Dicen los socialistas, ‘los de enserio’, que los muertos no se entierran, que los muertos se siembran, y ´parece ser que es así nomás, puesto que diez años después de su muerte Raúl Alfonsín comenzó a florecer por doquier.

Floreció en el seno del Radicalismo, donde luego de ser denostado por muchos, comenzó a ser reivindicado por todos, e incluso se lo utiliza para decir una cosa y la contraria, sacándolo de contexto y sin entender la trascendencia de su pensamiento. Se aferran a sus palabras como si fuera un dogma y no lo analizan de manera holística a partir de su idea fuerza de pelear por ideas y no por personas. Decía Alfonsín ‘no sigan a hombres, los hombres fallan a veces o no pueden, sigan ideas, los principios y los ideales acompañan toda la vida a un hombre de bien’.

Pero no solo entre sus correligionarios floreció Alfonsín, también lo hizo entre quienes se ubican en las antípodas de su pensamiento, al fin de cuentas como dijera Antonio Cafiero en el sepelio del líder radical, ‘el peronismo da para todo’. Y al respecto hubo dos ejemplos recientes que engrandecen más aún su impronta. No por quienes lo rescatan, por acción u omisión, sino que si Alfonsín logró generar en ellos una reflexión sobre la importancia de ciertos valores centrales de la democracia, tal como la entendemos, su trabajo fue logrado con creces.

El primero de los casos es el de Alberto Fernández, hoy candidato a Presidente por el Frente de Todos, quien en un acto público organizado por ex afiliados radicales afirmó que ‘Yo también soy resultado de Alfonsín’. Y realmente hay que darle la razón. Alberto Fernández no miente cuando realiza esa aseveración, puesto que si tras haber sido presidente del ala juvenil del Partido Nacionalista Constitucional, partido que por ejemplo se opuso al tratado de paz con Chile, defiende hoy las ideas que dice defender quiere decir que la labor de Alfonsín en la refundación democrática del país rindió sus frutos. No es menor que haya pasado de defender la autoamnistía de la dictadura militar, la no integración de la CONADEP o la oposición obstruccionista de la década del ’80 pasada, a creer en el accionar de la justicia para determinar responsabilidades en la violación de derechos humanos o la necesidad del diálogo como método de resolución de conflictos. Máxime aún si lo logró tras haber sido electo Diputado de la Ciudad en el año 2000 acompañando a Domingo Cavallo y Guillermo Béliz y otros ‘notables’, quienes tras su derrota electoral pretendieron desconocer los resultados. Aun es recordada la conferencia de prensa del entonces candidato a Jefe de Gobierno cuando afirmó ‘Son unos tramposos, prepararon la trampa desde temprano poniendo un partisano del Frepaso al frente del escrutinio’. Curioso periplo el de Fernández, aunque como cantaba Cerati, tarda en llegar y al final hay recompensa’, y Alfonsín la tuvo de su parte.

El otro ejemplo, esta vez solapado, es el del ex Ministerio de Infraestructura y Vivienda (por dos días), Senador Nacional (por seis años), Jefe de Gabinete (en dos oportunidades, convocado por Eduardo Duhalde y Cristina Fernández), Gobernador del Chaco (también en dos oportunidades) y actual Intendente de Resistencia Jorge Milton Capitanich quien en un acto público reciente en Villa Ángela, cerró su discurso afirmando “cuando nos pregunten al costado del camino… y nos preguntan, por qué luchamos o hacia dónde vamos, ustedes díganle a todos que luchamos por la unión nacional, luchamos para promover el bienestar general, luchamos para afianzar la justicia, luchamos para proveer a la defensa común, luchamos claramente para garantizar la libertad para nuestros hijos y para todos los hombres del mundo que deseen habitar este suelo argentino…’ (https://www.youtube.com/watch?v=wSzC2kmFEBA), lo cual a todas luces es una mala copia de la forma en que Raúl Alfonsín cerraba sus discursos en la campaña presidencial de 1983 (https://www.youtube.com/watch?v=IdNpjLKugj4). Pero no solo es una mala copia, o cual de por sí es criticable, sino que además Capitanich ha demostrado en los hechos haber estado muy lejos de lo que pregona, por lo que si repentinamente recapacitó y entiende que sinceramente son esas las cuestiones por las que luchó, bienvenido sea, y habrá que agradecerle a Alfonsín también por esto.

Pasaron diez años de su muerte y Alfonsín sigue floreciendo. Como aquella frase de Mao Tse-tung ‘Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra’ y que mal traducida copiaran Néstor Kirchner y Osvaldo Cáffaro al afirmar ‘Que florezcan mil flores’. Pero no florecen cien ‘alfonsines’, florecen miles, porque cada uno quiere tener un Alfonsín a su medida, y ese es su mayor triunfo, porque mientras quieren reivindicar su figura lo que en realidad reivindican es su pensamiento, que curiosamente, está en las antípodas de las prácticas de quienes lo enarbolan.

Queda claro el horizonte al que debemos dirigirnos, debemos aguantar el camino mientras tanto, pero el tiempo pasa y queda claro que más temprano que tarde los argentinos saben reconocer a sus héroes.

Doctor Alfonsín, sepa que cumplió con su deber, no solo sus nietos, todos los argentinos de bien lo honramos como ustedes honraron a los hombres que hicieron la organización nacional.

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