Foto Agustín Millán

¿Se puede ser inmensamente rico y pagar al fisco una minucia, una calderilla, una cantidad casi simbólica en impuestos? Se puede. De hecho, está pasando en el mismísimo Congreso de los Diputados, donde cada representante elegido por el pueblo español debería dar ejemplo de sacrificio por el país. Estamos hablando, cómo no, de un hombre que tiene dinero para aburrir y que además presume de ello en las redes sociales: el polémico diputado de Ciudadanos y exvicepresidente mundial de Coca-Cola, Marcos de Quinto. Sí, el mismo que se ríe de los inmigrantes náufragos del Open Arms llamándolos “bien comidos pasajeros”; ese que provoca la indignación de miles de mujeres que lo acusan de ser un defensor del patriarcado.

El elitista político naranja ingresó el pasado año más de 5,6 millones, pero únicamente pagó 12.125 euros en impuestos al no ser residente fiscal, según ha informado en las últimas horas la agencia de noticias Europa Press. De ahí que de inmediato surjan varias cuestiones: ¿es estético que un diputado millonario del Parlamento nacional goce de semejante holgada situación tributaria? ¿No será que algo está fallando en el Estado español, y en concreto en sus leyes fiscales, cuando uno de sus representantes públicos acredita tales cuentas incomprensibles e indignantes para cualquier trabajador medio español cosido a impuestos por Hacienda?

La Constitución garantiza los principios de igualdad impositiva y progresividad fiscal, es decir, que quienes más tienen más pagan. Pero por lo visto con Marcos De Quinto, aunque es cierto que el diputado está al corriente con el fisco y cumpliendo legalmente con sus obligaciones tributarias, no parece cumplirse el viejo sueño de la redistribución de la riqueza que debería inspirar a todo Estado social y democrático de Derecho. Duele y cuesta trabajo asumir que un hombre al que el impreso oficial de patrimonio se le queda corto para declarar la retahíla de vehículos a su nombre pueda contribuir a las cuentas del país con semejante ridícula cifra. En efecto, Marcos De Quinto declara poseer 20 vehículos, entre coches, motos y un barco de vela ligera, el Raquero Polysier adquirido en 2004. Su última joya, ya en 2019, ha sido un todoterreno Toyota Land Cruiser con una cilindrada de 2.800 centímetros cúbicos. Pues para poder declarar semejante parque móvil, según las vigentes normas de transparencia, el diputado ha tenido que recurrir a la casilla de “observaciones”, ya que en la consignada específicamente para “vehículos a declarar” por cada diputado ya no tenía espacio. No hay impreso oficial con papel suficiente que resista toda la flota de vehículos de De Quinto, quien finalmente ha logrado incluir en el anexo de observaciones sus dos Porsche 911 Carrera 4S (uno comprado en 1999 y otro el año pasado), el mencionado Toyota y una de sus dos motocicletas Harley Davison. El resto son cinco vehículos de campo o trabajo a nombre de una sociedad, así como otros dos coches particulares (un Citroen Mehari y un Volkswagen Polo), otras seis motocicletas y un quad, siempre según la información servida por Europa Press.

De Quinto es, de largo, el diputado con más patrimonio del Congreso, concretamente un  volumen declarado de 48,3 millones de euros −entre depósitos, acciones, participaciones y planes de pensiones− y unos ingresos solo en el último ejercicio de 5,6 millones. El diputado de Cs distribuye sus bienes en derechos de cobro de Coca-Cola (23,8 millones), 12,6 en acciones, 8,6 en planes de pensiones y otros 3,3 millones en cuentas y depósitos.

En su documento justificativo, De Quinto se excusa en que durante 2018 no fue residente fiscal en España, de ahí su minúscula factura con Hacienda, su «dolorosa» tributaria que apenas le escuece: “Las rentas que he generado lo han sido fuera de nuestro país y han satisfecho sus impuestos allá donde se generaron. Concretamente, hasta agosto de 2018 trabajé para The Coca-Cola Company (USA), recibiendo allí mis retribuciones”, puntualiza.

El patrimonio del diputado de la formación naranja se completa con un chalé de dos parcelas en Madrid, otro en Málaga, un apartamento en Nueva York, otro piso en Lisboa y diferentes propiedades en Cuenca, la mayoría de ellas a través de una sociedad. Seguramente él se sentirá como una víctima de las políticas comunistas de este Gobierno bolivariano-sanchista e incluso, tras el descalabro de Cs, quizá esté pensando en pasarse a Vox, que promete poco menos que una amnistía fiscal para los ricos. Así es el patriotismo de boquilla y de salón de la derechona patria. El currito levantando España con su sudor y sus impuestos y el millonario de vacaciones fiscales en Nueva York. Sea como fuere, el caso es que en cuestiones de dinero De Quinto es el jefe, the boss, el amo del Congreso. Quién iba a decir que unos simples refrescos de cola podían dar para tanto.

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