Ayer pude leer por placer por primera vez en mucho tiempo. De entre la pila de libros que tengo pendientes cogí el último libro de Curro Cañete, El poder de confiar en ti. No es el tipo de libro que suelo leer pero conozco lo que ha ido escribiendo Curro desde hace años; me había leído su anterior libro, una novela de título Una nueva felicidad, y me apetecía volver a leer a este malagueño porque, junto a Eduardo Mendicutti y Juan Cruz, me parece que es de los que mejor escribe en este país.

El libro me pareció un disparadero de ideas: fui viendo pensamientos que me remitieron a gente tan dispar como Aleister Crowley, Dora Maar o Claudio Naranjo. El foco del libro reside en tres puntos: Descubrir qué quieres realmente; Decidir confiar en ti mismo; Enfocarte de verdad en lo que deseas eliminando lo superfluo. En la forma que está escrito me recuerda a las Meditaciones de Marco Aurelio por su concisión y habilidad para poner citas, síntesis y consejos de vida. Creo que el autor celebra la amistad y un sentido muy puro del amor; vadea a veces hacia la psicología conductista -y por ahí no me seduce- aunque aplaudo la habilidad que tiene para inspirar y dar confianza desde su propia experiencia. En ese sentido me vino a la cabeza mientras leía el libro la cita de Dora Maar: «you have to fail a little, die a little, go insane a little to come out the other side”, porque esta parábola mítica del héroe es la misma que ha llevado a Curro al campo del crecimiento personal.

Y si algo valoro de este libro y del anterior, Una nueva felicidad, es la capacidad que tiene de bordear temas que otros libros similares no se atreven a tocar: el trauma y la repetición de patrones. La clave es ver que no importa lo que nos haya pasado, sino hacia dónde decidimos ir.

Me decía un amigo no hace mucho que, después de haber hecho un análisis de su vida y de su comportamiento con su familia y sus seres queridos, se había dado cuenta de que iba repitiendo patrones. Por primera vez había notado que el comportamiento a sus cincuenta años era un reflejo de lo que siempre había visto de pequeño. Estaba sorprendido. ¿Cómo puede ser que después de tantos años, tantas experiencias y vida vivida sigamos repitiendo los mismos patrones? Y lo cierto es que todo lo que vivimos en la infancia se queda grabado en nuestro subconsciente, cuando nuestra mente consciente aún se está formando.

De pequeños no tenemos filtros y vamos asimilando todo lo que vivimos de forma literal, desde lo que vemos alrededor de nuestra familia, de las personas que nos rodean, del tipo de sociedad en que vivimos, de los mensajes que nos transmiten todos los que interactúan con nosotros. Nuestro cerebro acaba de desarrollarse a los siete años, es solo entonces que ya tendremos formados nuestros patrimonios de conductas, creencias y valores, nuestra personalidad, en definitiva, que nos acompañará hasta la edad adulta.

De ahí que si tu madre te insulta, tu padre te grita y tu hermano te menosprecia -mucho peor si has sido víctima de abuso sexual- te deje una impronta y como con cualquier experiencia traumática tiendes a aceptar y normalizar esas conductas por pura supervivencia. Así, si en tu vida adulta te encuentras con alguien que te grita o te insulta o te manipula lo tenderás a normalizar y habrá personas que vayan como imanes a juntarse con su manipulador porque lo relacionarán con el núcleo familiar; y no solo eso: volverán a repetir el patrón con sus hijos.

Eso sí, para ver esto, analizarlo y trabajárselo cada uno ya habría que hacer terapia. Como decía antes: la clave es ver que no importa lo que nos haya pasado, sino hacia dónde decidimos ir.

Tan solo añadir que el libro de Curro me lo leí en un día y que lo recomiendo fervientemente como obra de divulgación y chute de energía positiva; tres conclusiones claras: confiar en uno mismo es posible, ser feliz es necesario y el jardín de la felicidad existe –y está más cerca de lo que crees.

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