Él asegura que por sus venas no corre sangre, sino Tío Pepe, no en vano nació allí mismo, sobre la bodega en la que tomó cuerpo originalmente este vino, dentro de las enormes instalaciones de González Byass. Su padre era el enólogo de la casa, puesto que él heredó y en el que, siguiendo la tradición familiar, se viene formando ahora su hija Silvia.

Antonio ha sido elegido en varias ocasiones Mejor Enólogo de Vinos Generosos del Mundo, y ayer se llevó un nuevo reconocimiento: su Tío Pepe Cuatro Palmas, el amontillado de González Byass, se alzaba como Mejor Vino del Mundo al lograr el ‘Champions of Champions Trophy’ en el International Wine Challenge de Londres.

Considerada como la gran cita del vino a nivel internacional, este concurso reúne las mejores referencias de todo el planeta, y en su 36ª edición parece que el jurado ha querido poner en valor la calidad y singularidad de esta maravilla enológica de Jerez.

Los finos palma son los denominados “Edades de Tío Pepe”. Cada año desde hace ya algún tiempo, Antonio recorre la bodega venencia y tiza en mano para seleccionar y clasificar aquellas botas en las que la flor del vino –“Florita” la llama él- ha otorgado al fino un carácter especial. Y así las va marcando, según el carácter de su contenido, con una, dos, tres o cuatro palmas.

“El sublime Cuatro Palmas pone de relevancia la capacidad de la variedad palomino fino para envejecer con elegancia y nobleza, nada menos que 53 años”

¿Pero qué son exactamente esas palmas del fino? El antecesor del actual presidente de la bodega, Manuel María González-Gordon, escribió a finales del siglo XIX un tratado aún hoy de gran interés y vigencia, Jerez-Xerez-Sherry, en el que se explica que tal denominación se aplica a aquellos vinos finos de Jerez “que se distinguen notablemente por su limpieza, finura y delicadeza en el aroma, y el número de palmas es proporcional a su grado de vejez”. Así pues estos vinos son el resultado de una exhaustiva labor de selección y clasificación por tiempo de vejez y finura de los mejores vinos, labor que se viene llevando a cabo desde el año 1880, y en los que juega un papel determinante la ya citada “Florita”. Y ya que hablamos de ella, el invierno templado y el verano fresco de 2018 han determinado y favorecido la conservación de ese velo de flor del vino, algo que se siente en la botella.

En concreto, el sublime Cuatro Palmas pone de relevancia la capacidad de la variedad palomino fino para envejecer con elegancia y nobleza, nada menos que 53 años. Complejo, intenso, evocador. Un Amontillado Viejísimo convertido en lo que a Antonio Flores le gusta definir como vino de pañuelo –unas gotas en él, y al bolsillo-, un auténtico perfume del Jerez que este año, más que nunca, ha conseguido fascinar al mundo. Y esto no para. Es lo que Antonio defiende y promueve como #sherryrevolution.

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