Esta semana  las siete  formaciones políticas que presentaron sus vetos a la totalidad de los Presupuestos Generales (PGE) del Ejecutivo de Sánchez defenderán su postura en el pleno del Congreso. Como siempre que un Gobierno no tiene mayoría absoluta, comienza el mercadeo del “dame más o no te voto”;  el “no” por sistema,  al que ya nos tienen acostumbrados algunos se hable de lo que se hable y, los minutos de gloria para los que normalmente “salen” poco.  No obstante  el Gobierno de coalición se juega la estabilidad de la legislatura con la aprobación, o no de los PGE.

Aunque todo parece indicar que los presupuestos podrán seguir su tramitación y saldrán finalmente aprobados, estos días escuchamos, como si en rebajas de enero estuviéramos, cómo los que hace unas semanas decían sí, ahora dicen que quieren más.

Así, Ciudadanos, que parecía haberse apartado de esa lucha sin cuartel que mantenían las formaciones de la derecha española por hacerse con la hegemonía de los diestros de España, vuelve al redil  tras las críticas recibidas,  desde dentro y fuera de la formación naranja,  por haber afirmado que no presentaría enmienda  a la totalidad por responsabilidad.

Así,  la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que ya ha avanzado que no votará a favor de las enmiendas a la totalidad de, entre otros, Partido Popular y Vox, tampoco ha decidido si apoyará los PGE.

El precio del voto de Ciudadanos sube cada día un poco y,  ahora ya exige más que ayer y,  seguramente, menos que mañana. Entre otras exigencias, Arrimadas pide eliminar la enmienda que hace que el castellano no sea lengua vehicular en Catalunya; y que Sánchez se comprometa por escrito a que no habrá un referéndum secesionista en Catalunya.

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