La última agresión homófoba a un joven en una discoteca de ambiente gay en Valencia debe preocupar a la sociedad española. En muchas comunidades autónomas se está registrando un repunte de este tipo de delitos que es preciso combatir con todas las armas del Estado de Derecho. Así, en la Comunidad de Madrid se registró una media de una agresión homófoba al día durante el pasado año, según el informe de 2018 elaborado por el Observatorio Madrileño contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia.

A su vez, L’Observatori Contra l’Homofòbia (OCH) de Catalunya ha alertado de que “la seguridad de las personas LGTBI está en riesgo en el ámbito del ocio nocturno” en esta comunidad y asegura que se “han registrado 70 incidencias en 2019, lo que supone un aumento del 30 por ciento respecto al año anterior”. Tras la agresión homófoba sufrida por una pareja de jóvenes en el parque Joan Miró de Barcelona, el presidente del OCH, Eugeni Rodríguez, ha propuesto al ayuntamiento de la capital catalana y a la Conselleria de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias “habilitar un servicio nocturno de atención a víctimas a través de un número de WhatsApp”. Rodríguez ha señalado que “existe un brote de violencia hacia las personas LGTBI por parte de jóvenes en el ámbito del ocio nocturno, ya sea antes o después del ocio”, y que además, en la mayoría de los casos conocidos por el OCH, “la violencia es tanto verbal como física y la generan jóvenes, y a veces los agresores son menores de edad”.

Mientras tanto, en la Comunidad Valenciana el último informe Raxen de 2018 situaba a esta región, en el mes de abril, a la cabeza en delitos de odio en España con 107 casos −de los 602 analizados−, todos ellos relacionados con la homofobia, racismo, xenofobia, antisemitismo, islamofobia o antigitanismo, entre otros.

Tal crecimiento en el número de agresiones homófobas solo puede tener un factor detonante común: la propagación de ideas discriminatorias por parte de partidos ultraderechistas como Vox, con el aval de PP y Ciudadanos. La ideología del odio causa un grave daño a una sociedad. Es como un potente ácido que va corroyendo, poco a poco, valores morales que han necesitado décadas para asentarse, arraigar y calar entre los ciudadanos. Tras el final del franquismo habíamos necesitado cuarenta años para entender que la libertad sexual es un derecho básico de cualquier persona; que homosexuales, bisexuales y transexuales gozan de los mismos derechos civiles que cualquier otro ciudadano, tal como consagra el artículo 14 de la Constitución Española. Fue así como la sociedad española consiguió que miles de personas reprimidas por la educación ultracatólica impuesta por el dictador salieran por fin del armario. Fue así como conseguimos instaurar el matrimonio civil homosexual, un auténtico logro que situó a España en la avanzadilla de los países más liberales del mundo en cuestiones morales y religiosas.

Hoy, cuando las agresiones, palizas, insultos y humillaciones vuelven a las calles en las ciudades de todo el país, peligran todas esas conquistas sociales labradas con el dolor y el sufrimiento de miles de personas que no son heterosexuales. De ahí que las autoridades deban tomarse en serio el problema y tengan la obligación política y moral de tomar las medidas necesarias para hacer frente a la resurrección de la intolerancia que algunos pretenden reinstaurar. En los colegios e institutos reforzando la información y la educación en igualdad; en las fuerzas de seguridad del Estado instando a dotar de medios humanos y materiales a las diferentes unidades policiales encargadas de investigar los casos que se vayan produciendo; en los tribunales de Justicia haciendo recaer todo el peso de la ley sobre los agresores y maltratadores: y en el poder legislativo reformando el Código Penal si es preciso para endurecer las condenas. Porque está en juego nada más y nada menos que la libertad y la convivencia de los españoles.

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1 Comentario

  1. Mientra unos hombrecitos juegan a ser dioses, otros pagan las consecuencias de su delirio de superioridad.
    Esa superioridad que hace ha unos mejores que otros y ciudadanos de primera y de segunda. Y esa creencia justificada y real para esos hombrecitos, crea una realidad brutal y violenta para esas personas vulnerables y con cicatrices todavía sangrantes de haber denigrado y estigmatizado tu identidad básica y elemental como tu sexualidad.
    Un mundo creado para la unión de dos entes, básica para la supervivencia y progreso personal.

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