En abril de 2013, cuando el argentino Jorge Bergoglio
se convirtió en el Papa Francisco I, una de sus
primeras promesas consistió en abrir los archivos en
los cuales el Vaticano guarda el destino de los niños
desaparecidos durante la dictadura cívico-militar-
clerical argentina.
El sorprendente anuncio generó toda suerte de
reacciones, desde las más optimistas hasta las más
escépticas.

Quienes dudaban de la promesa se remitían a la
complicidad que había mantenido la Iglesia con la
dictadura encabezada por el genocida Jorge Videla y
el papel que el mismísimo Bergoglio había jugado-con
sus acciones y con sus silencios- desde su alta
investidura como arzobispo de Buenos Aires y
primado de la Argentina.
Han transcurrido siete años y parece que Bergoglio ha
perdido las llaves de ese archivo, mientras la mayoría
de las abuelas de aquellas criaturas apropiadas se han
ido de este mundo sin poder reencontrarse con sus
nietos y nietas.
Lo que sí ha encontrado Bergoglio son las llaves de los
archivos en los que se guardan los documentos sobre
los estrechos vínculos que mantuvo la Iglesia con
Hitler en tiempos del papa Pío XII.
Al hacer el anuncio, Bergoglio cargó las tintas sobre
Giovanni Pacelli por sus vínculos con Hitler y el
silencio que mantuvo mientras el nazismo consumaba
el exterminio de millones de hombres, mujeres y
niños.

Revelar lo que todo el mundo sabe después de casi un
siglo y ocultar lo que atañe al presente – como lo
ocurrido en la Argentina con los niños apropiados- no
es otra cosa que un juego de distracción por parte del
papa Francisco I.
El dilema que ahora se le plantea a Bergoglio con los
archivos de los desaparecidos en la Argentina no es
fácil de resolver.
¿Cómo justificar sus vínculos con la dictadura
mientras los militares argentinos repetían –sólo con
diferencias cuantitativas- los métodos aplicados por el
nazismo en la Alemania de Hitler, en la Italia de
Mussolini o en la España de Franco?
¿Qué diferencia hay entre aquellos genocidas y
Videla?
Bergoglio se encuentra frente a un dilema difícil de
resolver: incumplir con su solemne promesa o abrir
los archivos con riesgo de ser incriminado por ocultar
documentos que prueban delitos de lesa humanidad.

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