En su calidad de Secretaria de Igualdad del PSOE, Carmen Calvo ha abogado porque una parte de los fondos de recuperación de la Unión Europea deben ser destinados a políticas de igualdad e inclusión porque «la democracia se juega su sostenibilidad y su futuro con la prueba indefectible de si las mujeres avanzamos y equilibramos derechos en términos de políticas de género. Ese es el feminismo al que nos dirigimos, esa es la agenda que tenemos por delante y esos son los objetivos que tenemos que seguir trazando». Además, adelantó que el próximo verano se celebrará una gran convención feminista en Valencia.

El hecho de que se pretendan destinar una parte de los 140.000 millones de euros del fondo de recuperación a políticas de igualdad es una buena noticia siempre que ese dinero esté fiscalizado, controlado y orientado a iniciativas que realmente sean efectivas en la lucha por la igualdad real, contra la violencia de género y en la intergeneracionalidad del sistema y la sociedad. Utilizar ese dinero en potenciar al activismo o en financiar organismos privados sin una eficacia contrastable no tendrá más consecuencia que dar más sentido a los argumentos de los enemigos junto a las incoherencias de algunos comportamientos del asunto activismo del feminismo. Por eso debe centrarse y elegirse muy bien el lugar donde revertir ese presupuesto.

Hay muchas iniciativas y proyectos que apenas reciben financiación pública para su desarrollo y que tienen una eficacia testada o una función social que sí que generarían esa transformación social que pretendió de manera primigenia el feminismo. El compromiso con la lucha por la igualdad real, liderado desde el compromiso de la verdad y la coherencia, dando sin pedir nada a cambio que justamente no corresponda, hace que se continúe avanzando pero a un ritmo menor del que la sociedad precisa, proyectos que, a diferencia de otros que sí reciben las prebendas económicas de diferentes organismos, públicos y privados, están diseñados para poder reportar año a año para qué se han utilizado los recursos, incluso privados,  y los resultados que se han obtenido. Resultados que se sustancian en hechos y no en número de pancartas o de performance configuradas vías redes.

No se trata de poner etiquetas al feminismo, ya se encargan algunos movimientos desde el ego malo o desde intereses personales de diversidad utilizando la filosofía e ideología feminista de la igualdad de atomizar al movimiento y de defenestrar la lucha por la igualdad real con teorías absurdas, vacías de contenido y que en nada benefician la verdad de  las mujeres en su desigualdad y su victimismo social desde el machismo y el patriarcado. Sin embargo, la exposición de los objetivos que se hace desde la Secretaría de Igualdad socialista es la más cercana a lo que, en el momento actual, debería centrar la actividad del feminismo: la lucha por la igualdad real.

Uno de los máximos errores del feminismo, opinión con respeto que, por cierto, son formas de expresión y sentir feminista, es precisamente, adelantar los tiempos de actuación y suicidarse con la inclusión de términos como la transversalidad que no hacen sino dar pábulo a los y las neandertales defensores del mantenimiento del patriarcado. Las teorías absurdas, los inventos sin sentido y las interpretaciones interesadas no hacen sino debilitar a la lucha por la igualdad real en vez de potenciarla en un momento en que se había acelerado el proceso de igualación de género.

Utilizando un término futbolístico, femenino y masculino, no se puede marcar el segundo gol sin haber metido el primero. Y ese es el error que se puede estar cometiendo y que está generando un peligroso desapego, cuando no desprecio, hacia el movimiento feminista, todo ello incentivado por el neandertalismo patriarcal que, en muchos casos, es cómplice de las dictaduras del capital.

Una vez conseguida, la transversalidad vendrá sola y el resto de las reivindicaciones que ahora se hacen a la vez tendrán cabida. Acelerar los tiempos de un proceso de transformación social llevan inevitablemente al fracaso más absoluto y a la potenciación de las injusticias que se pretendían erradicar.

El feminismo es una filosofía llena de verdad y de ética, pudiera no entenderse como una ideología, pero se nutre de ella. No es más feminista una socialista que una comunista ni viceversa, pero en la Secretaría de Igualdad de Ferraz sí están dando pasos hacia la implementación de medidas que logren la igualdad real, puro feminismo. Un hecho que demuestra que también depende de las personas y de la ideología en la que realmente creen y no en la que afirman defender lo encontramos en que tanto la secretaria general de Andalucía  como muchos de barones y dirigentes socialistas de resto del Estado  han demostrado con sus comportamientos, sus acciones y decisiones que no creen en el feminismo porque, mientras mujeres de sus propios gobiernos sí participaron en actos, eventos y foros creados para dar impulso y visibilidad al feminismo de la igualdad real, ellos y ellas se mantenían al margen.  

Carmen Calvo afirmó que la agenda feminista del PSOE «lo abarca todo y tiene que dar respuesta a los problemas más importantes para las mujeres a la igualdad entre hombres y mujeres», esto es, la igualdad real, porque «nada se mueve sin la perspectiva de género, sin saber que cualquier decisión que tomamos afecta de manera igual o desigual a hombres y mujeres. Socialismo del siglo XXI […] no podemos ser socialistas sin ser feministas».

Aquí es donde sí entra la ideología, no las ideas que, desde los sectores afines, algunos infiltrados, a las dictaduras del capital se quieren imponer y que, como afirmó Calvo, «el capitalismo neoliberal sigue poniendo en riesgo muchos de los derechos de las mujeres, cuando no sigue despreciando muchas de las propuestas que hacemos de avance de los derechos humanos de las mujeres». El mejor ejemplo de ello lo hallamos en la presidenta de un banco que se autoproclama feminista pero que, en primer lugar, reconoce que lo es porque es bueno para el negocio y, en segundo término, no duda en cebarse con madres jóvenes y con reducción de jornada cada vez que decide despedir a miles de trabajadores y trabajadoras.

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