En una globalización cada vez más soportable, debido principalmente a la tecnología, toda pauta en toda guerra comercial o política nos vincula de manera cercana y directa, aunque los contendientes de la misma estén separados de nosotros por continentes y océanos. En la actualidad, como ciudadanos, residimos sujetos y abrazados a la tecnología que nos ofrecen, muestran y comercialización las diferentes empresas. No elegimos, en realidad, lo que necesitamos, elegimos dentro de las posibilidades que nos convidan lo que más se acerca a lo que deseamos o lo que más nos gusta. Pero ellos, ineludiblemente, son los que nos obligan a elegir entre sus posibilidades. Posibilidades que, están direccionadas en exclusiva a adquirir datos, datos de usuarios, datos de clientes, que es al fin y al cabo lo que somos. El dato es en la actualidad el elemento más valioso. La gran parte de las diferentes empresas que nos rodean y gestionan nuestras necesidades, utilizan el dato que proporcionan los ciudadanos para elaborar y direccionar el sentido de las propias empresas.

La guerra desatada por Trump va de eso, y no de desacreditar y vetar una marca de móvil creada por los chinos. Con la cercanía del 5G y la carrera por llegar el primero y hacerse con el mayor tesoro de la actualidad, el dato, Huawei ha tomado ventaja en el último tramo de dicha carrera, y puede hacerse durante mucho tiempo con el monopolio o estacionarse como líder de la misma. No es sólo es el rédito monetario que podrán entrar en sus arcas, va sobre todo de los datos que, como consumidores, nos hacen débiles y pueden ser utilizados para complacer nuestras necesidades.

Pero no solo esto tiene preocupado a Trump, “la nueva ruta de la seda china” es otro dolor de cabeza. Una red de infraestructuras por los diferentes continentes que va desde puertos, (con capital de empresas chinas o convenios del gobierno chino), ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, urbanizaciones, un plan de ramificaciones geopolíticas y económicas. Y a las que para algunos, se trata de un intento de gobernar o influir notoriamente en el desarrollo del planeta, y para otros, y sobre todo como se ha promocionado, trataría de ayudar a desarrollar regiones olvidadas y lugares apartados.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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