Me detengo ante el consulado español de Stuttgart, al lado de un selecto bufete de abogados. Barrio residencial, acabo de pasar por delante del de Italia. Casas altas, señoriales, la bandera de España ondea encima de esta mansión blanca. De repente aparca a dos metros de mi un coche deportivo, algún modelo de Porsche, rojo, descapotable. Baden-Württemberg es el gran pulmón económico de Alemania, y Stuttgart una ciudad de 612.000 habitantes, rodeada de una industria impresionante que sorprende nada más acercarse por autopista, parece el triple que Barcelona. Capital europea del motor, aquí los Mercedes, Porsche, Audis y BMWs dominan el paisaje de cualquier calle. Baja del coche con prisas una mujer joven, morena, bolso de marca, traje-chaqueta negro, entra decidida en el portal del Consulado con el sobre rosa de WAHLBRIEF en mano. Lo reconozco enseguida porque yo recibí también el mío, es el material electoral que se nos envía a quienes hemos superado el sistema de “voto rogado” para votar el 21 de diciembre.

Alemania es el tercer país con más catalanes en el mundo, tras Francia y Argentina, y por delante de Estados Unidos y México. De los poco más de 15.000 residentes permanentes en todo el país, 2.793 están en Stuttgart. Para estos comicios han rogado el voto 891 de ellos, una cifra que no está nada mal. Teniendo en cuenta que para el 21D roza el 17% el voto rogado catalán a escala internacional tras haber caído al 6% tras la reforma de la ley electoral (de los 226,381 catalanes inscritos como permanentes en consulados españoles esta vez han rogado el voto 38.345), en Stuttgart lo han hecho prácticamente el 32%, podríamos decir que el doble. «El incremento de solicitudes de voto ha sido notable, probablemente estamos hablando del doble», confiesa el cónsul efectivamente cuando le insisto sobre los datos de voto rogado que han aumentado de un 63% en comparación con las anteriores elecciones catalanas, en 2015.

La política de comunicación del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (MAEC) centraliza todas las peticiones de periodistas, por lo que las preguntas únicamente se pueden formular a la Oficina de Información Diplomática (OID), quien amablemente me contactó el lunes para informarme de que los medios de comunicación únicamente podemos tomar planos generales de votación y que los funcionarios y equipos de los consulados no responderían a ninguna pregunta, sino que las hiciera llegar por mail a Madrid. Así lo hice, 18 preguntas técnicas que no quedan resueltas ni a través de las webs de la Junta Electoral ni del MAEC. Soy consciente por lo tanto de que el cónsul de Stuttgart, el Sr. Medina Drescher, decide atenderme como periodista unos minutos como un gesto de cordialidad, pues no conceden entrevistas en elecciones.

Nacido en Dinamarca, relativamente joven, licenciado en derecho, se le notan los 16 años de carrera diplomática española y el savoir faire de quien ha viajado y trabajado por el mundo (la India, Marruecos, Argentina, servicios de Asia y Europa…). Muy cortés, aunque naturalmente prudente ante la prensa, me asegura que la OID responderá a las preguntas y que se trata de una normativa interna para poder unificar y dar un mejor servicio a la prensa. Hablamos de la problemática general, me remite a la información publicada, aunque enseguida se da cuenta por mis dudas que ninguna web clarifica algunos aspectos específicos. Falta información detallada para quienes queremos ir más allá de las generalidades. De hecho, hasta hace pocas horas ni tan siquiera la web del MAEC contenía información sobre el acuerdo de la semana pasada de la Junta Electoral Central para alargar el período de votación. También le planteo al cónsul los tipos de fraude que tras mi análisis los ciudadanos podrían cometer con el actual sistema electoral de Voto Rogado. «Ningún sistema es perfecto, siempre hay brechas», admite. 

 

Los Consulados, observados por primera vez

En la sala de votación encuentro a una catalana espectadora con una libreta que ejerce un rol totalmente novedoso: una «observadora electoral exterior». Estos serán los primeros comicios con observación electoral directa por parte de los ciudadanos de una figura similar a la del «apoderado» de partido, aunque legalmente fuera de España no se pueden denominar como tales en los consulados. La plataforma Catalans al Món en coordinación con los partidos políticos (ERC, PDCat y la CUP) ha logrado en esta iniciativa sin precedentes que 818 voluntarios hagan acto de presencia por turnos 102 consulados de 60 países del mundo (donde residen el 80% de los catalanes al exterior).

La observadora de Stuttgart, de Esquerra Republicana, es la única que estará esta mañana, me dice ella misma. Va anotando los que van llegando para votar personalmente en urna, como la conductora del Posche que me he cruzado al entrar. Siguiendo el protocolo, cada ciudadano se identifica con el pasaporte o DNI, entrega el certificado recibido por correo postal como respuesta a la petición de voto rogado, y puede proceder a votar en una urna transparente que está por la mitad. Son las 11 de la mañana, martes 19. Todo muy formal y oficial, correcto. Le comento al funcionario que me ha atendido al llegar, de mediana edad y muy atento en todo momento, que me gustaría hablar con la observadora.

-«Si claro… Pero aquí mejor no, porque es el sitio de votación y podrían influir», responde.

-«No se preocupe, es natural, tiene usted razón. Nos vamos fuera entonces y así no molestamos a nadie», le tranquilizo yo.

No, mujer, que fuera está nevado y estamos a 1 grado, quédense al pasillo… que no somos tan malos…», me dice rápidamente, con cara de apurado.

Tardo unos segundos en reaccionar, no sé como interpretar lo que me acaba de decir. Me siento culpable, y no sé ni el por qué. ¿Está haciendo una broma? Pone cara de circunstancias. ¿Estoy ante el temor de un funcionario ante una periodista que va a escribir sobre este consulado? ¿O son las impresiones de un español ante una catalana por lo que vio el 1 de octubre en todas las cadenas alemanas y encarcelamientos posteriores? No me lo puedo creer. «No somos TAN malos…», ¿tan malos, como qué? ¿Tan? Le cojo de la mano rápidamente, por instinto, para tranquilizarle, como si fuera a saludarle:

-«A ver, no se preocupe… Yo soy Mireia, soy periodista. Y yo NO creo en ningún caso que usted sea malo. En serio. Usted hace su trabajo, me informa simplemente, y yo hago el mío, que es preguntar. No le estoy juzgando, de verdad. No se preocupe, usted me dice lo que se puede hacer legalmente y lo que no, y yo me adapto», le sonrío, con la encajada de manos. Deduzco que los consulados, definitivamente, no están acostumbrados a estar bajo lupa. Ni por parte de periodistas, supongo, ni por parte de ciudadanos con credenciales de partidos para actuar como interventores.

Ya en conversación privada, la observadora electoral, Mar, me comenta de la amabilidad y buena disposición del cónsul y del personal en general. Aunque me revela que hay un despacho misterioso, delante de la sala de votación, con una de las incógnitas que aún no han sido puestas a disposición de los observadores: el voto por correo. Los ciudadanos que viven a más de una hora de consulado optan a menudo, y más entre semana, por el voto por correo postal. En el caso de Alemania, es un sistema bastante fiable y por lo tanto muy habitual. No obstante, pese a las peticiones de los apoderados de los partidos, el personal del consulado se niega a que puedan recontar el correo llegado desde el fin de semana. 

Una única funcionaria del consulado va entrando y saliendo de este despacho en pasillo en el que estamos, procura cerrar siempre la puerta. Me percato que lleva consigo siempre certificados, imagino que son los de los sobres que va abriendo junto con las fotocopias del DNI. Durante unos instantes, la puerta queda entreabierta. Se ven cajas con sobres colocados de manera ordenada, van siendo clasificados para su envío posterior a Madrid, pues el sistema actual prevé que el consulado no recuenta los votos sino que los sobres se envían al MAEC para que luego éste los remita a cada delegación electoral provincial. Por los bloques de cajas, es evidente que la funcionaria ya está clasificándolos por provincias, con lo cual no se entiende el paso por Madrid si en realidad cada consulado comprueba documentación y hace los paquetes de sobres con votos por provincias.

«Nos han dicho que esta tarde hay un primer envío de votos a Madrid, y luego ya habrá el último, el 21 por la noche. Viene una empresa de mensajería urgente, los recoge, directos al aeropuerto, y de allá para Madrid«, comenta la observadora. «Pero no hemos podido recontar nada directamente. Nos dan los datos de urna ellos, nosotros contamos por la gente que deposita el voto. Y en cuanto a lo que llega por correo…. Es desesperante. Sólo esta funcionaria, la encargada de la sección electoral, sabe cuántos hay. Y el dato que me dio ayer de 170 no cuadra con el que nos dio el cónsul de 216. Suponemos que ella no sumó los votos llegados en fin de semana… No te lo puedo asegurar. Insistiremos, porque queremos poder hacer recuento de todos los votos, en urna y por correo. Entiendo que no podamos entrar solos, pero con un funcionario y nosotros al lado simplemente, debería de poderse hacer, ¿no? Al final se trata de ser transparentes, es el único motivo por el que estamos aquí, queremos saber qué pasa con nuestros votos, nada más, no queremos perjudicar a nadie…«, añade Mar.

 

Los residentes temporales (ERTA), discriminados por la Junta Electoral Central

Este fin de semana aún no constaba en la web del MAEC ni una nota de prensa, ni una noticia de actualidad sobre la ampliación de plazo para el voto, pero hoy sí aparece un banner. No se entiende que se tome un acuerdo de esta índole y se le dedique un banner 5 días después, como política de comunicación. Debería ser motivo de orgullo, ofrecer la buena noticia al ciudadano y sus derechos fundamentales. Pero por algún motivo se ha optado por la discreción en la decisión de ampliar los plazos de votación.

Aun así, la mala noticia es que la Junta Electoral Central olvidó en su acuerdo nombrar a los residentes temporales (ERTA) junto con los residentes permanentes (CERA), de manera que de repente para los ERTA finalizó prematuramente el plazo para votar el 18 de diciembre, sin que muchos de ellos hayan podido tan siquiera recibir la documentación y papeletas por correo postal. En los consulados no hay ni una papeleta ni un sobre para votar, ni se puede obtener ninguna copia del certificado de voto rogado. Nada. Si no se reciben por correo postal (o este llega tarde), no se puede votar. Los residentes temporales, por lo tanto, han sido discriminados en la decisión de la JEC, al alargar solo el plazo a los permanentes. No todos los ciudadanos habrán tenido pues los mismos derechos, los mismos plazos, ni tan siquiera tienen la garantía de recibir la documentación a tiempo. «No somos tan malos», decía el funcionario. Lo es el sistema de Voto Rogado, eso sí.

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Periodista especializada en relaciones y comunicación internacional. Actualmente vive en el Bodensee, en la frontera germanosuiza. En los últimos 15 años ha trabajado de asesora de comunicación corporativa para organizaciones públicas y privadas tanto a nivel europeo como español y catalán.

3 Comentarios

  1. La falta de transparencia en el voto por correo es preucupante. Las posibilidades de maniplulación en el largo camino que siguen sin posible control externo son grandes.
    Y como dice el periodista el sistema es malo, porquw no saben o porque lo quieren asi?

  2. Vivo en Suecia y mi voto ha sido enviado a otra ciudad. Todavía estoy intentando averiguar si ha sido un error de correos suecos o de la oficina del Censo. Cuando he hablado con estos últimos me han dicho que lo han enviado a la dirección facilitada del consulado, pero no me han querido decir cuál era esta (y el consulado sé a ciencia cierta que la tiene bien, porque hace 3 semanas envió un pdf a miles de personas con nuestros datos, siendo que mi dirección que constaba allí era correcta). ¿Quién va a responder por estos «errores»? Me han robado mi derecho, a mi y a tantos otros, ¡inacceptable!

  3. Vivo en Suecia y mi voto ha sido enviado a otra ciudad. Todavía estoy intentando averiguar si ha sido un error de correos suecos o de la oficina del Censo. Cuando he hablado con estos últimos me han dicho que lo han enviado a la dirección facilitada del consulado, pero no me han querido decir cuál era esta (y el consulado sé a ciencia cierta que la tiene bien, porque hace 3 semanas envió un pdf a miles de personas con nuestros datos, siendo que mi dirección que constaba allí era correcta). ¿Quién va a responder por estos «errores»? Me han robado mi derecho, a mi y a tantos otros. ¡Inaceptable!

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