Tengo tres hijos… bueno, dos hijos y una hija. Recuerdo, hace ya unos años, que yo decía: “Me llevo a los niños a tal sitio” y ella, con cara de pena, en cierta ocasión preguntó si las niñas no iban… a partir de aquello, asumió eso de que el masculino engloba a todos los géneros y comenzó a usar la incertidumbre, aguardando siempre lo que ansiaba…

Mi hija ahora estudia una carrera universitaria potente y tuvo magníficas notas y premios en Bachillerato, junto a otras cuatro amigas (no sé si había un tío) en una hornada que es recordada en su instituto como de las mejores. De vez en cuando me llama “machirulo” y me reconviene, mide 1’90 y, más allá de criterios estético-estupidizantes, es llamativa: por la calle le dicen cosas “bonitas”… ¡que no quiere oír!, y, lo peor, sabe que ésos que estudian menos que ella y que han tenido un expediente menos brillante algún día tendrán las oportunidades y dirigirán casi todo, así funciona, sólo por ser (o actuar) como un varón.

No he sido partidario del “Os-As”, me crea angustia lingüística eso de aclarar para no discriminar, primero por falta de hábito y segundo, y más poderoso, por aquello de Ockham y su navaja: “Los entes no han de multiplicarse más allá de la necesidad”. Pero menos partidario soy de las justificaciones a posteriori que pretenden mostrar la inocencia de la Lengua en este ejercicio evidente de sometimiento. Esto es como la ropa o el maquillaje o el complejo de culpa por la organización y el orden o el cuidado de la familia… rosa-menstruación-luna-plata y celeste-fuerza-sol-oro, efectivamente es un coñazo decir “Me llevo a los niños y a la niña” pero si lo hubiéramos hecho desde siempre: habríamos restado una de las teselas más pesadas que componen la tumba mosaica de la mujer.

La RAE no cobra ni por ser educada ni por estabular al idioma español, aunque algunas de sus integrantes parezcan de pesebre y otros pongan en práctica la poca que recibieron urbanidad… Lo digo por esa desafortunada justificación ideológica, en el caso de la firma de un convenio para “todos” en el que las mujeres han estado sin cobrar por la interpretación literal de la expresión, esgrimiendo un “Telodije” muy pobre intelectualmente; en la RAE hay quienes han querido ganar la partida gramatical “ad hoc” sin importarles que su comentario justificase una canallada, unas maneras que pertenecen a ese género poco exitoso ya del “Quesejodan”, ése es el nivel que gastan nuestras sillas y sillones, no lo digo yo sino la sorna de Francisco Rico en El País (Babelia del 6 de junio).

Hay alternativas. Primero la rebelión contra el conservadurismo ramplón, claro que algunas expresiones feminizadas nos dan vergüenza, son nuevas y corren el riesgo de todo lo no probado; es la misma sensación de ridículo que los esclavistas tenían respecto de los negros, ¡pensar que pudieran sentarse en las mismas sillas o beber en los mismos vasos! Pero así funciona la reacción refractaria habitual, es preferible mantener el daño causado y no tocar las estructuras, prefiere su seguridad simplona al error empós de la Justicia. Visto desde fuera es egoísmo inmaduro, poco más.

Segundo: debemos normalizar, aunque nos suene raro, el uso del femenino como genérico en función de las mayorías… yo, Paco, debo decir “nosotras” cuando en un grupo somos más mujeres que hombres, la prevención sólo descubre la vergüenza de ser “niña” que desde que nacen transmitimos a nuestros hijos e hijas, y no hay que explicar más porqués sino hacerlo así hasta que sea normal. Y, añado, y espero que lo hayan notado en mis artículos, cuando cito a personas no lo hago siempre en masculino, pongo como ejemplo a mujeres y sus oficios y califico repartiendo badana para todos… y para todas.

Este machismo latente del lenguaje, más allá de toda justificación, nos está matando, y esto sí es literal.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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