Oscar Sancho Rubio, integrante de la banda Lujuria, está en pie de guerra. Y no sólo porque es uno de los promotores del manifiesto antifascista que ya han firmado más de mil bandas de rock, sino porque con sus reflexiones, está consiguiendo generar un movimiento en el mundo de la cultura que tanto está sufriendo.

Su última reflexión se está haciendo viral:

«NO, NOSOTROS NO SOMOS LOVE OF LESBIAN, NI EL 5 % DE LA MÚSICA SOMOS LOVE OF LESBIAN

Lo están difundiendo a saco, LA CULTURA ES SEGURA. ¡Los conciertos se pueden hacer! Y llevo varios días dándole vueltas. Hay que leer cada noticia entera antes de lanzar las campanas al vuelo. El famoso concierto de Love of Lesbian no fue, ni mucho menos, rentable. Y esa es la primera pista. Creo que el lema debe ser otro, LA CULTURA ES SEGURA Y RENTABLE. Si no es ese el lema, después de días meditándolo antes de lanzar este escrito, acciones como ésta, que no dudo de la buena intención de Love of Lesbian, pueden perjudicar más que ayudar.


¿Por qué? Porque estamos dando la excusa a quienes dicen defender la cultura para defender “su” cultura. Para hacer lo que hicieron Love of Lesbian tienes que ser capaz de llenar un gran recinto y, además, contar con ayudas, muchas, por cierto, institucionales. Pensadlo un poco ¿Cuánto cuesta una PCR? Porque hay que hacer, mínimo dos a cada persona, una antes de entrar, otra a los 14 días para demostrar que no se ha contagiado. El precio medio de una PCR es de 60, 70 euros, eso nos lleva a un mínimo de 120 euros por persona. Y, el precio de la entrada en una gran mayoría de grupos, en la inmensa mayoría, es entre 10 y 30 pavos. ¡Pues vamos listos!


Lo que se viene políticamente y que con tanto énfasis combato estos días, es un nuevo neofascismo (me parto de risa cuando llegan los botvox a decirme ¿qué fascismo, el de Mussolini? creyendo, como botvox que son, que han dado con la pregunta clave para iniciar un debate donde tener la razón y siendo, mientras tanto, víctimas de este nuevo neofascismo que busca privilegiar a los suyos y a los que a ellos y los suyos quieren privilegiar y, por supuesto, ellos no están entre esos.


¿A dónde quiero ir a parar? Pues a la ridiculez que vimos ayer. A Nacho Cano vestido de Miss Portero de Hotel haciendo el imbécil y devolviendo la medalla a la cultura a Díaz Ayuso por lo que había hecho por la cultura. Mantener los teatros abiertos. ¡Imbécil! Abiertos ¿para quién? ¿Para Bertín Osborne y Arévalo? ¿Para los Morancos? ¿Dónde está LA CULTURA (con mayúsculas)?
Con eso, lo que estaba quedando dicho sobre la mesa es; LA CULTURA no necesita ayudas, si los teatros están abiertos. El que no los llene es que es un patán y no merece ser ayudado. Neofascismo. ¿Lo veis botvox? Ya os han jodido…


Y claro, siguiendo esa lógica, los bares no necesitan ayudas, pueden abrir, si no sacan para vivir, es que son ineptos comerciantes. Me ahorro las ayudas y me cargo todo aquello que no me gusta, el garito rockero donde se habla de todo, el bar de barrio donde socializan sus gentes, ¿Qué queda? Los bares de cubos de birras para extranjeros e idiotas. Neofascismo.

¿Las salas de conciertos? Nada, fuera, los teatros están abiertos, toma la medalla. Joder, que bien devuelve el Nacho Cano el pedazo de caché que cobró por hacer el imbécil antes de las uvas este año. Y se lo compráis. No me jodáis. Los teatros están abiertos sí, toma cultura. Las salas, que eran nuestros templos, donde socializábamos, hablábamos o escuchábamos a nuestros grupos cuyos mensajes (acabo de demostrar en 15 días que somos 1000, dadme dos meses y lo flipareis) no interesan. ¿Las ayudan? No, si pueden abrir. Manteniendo distancias, sentados… y, como les sigamos aplaudiendo, a los músicos nos dirán que sim amplis, que hacen ruido y Madrid es libre para dormir en las horas de nuestros conciertos, y luego salir de cañas a granel para potar junto a los franceses, no hay fronteras para el garrulo. Al final, desaparecen las salas y sobreviven los teatros donde el garrulismo es imperante. Neofascismo.


No, la inmensa mayoría de grupos de este país, no somos Love of Lesbian, la inmensa cantidad de salas de este país no son el teatro donde actúan Bertín y Arévalo y la inmensa mayoría de garitos de este país no son un garito que vende alcohol barato y panchitos para que pote el extranjero feliz al grito de “Espania is very libre”
Por eso creo que la industria musical debe abrir los ojos y darse cuenta de que la inmensa mayoría no somos Love of Lesbian y que lo nuestro es la unidad, la lucha, el ni un paso atrás y no convertirnos (queriendo o sin querer) en títeres del neofascismo que se viene, pero allá cada uno, que cada quien decida. Yo, desde luego, ni soy Nacho Cano, ni soy Love of Lesbian.


Abrazos.»

Una reflexión que está siendo compartida y aplaudida por miembros de bandas de rock, que están sufriendo en primera persona las consecuencias de las medidas que se han tomado en España durante la pandemia.

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