En noviembre de 2007, leí una reseña sobre el libro de Brand Blanton, “Honestidad Radical” *, publicada en el Magazine de El Mundo, nº 424. En su libro, B. Blanton pone en primer plano y denuncia la tiranía de los discursos políticamente correctos así como los cálculos politicastros de los que están siempre dispuestos a ir con la mentira o las medias verdades (“fake news”) por delante y a establecer filtros entre nuestro cerebro y nuestra boca. En dicha reseña, se hacía referencia a Albert Boadella como uno de los adalides y paladines de la “honestidad radical”, honestidad que le ha causado, desde hace 35 años, muchos problemas personales y profesionales, e incluso, como él dice, “la muerte civil” en Cataluña.

Hace algún tiempo, terminé la lectura y degustación del huevo que A. Boadella puso en 2007: Adiós Cataluña. Crónicas de amor y de guerra**, complemento, ilustración y ejemplificación de la doctrina de la “honestidad radical” de Brand Blanton. En este libro salmódico (por la alternancia de capítulos sobre su “amor” y de capítulos sobre su “guerra”), Boadella narra cómo se lanzó, ligero de equipaje y armado sólo con la espada de su verbo, contra los malandrines del nacionalismo catalán, pensando siempre en su Dulcinea de Jafre, Dolors, que ha sido y sigue siendo su reposo del guerrero, su “particular oasis catalán”. En efecto, escribe Boadella, “sentía, y siento, una enorme fascinación por hacer el amor y la guerra en justa armonía. […] porque la salud me ha permitido combatir y amar sin tregua ni descanso” (p. 19).

Según esta autobiografía de un impetuoso guerrero y de un fogoso amador, Boadella consigue “joindre l’utile à l’agréable”, en una simbiosis placentera, complementaria y fecunda. Como guerrero, pero siempre espoleado y apoyado por el amor de su Dulcinea de Jafre, Boadella, sin miedo a las represalias ni a las consecuencias desagradables de sus actos, lanza su guante al nacionalismo gobernante y galopante. E inicia una larga guerra, que dura ya más de 35 años, lanzándose, lanza lingüística en ristre, contra sus particulares molinos de viento: el nacionalismo supremacista, identitario, excluyente y xenófobo. Con sus actos y no sólo con su verbo, Boadella se muestra como el arquetipo y la personificación de la “honestidad radical”, tanto en el amor como en la guerra, “tanto monta, monta tanto”, de la que habla B. Blanton.

Esta autobiografía de Boadella debería ser lectura recomendada y reconfortante para todo luchador y amador, sin tregua ni cuartel y hasta que el cuerpo aguante; y para los seguidores y practicantes de la “honestidad radical” o para aquellos que aún dudan si seguir o no el vía crucis de los “facta, non verba”. Con esta lectura del último huevo de Boadella, los lectores nos inyectaremos una dosis del virus de la honestidad radical, que nos inmunizará y protegerá contra las actitudes y comportamientos politicastros y “gallináceos”, que nos impiden levantar el vuelo como águilas reales y ser auténticos seres humanos, auténticos ciudadanos, auténticos guerreros-amantes o amantes-guerreros.

Para ilustrar esta reseña del libro de Boadella, no puedo refrenar la tentación de citar algunas perlas antológicas, expresadas en los salmos guerreros:

– “No se debe olvidar que, […], lo más bello sigue siendo la verdad” (p. 53).

– Su plan de acción, escribe, consistía en “el ataque francotirador sin otra ortodoxia que mi propia intuición para escoger el objetivo” (p. 57).

– “Las nuevas circunstancias me planteaban un dilema: o bien optaba por volver a emigrar a otro territorio o me decidía a presentar batalla en pro de la supervivencia. Mi irrefrenable belicosidad me llevó a decidirme por lo segundo” (p. 106).

– “Las cosas iban quedando definitivamente claras; no me confundirían con los de su bando (el de la tribu nacionalista) y, aunque avistaba riesgos futuros, me sentía muy campante sin tibiezas ni fingimientos” (p. 108).

– “Para conseguir que emerja una verdad más profunda hay que entremeterse y forcejear bajo la cáscara superficial como lo han hecho los grandes artistas en cualquier disciplina” (p. 164-165).

– “Nuestro plan de combate pasaba por no dejar un solo ataque sin réplica. Pero siempre con gran cuidado de mantener un nivel estético, porque en el fragor de la lucha uno puede contaminarse fácilmente con la bajeza del enemigo y acabar en su misma tesitura” (p. 178).

– “Mi maestro J. M. Arrizabalaga, […], me dijo una vez que una de las cosas más difíciles de la vida es saber escoger con precisión a los enemigos” (p. 238).
– “El eslogan daliniano ‘que se hable de mí aunque sea bien’ empezó a funcionar” (p. 242).

– “En nuestro país la cobardía personal de la gente adquiere popularmente reputación de sensatez” (p. 247).

-… …

Y también algunos perlas-salmos relativos al amor, al ayuntamiento carnal y a la cohabitación, que no tienen desperdicio:

 

– Hablando de su primera y última ruptura matrimonial, Boadella escribe: “Cuando nos separamos, lo hicimos a la antigua, o sea, sin ‘buen rollo’” (p. 39).
– En cierta época de su vida y antes de instalarse en el nirvana permanente con Dolors, Boadella confiesa que, “a pesar del apremio, nunca llegué a utilizar comodines de pago, porque en el fondo me costaba hacerme a la idea de no ser el primero en celebrar un cuerpo femenino” (p. 38).

– “Como decía un buen amigo: si quieres guerra, cásate y la tendrás en casa sin sacrificar vidas ajenas” (p. 76).

– …

¡Buena lectura y mejor digestión!

 

© Manuel I. Cabezas González

www.honrad.blogspot.com
7 de diciembre de 2019

(*) Más información sobre el libro y las tesis de B. Blanton en www.radicalhonesty.com.
(**) A. Boadella (2017), Adiós Cataluña. Crónicas de amor y de guerra, Espansa-Enseyo, Madrid.

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