“El desorden almuerza con la abundancia, cena con la pobreza y se acuesta con la muerte”

Benjamín Franklin

Por desorden debemos entender a la situación o estado de confusión o de alteración de algo, especialmente del orden público o social. Es decir, según quién lo observe, el desorden es la manera incorrecta, según un criterio o una norma determinados, de estar dispuestas las cosas o las personas en el espacio o de sucederse los hechos en el tiempo.

Por tanto, según quién sea, puede existir desorden o no. Es el caso de las centrales empresarias, que entienden por desorden someterse a una gestión de las personas que reconozca el justo valor del trabajo en lugar de valerse de una legislación que favorece la precariedad y los abusos en las relaciones laborales. La devaluación salarial, más las horas trabajadas y no abonadas, supuso un trasvase de fondos de los trabajadores a los empresarios. En cambio, para las patronales, a eso lo han llamado competitividad. En realidad, la tergiversación de términos es otra forma de desorden. En rigor de verdad, eso es una forma de explotación. Lo que también supone desorden dentro del sistema de derechos y obligaciones.

Quebrantamiento del orden también puede ser que la Justicia no actúe en aquellos casos en los que puede producirse alarma social. Los resultados que se observan en el desarrollo de los casos en relación al tratamiento de corrupción, también alteran y confunden a los ciudadanos.

Seguir bloqueando la renovación del Consejo General del Poder Judicial es una alteración a la voluntad de la ciudadanía de cambiar su configuración ideológica. El Poder Judicial está en riesgo de convertirse en un poder del Estado que desnaturalice la visión de la España que quieren las personas que la habitan. La confianza en la justicia es cada vez más endeble.

También es inaceptable que se insista desde los centros de poder fácticos, herederos incuestionables del franquismo, en que el actual gobierno de coalición es ilegitimo. Al parecer, ven en riesgo sus privilegios. Esa es una posición escasamente sostenible en un Estado de derecho ordenado. La acción coordinada de PP, Cs y Vox, para conseguir que Podemos salga del gobierno, merced a los procedimientos utilizados, es alarmante.

La huida del Capitán General Juan Carlos I, sin dar cuenta del origen de su fortuna personal es otra fuente de desorden. La justicia española confirma que este señor no está comprendido por la ley. Esa es una alteración del orden constitucional que esos mismos poderes dicen respetar. No puede permitirse prolongar esta situación derivada de estar bajo investigación judicial.

La gestión de la pandemia, un ejemplo del desorden, que está llevando a cabo la presidencia de la Comunidad de Madrid es, al menos, investigable. Se repiten maniobras privatizadoras con procedimientos poco claros. Se hace oídos sordos a las órdenes judiciales de medicalización de las residencias de mayores. Se alteran cifras. Se hacen declaraciones contradictorias. Todo, bajo la complaciente atención de los medios del sistema.

En cualquier caso, es menester recuperar el orden institucional para que las personas de este país se sientan seguras. Trabajen seguras. Se protejan seguras. Que sientan que la justicia es realmente igual para todas. Que las fuerzas de seguridad las protejan y no las repriman. El recuperar ese orden requiere de ejemplaridad.

Sin embargo, la ejemplaridad no es frecuente en este país. Promueve el desorden. Exige la ejemplaridad.

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