Todo el mundo opinando y jugando al agorero:

que si Alonso está acabado, que si Alonso está viejo, y Alonso habría hecho mejor no habiendo vuelto…

Tonterías. Mogollón de tonterías. Y todo porque Esteban Ocon quedó antes que él en clasificación y carrera en un Gran Premio.

Ocon es un piloto magnífico, ya lo demostró en su momento en los duelos con Pérez. Y que quede una vez, o más de una, delante de Fernando Alonso, no significa nada. ¿También Daniel Ricciardo está acabado porque quedó detrás de Lando Norris?

¿Damos por acabado a Hamilton cuando queda detrás del tuerceBottas o el finlandés le quita una pole?

Un campeonato mundial es una carrera de fondo, una lucha de fondo, y una batalla no significa nada.

A nosotros nos preocupaban, y ya lo escribimos en Las almas y la F1, los ecos que pudiera tener el absurdo atropello que sufrió el campeón español antes del comienzo de la temporada. Pero parece que no había de qué preocuparse.

En la segunda jornada de los libres en Portimao, Fernando Alonso estaba detrás de Carlos Sainz y en el quinto puesto. Ocon no estaba mucho más lejos.

Pero es evidente que Fernando Alonso no está acabado en absoluto.

Fernando Alonso, intuimos, hasta sueña con quitarle la marca a Juan Manuel Fangio de ser el piloto más mayor en conseguir un mundial de Fórmula 1.

Fernando Alonso tiene más hambre que nadie en la parrilla, excepto quizá que George Russell. Fernando Alonso no solo tiene unas cualidades físicas extraordinarias sino también un cerebro insólito en el mundo del deporte.

Es un guerrero, es inasequible al desaliento, y más allá de los resultados verlo es un regalo y un espectáculo.

Seguro que ver a los buitres carroñeros haciendo círculos sobre su cabeza le ha servido sobre todo como estímulo.

Fernando Alonso no es Sebastian Vettel, aunque pretendan intentar compararlos los cacareos de las gallinas que siempre suenan alrededor del Gran Circo.

Tigre Tigre.

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