Pascual Maragall y Diana Garrigosa.

Hoy todo son textos y palabras de alabanza, de la opinión pública y publicada, hacia la esposa de Pascual Maragall, fallecída ayer de forma repentina a los 76 años de edad. Lo cierto es que Diana Garrigosa dedicó su vida a su familia, con absoluta defensa de su vida privada, y apoyando de forma incondicional, como demostró cuando llegó el Alzheimer, a su marido en las duras y las maduras.

Este país tiende a convertir de villanos a héroes con suma facilidad. En el camino, mientras, se destroza al protagonista. Y eso fue lo que ocurrió con Maragall. Ya nadie se acordará, porque como el Alzheimer, la injusticia social, política y mediática tiende también a dejar muchas cosas en el olvido, del viacrucis de este matrimonio en la caída de Maragall antes de diagnosticarle Alzheimer. Pero los errores del pasado son bueno recordarlos. Más que nada por si evitamos que vuelvan a repetirse.

Las muestras de condolencia de políticos, personajes de la vida pública y de los medios de comunicación en pleno hacen justicia hoy por fin con el matrimonio Maragall. Su activa militancia en el PSC, cuando serlo tenía duras consecuencias, sus esfuerzos para que Maragall consiguiera los Juegos Olímpicos para Barcelona, que se convirtiera sin descanso en el mejor alcalde que nunca tuvo Barcelona, tiene mucho que ver con Diana Garrigosa.

Atrás queda, para el olvido, los momentos más duros de la vida política de Maragall cuando, aunque aún no era de dominio público, el Alzheimer comenzaba a hacer de las suyas.

Cómo, todavía president de la Generalitat, le hicieron disculparse por anunciar en el Parlament lo que era un secreto a voces, las comisiones del 3% de CIU. Por cierto, el president se quedó corto en el porcentaje.

Sus desavenencias con el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, su aislamiento político y cierto coqueteo con el independentismo. No le dio tiempo a más a Maragall, hasta que él mismo con una serenidad asombrosa y una aparente lucidez anunciaba que había sido diagnosticado de Alzheimer.

Quien quiera recordar lo que ocurrió puede hacerlo a través del libro publicado por su director de comunicación, Jordi Mercader, publicado por La Magrana (RBA Editores).

El autor presenció al lado de Maragall el largo cerco de animadversión que Zapatero le tendió después de pactar con Artur Mas el nuevo Estatuto de Cataluña en la célebre velada secreta de La Moncloa, en enero de 2006.

Su relato de las presiones al entonces presidente de la Generalitat para que renunciase a la reelección y dejase paso a José Montilla está lleno de episodios de dolor, traición y servilismo.

Acabar con Maragall

El PSOE, el PSC y, por supuesto, sus rivales y opositores en CIU vieron el momento oportuno para acabar con Maragall. Y entonces, en el peor momento, llegó el mazazo personal.

Y Diana, su esposa, decidió, junto a Pascual, no rendirse, ser la memoria de su marido y avanzar a su lado, sin desfallecer, minuto a minuto de la dura vida junto a un enfermo de Alzheimer

Y así para la opinión pública comenzaba el 20 de octubre de 2007 la lucha contra el Alzheimer más valiente que se haya visto en España. Y en la que también colaboran los tres hijos de la pareja.

En marcha la fundación

El matrimonio Maragall pone en marcha la Fundación Pascual Maragall, para investigar contra esta demencia, ambos protagonizan el documental espectacular en forma y fondo de: “Bicicelta, cuchara, manzana”. Un trabajo magnífico que ha servido a miles de familias y cuidadores de enfermos de Alzheimer , convirtiéndose para muchos casi en un libro de cabecera.

Diana Garrigosa y sus hijos siempre estuvieron convencidos de que “solamente a través de la ciencia y la innovación seremos capaces de vencer al Alzheimer”. A ello dedicó la esposa de Maragall los últimos 13 años de su vida.

Maragall, hasta hace bien poco, no ha faltado a los actos públicos, ha estado en encuentros institucionales y sociales de la vida catalana, especialmente la de Barcelona, y fue así porque Diana, su mujer, no quiso esconderle, sino demostrar al mundo que la lucha contra esta enfermedad es sólo cosa de valientes.

Pero ellos, como miles y miles de afectados, eran una familia más en esta lucha. Y, como también ocurre, ha caído antes el cuidador que el enfermo. Algo que desde las Asociaciones de Alzheimer, desde el CRE Alzheimer del Imserso y desde la propia Fundación Pascual Maravilla conocen de sobra: Hay que cuidar al cuidador, porque la enfermedad es devastadora para él. Así ha sido también en el caso de Diana Garrigosa.

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