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El lenguaje de TODAS

Infantiles

Francisco Silvera
Francisco Silverahttp://www.quenosenada.blogspot.com.es
Escritor y profesor, licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid. He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor funcionario de Enseñanza Secundaria, de Filosofía, hasta donde lo permitan los gobiernos actuales.
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análisis

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Tengo tres hijos… bueno, dos hijos y una hija. Recuerdo, hace ya unos años, que yo decía: “Me llevo a los niños a tal sitio” y ella, con cara de pena, en cierta ocasión preguntó si las niñas no iban… a partir de aquello, asumió eso de que el masculino engloba a todos los géneros y comenzó a usar la incertidumbre, aguardando siempre lo que ansiaba…

Mi hija ahora estudia una carrera universitaria potente y tuvo magníficas notas y premios en Bachillerato, junto a otras cuatro amigas (no sé si había un tío) en una hornada que es recordada en su instituto como de las mejores. De vez en cuando me llama “machirulo” y me reconviene, mide 1’90 y, más allá de criterios estético-estupidizantes, es llamativa: por la calle le dicen cosas “bonitas”… ¡que no quiere oír!, y, lo peor, sabe que ésos que estudian menos que ella y que han tenido un expediente menos brillante algún día tendrán las oportunidades y dirigirán casi todo, así funciona, sólo por ser (o actuar) como un varón.

No he sido partidario del “Os-As”, me crea angustia lingüística eso de aclarar para no discriminar, primero por falta de hábito y segundo, y más poderoso, por aquello de Ockham y su navaja: “Los entes no han de multiplicarse más allá de la necesidad”. Pero menos partidario soy de las justificaciones a posteriori que pretenden mostrar la inocencia de la Lengua en este ejercicio evidente de sometimiento. Esto es como la ropa o el maquillaje o el complejo de culpa por la organización y el orden o el cuidado de la familia… rosa-menstruación-luna-plata y celeste-fuerza-sol-oro, efectivamente es un coñazo decir “Me llevo a los niños y a la niña” pero si lo hubiéramos hecho desde siempre: habríamos restado una de las teselas más pesadas que componen la tumba mosaica de la mujer.

La RAE no cobra ni por ser educada ni por estabular al idioma español, aunque algunas de sus integrantes parezcan de pesebre y otros pongan en práctica la poca que recibieron urbanidad… Lo digo por esa desafortunada justificación ideológica, en el caso de la firma de un convenio para “todos” en el que las mujeres han estado sin cobrar por la interpretación literal de la expresión, esgrimiendo un “Telodije” muy pobre intelectualmente; en la RAE hay quienes han querido ganar la partida gramatical “ad hoc” sin importarles que su comentario justificase una canallada, unas maneras que pertenecen a ese género poco exitoso ya del “Quesejodan”, ése es el nivel que gastan nuestras sillas y sillones, no lo digo yo sino la sorna de Francisco Rico en El País (Babelia del 6 de junio).

Hay alternativas. Primero la rebelión contra el conservadurismo ramplón, claro que algunas expresiones feminizadas nos dan vergüenza, son nuevas y corren el riesgo de todo lo no probado; es la misma sensación de ridículo que los esclavistas tenían respecto de los negros, ¡pensar que pudieran sentarse en las mismas sillas o beber en los mismos vasos! Pero así funciona la reacción refractaria habitual, es preferible mantener el daño causado y no tocar las estructuras, prefiere su seguridad simplona al error empós de la Justicia. Visto desde fuera es egoísmo inmaduro, poco más.

Segundo: debemos normalizar, aunque nos suene raro, el uso del femenino como genérico en función de las mayorías… yo, Paco, debo decir “nosotras” cuando en un grupo somos más mujeres que hombres, la prevención sólo descubre la vergüenza de ser “niña” que desde que nacen transmitimos a nuestros hijos e hijas, y no hay que explicar más porqués sino hacerlo así hasta que sea normal. Y, añado, y espero que lo hayan notado en mis artículos, cuando cito a personas no lo hago siempre en masculino, pongo como ejemplo a mujeres y sus oficios y califico repartiendo badana para todos… y para todas.

Este machismo latente del lenguaje, más allá de toda justificación, nos está matando, y esto sí es literal.

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