El líder indiscutible de la extrema derecha latinoamericana, Álvaro Uribe Vélez, enfrenta por estos días la posibilidad de ser llevado a juicio por apenas uno de los casi 300 delitos a los que se le vincula en procesos que incluyen desde narcotráfico hasta desplazamiento forzado, masacres, corrupción, conformación de grupos paramilitares y homicidio.

Además de la exagerada cantidad de delitos se suma a la particular situación el que su estrategia fundamental no sea desmentir las acusaciones por vía judicial sino generar estrategias de intimidación y desprestigio contra quienes han osado llevarlo hacia el cumplimiento de la ley.

El “Monstruo del Ubérrimo”, como han optado por llamarlo en redes sociales después de que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, avalara el hallazgo de 6.402 civiles asesinados por el ejército durante su mandato, se encuentra en una amplia batalla judicial, por la cual, de ser demostrada cualquiera de las acusaciones que se le hacen, sería identificado no solo como la mente criminal más ilustre del inicio de siglo, sino además el político más sanguinario en la historia de América Latina.

El método

Uribe junto con sus abogados y seguidores han logrado demorar la aplicación de la ley por años, pero los plazos se van cumpliendo y la justica, aunque lenta, parece estar llegando.

Casi calcado de los mecanismos de defensa de Pablo Escobar, Álvaro Uribe es todo un mago de la mentira, la argucia, el torcido del lenguaje, la falacia, y el engaño.

Eso es apenas parte de lo que lo hace tan jabonoso para la ley y tan escurridizo para las autoridades, igual al capo del cartel de Medellín en los 90s.

Pero no solo se pierde la verdad, se pierden el acervo probatorio. Los casos que vinculan a Uribe están repletos de exabruptos en las pruebas en donde desaparecen, son alteradas o simplemente son contrastadas con testigos e información abiertamente falsa.

Los ataques a los denunciantes

Las anomalías en los procesos de Uribe van mucho más allá de la desaparición y alteración del material documental y testimonial, generalmente les va peor a los denunciantes quienes sufren amenazas e incluso atentados contra sus vidas, además de las amplias campañas para destruirlos socialmente.

En el caso de la alteración de las pruebas de uno de sus casos ante la fiscalía y por cuyos hechos Marcela Yepes, directora de control interno de la institución iniciara una investigación, concluyó en un atentado contra su vida, por ejemplo.

Y no importa si los denunciantes provienen de organismos internacionales, como es el caso de José Miguel Vivanco, director ejecutivo de Human Rights Watch, de la ONU o incluso cuerpos diplomáticos, periodistas o ciudadanos en redes, recibirán el mismo tratamiento.

Los testigos, Desaparecer o Desprestigiar?

Si los denunciantes enfrentan una conducta mafiosa grave, definitivamente a los que peor les va al intentar llevar a Uribe ante la justicia es a los testigos, de 16 que han sido vinculados a sus casos, 13 han sido asesinados o desaparecidos,  Trece !

Uno de los casos de asesinatos más particulares de los testigos contra los Uribe es el del testigo Carlos Areiza, en el que fueron vinculados personas de la mayor confianza de Álvaro Uribe. Como dato curioso, en el caso del asesinato del testigo Areiza, cuando Uribe se enteró de su muerte, no solo describió el momento sino que lo llamó “buen muerto”, término que utilizó el cartel de Medellín cuando asesinó al ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla.

Una suerte similar pueden haber corrido los testigos “desaparecidos”, cuya la última información que se tiene fue fueron víctimas de un atentado o recibieron amenazas de muerte. Son los casos de alias “Tazmania” y de la abogada Mercedes Arroyave de quienes al día de hoy no se sabe nada.

Quedan pocos testigos contra Uribe vivos, uno de ellos, Luis Guillermo Monsalve, ha sido víctima de todo tipo de ataques, incluso para sobornarlo y que cambie su testimonio contra el máximo líder de la derecha latinoamericana.

Monsalve, un paramilitar de vieja data, ha insistido en que Uribe era quien buscaba falsos testimonios en las cárceles para organizar montajes contra quienes obstaculizaban su camino de poder.

Atacar a la justicia desprestigiando magistrados

Las máximas autoridades judiciales de un país, sus magistrados, también son objetivo de Álvaro Uribe para darse cierto halo de intocable, de no estar al alcance de la justicia o de demostrar que corre peligro cualquier representante de la ley que ose acercársele para hacerla cumplir.

Las 3 acciones más conocidas de Uribe contra los magistrados, tres de entre muchas otras, son el espionaje, los montajes y la calumnia. El tema del espionaje por parte de Uribe hacia las autoridades judiciales pareciera ser obsesivo si no se supiera ya que es uno de los pilares fundamentales para evadir la justicia. Cabe recordar que su círculo más cercano siendo presidente está hoy preso precisamente por eso.

Si el hecho de espiar autoridades judiciales es abiertamente un acto delictivo, ni se diga el de contratar testigos falsos y personas que inventen acciones contra dichas autoridades. Esos son los “montajes”, que de lo visto han sido orquestados para evitar que el mismo Uribe y sus personas de interés, como su primo Mario, queden impunes.

Insultar y construir información falsa sobre las autoridades judiciales pareciera ser el deporte preferido de Uribe y sus seguidores. Teniendo en cuenta que los montajes son prácticamente acciones contra los representantes de la justicia, en el caso de la calumnia Uribe la ha sabido extender por toda la sociedad colombiana. Sus señalamientos injuriosos contra profesores, periodistas y opositores le han generado un sello personal.

Atacar a la justicia Eliminando las cortes

Para facilitar el control de los procesos que tiene en su contra y bajo el argumento de reducir los costos y los trámites del Estado, Uribe ha propuesto eliminar las cortes, como diría uno de sus seguidores “así sea por la fuerza y por la fuerza es por la fuerza”.

Su deseo de eliminar las cortes ha llevado a exacerbar la información falsa y la calumnia contra estas, en donde las muestra como defensoras del comunismo, extensiones de las guerrillas y como  corruptas entre muchas otras cosas.

Por supuesto los insultos, el lenguaje diario de los seguidores del uribismo, en el caso de la corte no tienen límites, la repulsión de este movimiento por las instituciones de justicia es visceral.

Es tal la obsesión de Álvaro Uribe por someter las instituciones de justicia y poder con ello evadir la ley, que ha llegado a plantear que el Estado de Opinión sea sobre puesto al Estado de Derecho, en una especie de amalgama en donde algunas personas favorecidas por la opinión pública puedan violar la ley y otras no, o como que para delitos de mandatarios la ciudadanía pudiera votar si se aplica la ley o no.

Cómo funciona el mecanismo de desprestigio que utiliza Uribe?

Lograr deslegitimar instituciones, intimidar magistrados y someter las instituciones de justicia no es algo accidental, requiere de la colaboración de actores de la sociedad que estén dispuestos a apoyar en dicha tarea.

En primer lugar vamos a encontrar que dentro de sus seguidores hay algunos que se destacan por copiar al pie de la letra sus estrategias de ataque. Generalmente están en este grupo familiares de narcotraficantes, paramilitares o de personas cercanas a clanes de la corrupción, cuyo compromiso con el movimiento y sus acciones, legales o no, es total.

Estos perfiles se constituyen y coordinan para todo el desarrollo de divulgación de calumnias e información falsa, de ello, grupos de investigación periodística han hecho amplias indagaciones que incluso los vinculan con miembros del actual gobierno colombiano.

La segunda estructura a partir de la cual se realizan las campañas de desprestigio contra la justicia son los sitios de noticias falsas e información ideológica, pareciera ser que cada líder del uribismo tuviese uno a su servicio, Oiga Noticias, La otra Cara, La Gazeta, Los Irreverentes, Panam Post, etc, Su número parece interminable.

La función que cumplen es muy simple, mezclar información cierta con falsa para con ello darle aire de verdad a sus calumnias facilitando convencer a sus seguidores de lo que a bien tengan decirles. Lo que llaman en ambientes militares “operaciones psicológicas”.

Periodistas de alquiler

Lo que en España se llamaría “las cloacas del periodismo”, en Colombia son una serie de directores de medios y columnistas que escriben y dicen lo que les pague quien tenga dinero para comprarlos.

Recientemente durante las interceptaciones a Diego Cadena, abogado de Uribe, quien actualmente está preso por sobornar testigos, aparecieron chats y conversaciones con el director de la cadena W, Julio Sánchez Cristo, en donde al parecer este asesoraba al abogado para desprestigiar un testigo y manipular a la opinión pública a favor del imputado en el delito.

El hallazgo permitió entender el por qué la emisora realizaba Hashtags contra la corte, precisamente en los mismos periodos en que Álvaro Uribe era llamado a rendir indagatoria por sus investigaciones.

Caso similar se vivió con la periodista colombo española Salud Hernández, muy cercana a los líderes paramilitares del país suramericano pero además cuyo nombre salió mencionado en las declaraciones de los agentes de inteligencia que hicieron los montajes para desprestigiar a la Corte Suprema de Justicia.

Según dichas declaraciones era Hernández quien se reunía con la cúpula del DAS (Servicio de inteligencia adscrito a la Presidencia de la República) para articular las campañas de desprestigio.

Con la periodista María Isabel Rueda sucede algo similar, su periodismo “por encargo” se hace evidente, al punto que ya es sabido que no es una fuente de información confiable para quienes se arriesguen a consultar sus escritos.

El Periodismo del poder

Los medios de comunicación en Colombia, como en buena parte del globo pertenecen a emporios económicos, dichas organizaciones son socios directos de Uribe y se benefician de cómo este distribuye los ingresos del Estado.

Pero más allá de ello, también lo han acompañado en otro tipo de actividades, como el paramilitarismo. En el caso de la organización Ardila Lulle, sus empresas, incluyendo RCN, han sido mencionadas por paramilitares en sus indagatorias, indicando que les brindaban recursos económicos para sus actividades criminales.

Razón por la cual es uno de los grupos económicos más interesados en que Uribe no sea sometido a la justicia o que el juzgamiento de los actores armados tome curso, dado que se profundizarían las investigaciones sobre ellos mismos.

Por parte de los periodistas que trabajan para estos grupos y que hacen parte del esquema del ataque a la justicia, encontramos la misma composición que en el uribismo, algunos muy cercanos a clanes mafiosos como el Clan Gnecco y otros con lazos familiares  a clanes de la corrupción.

Uribe ha sabido enriquecer a quienes lo protegen, es el caso de los banqueros Gilinsky y Sarmiento Angulo, quienes no solo han aumentado sus fortunas sino se han hecho acreedores a grandes espacios de tierra producto del desplazamiento campesino.

La función de los periodistas en este punto pareciera reducirse a tres aspectos, desestimar las pruebas, desprestigiar al testigo y legitimar acciones antijurídicas de la fiscalía en manos del mismísimo Uribe Vélez.

Lo que se da con el encubrimiento de estos periodistas hacia los delitos de Uribe no es otra cosa que un acto de complicidad y de obstrucción de la justicia.

Tal cual lo hiciera Pablo Escobar en los 90 al construir su propia cárcel y establecer él mismo quiénes lo “vigilarían”, de la misma manera hoy Uribe escoge a sus propios fiscales, la historia se repite con el heredero del Cartel de Medellín.

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