Como cada 8 de marzo las calles se inundan de manifestaciones y reclamos para demandar derechos para las mujeres. Se escriben manifiestos con el objetivo de demostrar la discriminación que siguen sufriendo las mujeres en todo el mundo y exigir medidas. Son muchas las activistas y profesionales que llevan años trabajando en este campo.

Entrevisto a M. Laure Rodríguez Quiroga, uno de los referentes internacionales en la defensa de los derechos de las mujeres. Es investigadora dentro del Departamento de Igualdad y Estudios de las Mujeres en la EuroMed University_EMUI y consultora en temas de género para diferentes gobiernos. Es escritora y autora de diferentes textos sobre el tema. Como Trabajadora Social ha intervenido en situaciones de trata de mujeres con fines de explotación sexual, con mujeres víctimas de violencia de género, mujeres torturadas, ocupación cuerpo-territorio y discriminación de género…

¿Qué es el feminismo y qué significa hoy en día ser feminista?

El feminismo, para mí, es una forma de vida, es una forma de estar en el mundo y de relacionarse. El feminismo es poner en práctica la idea de que las mujeres y la naturaleza no están en subordinación de los hombres. Es enfrentarse a un modelo de feminidad deforme y dañino para nuestra salud física, emocional y psicológica. Ser feminista hoy en día supone ser subversiva al sistema.

¿Desde cuándo te consideras feminista?

Podría decir que soy feminista desde que tengo uso de conciencia. A veces tomas caminos sin saber qué nombre tienen, piensas en situaciones que no te encajan y que no aceptas. Desde la niñez fui viviendo experiencias de discriminación y opresión por el mero hecho de ser mujer, por ejemplo en el tipo de juguetes que me imponían, en los estudios que deseaba realizar y no eran propio para chicas, en la falta de libertad de movimiento, en tener que cuidarme constantemente para no ser violada… Cuando tienes 9 años y un señor te mete a la fuerza en un portal e intenta introducirte los dedos en la vagina entiendes que esa no es la vida que deseas o esperas vivir. Asumes que para sobrevivir tienes que protegerte.

La violación y la ley de libertad sexual están dando de qué hablar…

A estas alturas no debemos obviar que nos construimos desde los parámetros de la cultura de la violación, es decir, la normalización de la idea de que el deseo de los hombres está por encima de las mujeres. Esta cultura se sostiene porque hay un paraguas protector que le da validez. Nuestras sociedades lo permiten y lo toleran. Ahí tenemos ejemplos como el de Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, destacado por sus obras centradas en el amor. En su autobiografía reconoce haber violado a una mujer. ¿Qué ha ocurrido? NADA. La violación queda reducida a una anécdota y sus textos, sobre amor, siguen siendo un referente. El acoso y el abuso queda reflejado como una idea romántica de amor. Incluso, hay quienes llegan a afirmar que si los hombres aceptasen el ‘no’ de una mujer, «muchos no hubiéramos venido al mundo». Nuestra cultura educa a las mujeres a protegerse para no ser violadas y no a que los hombres no violen.

Cada vez es más patente la tensión dentro del feminismo y las dificultades para aceptar algunas perspectivas feministas  ¿Qué valoración haces de esta situación?

Las mujeres hemos sido adoctrinadas para convertirnos en las guardianas del patriarcado y aun con nuestras revisiones caemos en la reproducción del machismo. Considerar a otras mujeres como enemigas y no como aliadas es una forma mas de machismo. La manera en cómo se gestionan los conflictos, la violencia, el acoso, el menosprecio o incluso invisibilizar conscientemente la trayectoria y aportaciones de otras mujeres es la reproducción de la violencia propia del modelo de masculinidad patriarcal. Como diría mi compañera feminista comunitaria territorial Lorena Cabnal: «hay que interpelar al amor entre feministas».

No aceptar la diferencia es una forma de querer imponer un modelo heterogéneo y hegemónico propio de otros siglos. La aceptación de la diversidad es un imperativo ético y/o moral, porque somos sociedades diversas. Nos falta aun realizar un trabajo de recuperación de memoria histórica. Nos falta conciencia democrática. A fin de cuentas acabamos de salir de un monolitismo identitario impuesto por la fuerza.

En esta línea, ¿crees que el feminismo occidental llegará a tomar en cuenta las aportaciones por ejemplo del feminismo islámico o árabe?  

Existe una confusión de términos… El feminismo occidental es el que se desarrolla en Occidente, es decir, es el relativo a un espacio geográfico, el occidental. El feminismo islámico está presente en más de 200 países, también en los distintos países de Occidente. Una feminista islámica puede ser negra, amazig, romaní, blanca, china, árabe… Una feminista árabe puede ser atea, agnóstica, cristiana, judía o musulmana, por poner algunos ejemplos.

Otra cosa es que hablemos del feminismo occidentalocéntrico, ese que considera que Occidente es el centro, no solo como espacio geográfico sino también como cultura, dígase de paso hegemónica de corte (cis)heteropatriarcal, cristiana/atea, racista, clasista y capitalista.

¿Se podría afirmar que la revolución feminista ha triunfado?

El triunfo implicaría que la sujeción, dominación y discriminación de las mujeres ha acabado, y no es así. Es cierto que ha habido avances, pero también está habiendo retrocesos. Los feminicidios siguen existiendo, se siguen recortando presupuestos públicos para acabar con el terrorismo machista, las ideologías de extrema-derecha y su misoginia están en auge… El machismo de los hombres mata más que el coronavirus, sin embargo no se toman las medidas necesarias para derrotar a pandemia que acaba con la vida de millones de mujeres en todo el mundo.

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