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El lobby gay del PSOE enfada al partido en un fin de semana

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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El lobby gay instalado en el PSOE se ha cubierto de gloria (por no decir de mierda) en un solo fin de semana. Han enfadado a las feministas del partido, a las mujeres, a los hombres y a cualquier militante de años con cierta dignidad. Calificar como ha hecho el secretario federal de LGTBi de “traspiés” la negativa a la ley transgenerista de Podemos y gozar que se hayan cargado (en el gobierno y en el partido) a Carmen Calvo sólo puede ser por alguna carencia, soberbia y/o desconocimiento de lo que es el PSOE.

Víctor Gutiérrez debería, no disculparse farisaicamente, sino dimitir e irse a su casa, no hoy, ayer. No sólo es un defensor de los compra-bebés o vientres de alquiler (algo que no comparte casi nadie en el PSOE), sino que acepta que cualquier pedófilo o violador pueda entrar en los baños femeninos; que cualquier violador u otro tipo de criminal pueda estar en una cárcel de mujeres; que cualquier padre o madre que lleve a un hijo o hija al psicólogo para ver si su retoño sufre disforia o no pueda perder la custodia; que las lesbianas se tengan que comer pollas femeninas si no quieren ser acusadas de transfobas; y así hasta completar una lista tan grande barbaridades que no caben en este artículo.

Ante esto, pues ya existe una ley que permite el cambio de sexo, las mujeres del PSOE se han levantado porque supone un borrado de las mismas (¿han visto las generales estadounidenses?, ¿esas que hasta hace dos días eran hombres y ahora son mujeres con pene?); supone eliminarlas de las competiciones deportivas (algunas federaciones ya están prohibiendo competir); supone imponerlas una visión generista y por tanto patriarcal, a ellas que llevan años luchando contra el género (que no el sexo). Por no hablar de que las lesbianas son las que peor parte llevan en todo. Esto es algo que la mayoría del PSOE, como han dejado claros los distintos congresos federales, rechaza. Pues va el tipo este, que viene de Ciudadanos (ya se entiende la merma), y se cisca en las mujeres del PSOE.

Por si ni fuera poco Fernando Grande-Marlaska, que no es militante y no se entiende qué tiene que decir respecto al PSOE, sitúa a la mitad de la población y a más de la mitad de la militancia del PSOE como un colectivo más. Se puede ser juez y ser un ignorante total, aunque no lo parezca. Pero el lobby gay, que no llega ni a ser un 10% de la población, es muy potente y soberbio. Así han salido a defender a Gutiérrez el secretario LGTBi del PSOE de Madrid, Santiago Rivero, y el jefe de gabinete de Adriana Lastra, Javier Aunión. Dos que tampoco se han leído el programa del PSOE pero que saben que los jefes les apoyan. Sí, Lastra apoya al lobby gay (¿le han visto algún mensaje de apoyo a las mujeres del PSOE? No) y lo hace Pedro Sánchez.

Y es un lobby que tiene sus ramificaciones en la clase dominante e intenta imponer la agenda globalista (como si no hubieran colado más cosas desde la jefatura) a todo el PSOE. Empezó con José Luis Rodríguez Zapatero y ha seguido con el actual inquilino de la Moncloa. Algo paradójico porque sin el apoyo del lobby gay el PSOE no perdería mucho voto (buena parte del voto es de derechas), pero se perderían puertas giratorias. La tradición en el PSOE es que cada cual se encame con quien le apetezca de forma consentida. La dignidad de la persona, se autocalifique de lo que sea, es lo que se defiende.

Sin necesidad de montar una corriente de Opinión tienen más influencia que la militancia del PSOE. No como los Cristianos Socialistas, mucho más influyente. Y ahora van a por las feministas del PSOE, el último muro para poder explotar a las mujeres hasta saciarse de bebés (comprados, claro) y lograr el cambio del registro sexual por el simple deseo (lo que es una afrenta a los verdaderos transexuales). Quieren disolver el feminismo y destruirlo desde la base porque es de los pocos frentes de lucha que quedan contra el globalismo neoliberal y capitalista. Una vez que la clase social ya no es referencia de nada (ahí tienen al presidente y ministros hablando de desfavorecidos, pobreza infantil –como si los padres fueran ricos-, etc.), el feminismo es el último frente a derribar. Las mujeres del PSOE, como han demostrado, sin embargo no se van a callar.

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