Hace un par de semanas se publicó que una compañía eléctrica planteaba una bajada del 20 % del salario bruto de sus empleados y un recorte de plantilla, vía prejubilaciones y bajas incentivadas, de un 15 %. Dicha empresa presentó, según unos resultados anunciados a bombo y platillo, unos beneficios de 2.600 millones de euros entre enero y septiembre de 2020. Hace unos días, la misma compañía ha emitido un publirreportaje donde alardea de feminismo y ecologismo, presumiendo de que las mujeres ganan un 5 % más que los hombres y señalando que sus proveedores estarán sujetos a estándares ecológicos.

En la misma línea que esta empresa, uno de los principales bancos españoles prepara un ERE de 3.000 empleados al mismo tiempo que su presidenta se declara feminista de toda la vida y se proclama líder mundial en financiación de energías renovables. Estas empresas, como muchas otras, como líderes políticos, como el neoliberalismo hegemónico y triunfante, utilizan lo que yo denomino el  “Escudo Identitario” para acallar las críticas e imponer su visión.

En definitiva, los que quieren disimular políticas profundamente neoliberales, de recorte de derechos laborales, sociales y demás,  adoptan, a la manera de Zeus y su égida con la cabeza de Medusa, el Escudo Identitario, y  apuestan por propaganda ecológica, decir que son muy feministas o que son nacionalistas/ independentistas. De esta forma logran acallar las críticas y el análisis de sus acciones y tornarlas en sonrisas y parabienes. En el proceso independentista catalán lo hemos visto: políticas brutalmente neoliberales disimuladas y parapetadas tras el procés y la “ansiada” independencia.

El brutal neoliberalismo, con despidos masivos, recortes salariales y de derechos,  protegidos por el escudo de  declararse feministas y pagar anuncios verdes. Y esto no sólo lo utilizan grandes empresas y multinacionales; también lo suelen utilizar con frecuencia numerosos políticos y gobiernos, con anuncios grandilocuentes. Ahora bien, esto solo ha sido posible por una Izquierda que ha abandonado la noción de “Bien Común” que explica tan bien Michael Sandel, para entregarse con fervor  a esta disgregación identitaria. Ante lo cual,  la derecha aplaude con las orejas, y añade así mismo su propia identidad supuestamente nacional, de un lado o de otro. Solo existe la Derecha y la Identidad; la Izquierda, sin la noción de Bien Común, no existe. Y los ciudadanos estamos, como vemos claramente en esta pandemia, totalmente abandonados a nuestra suerte.

No hay posible amparo sin la apuesta por el Bien Común. La cuestión es: ¿los que creemos en los derechos económicos, laborales y sociales, los que pensamos en que no hay futuro digno sin una sociedad que apueste por ellos y por el bienestar de todos, debemos resignarnos a la nostalgia, a pensar que son una antigualla y a que nosotros mismos somos cosas del pasado? Si es así, qué triste. Menudo mundo dejaremos a nuestros hijos.

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