¿Por qué nos resulta más difícil creer en la verdad que en la mentira? Y es que la verdad está desacreditada o infravalorada a favor de todo tipo de inmorales llamadas de atención o de mentiras, éstas muy bien vestidas de seda o del buen engaño.

Siempre hay que pensar que, las TEORÍAS o LAS INFORMACIONES QUE TIENE LA SOCIEDAD para establecer una “verdad” (que han de estar bajo dudas o bajo criterio racional), tendrán verosimilitud mientras tengan lógica y no sean contraargumentadas con más solvencia racional que como fueron socializadas. Pero la desacreditación de la verdad se debe más a la misma debilidad social en la cual se encuentra ahora mismo (por irresponsabilidades) que a cualquier otro concreto motivo. Sí, una DEBILIDAD porque pocos seres humanos o pocas infraestructuras sociales la defienden. Eso es casi como el resultado anunciado de este siglo: “Entre todos la mataron, y ella solo se murió”, como pregona el dicho. Y tal debilidad es también el fruto o la consecuencia de la crisis de valores imparable que se sufre en el núcleo de la sociedad y la evidente desinformación que es característica (aunque no lo quieran reconocer) de casi todos los medios de comunicación, sí, incluyéndose a Internet.

Pero la mentira, a la hora que ir a la sociedad, ya cuenta con estas grandísimas ventajas:

—Las miles de licencias (trucos) para convencer que siempre radican desde la inmoralidad y siempre están por encima del bien y del mal.

—El derecho a confundir.

—El derecho a deslumbrar usando grandes lemas, irrelevancias o referencias irreales.

—El derecho a ocultar información o el derecho a la ocultación en general.

—El derecho a sobrevalorarse o a no ser vetada usando cualquier poder que tú o cualquiera usando el bien no tiene.

 —El derecho al desprestigio o a la desacreditación tanto de la razón como de cualquier bien muy objetivo o imparcial.

—El derecho a usar el rumor popular o la demagogia o el encanto de manipulación ése popular contra la verdad.

—El derecho a vetar o a silenciar a eso que que no está conforme al gusto social o al gusto de un gran medio de comunicación social.

—El derecho a usar cortinas de humo o interesados entretenimientos o tapaderas para que no se sepa lo relevante en una sociedad.

—El derecho a disfrazar o a entremezclar todas las informaciones siempre con las emociones para así disuadir a toda la sociedad con las sugestivas emociones.

—El derecho a sembrar dudas infundadas sobre cualquier valor esencial o ético.

—El derecho a fortalecer muchas infraestructuras de la mentira (es decir, a concursos, a revistas, a periódicos, a eventos, etc., todos desarrollándose desde criterios sobreproteccionistas-interesados-excluyentes, con un “vino y premios” para todo el que participe en tal mafiosidad).

—El derecho a hacer agonizar, una vez y otra, a totales despremiaciones, apaleos o desprotecciones, al que sí demuestra, aclara, irrebatibiliza o autentica la razón-ética antes siempre de difundirla socialmente.

—El derecho a un halagar imparablemente por lo que, sin poder frenar eso el camino de la verdad, se impone la no razón o tal halagar estúpido o irracional.

—El derecho a imponerse o favorecerse por estar “con más”, con un apego a las masas, por el lema de que «somos más» y, como ya son más, se creen tal falsa legitimidad.

—El derecho a aceptar una doble moral.

—El derecho a dar siempre un premio o un miserable beneficio al que portavocea una concreta o muy interesada mentira de cualquier poder o prejuicio corporativista.

—El derecho a pasar por alto las duras injusticias por una u otra pillería o retórica o tapadera de intereses. 

Y, por último, con todo esto siempre hay una psicología de manada o de rebaño que, en el fondo, significa:

1—Refugio y protección, pues siempre estás seguro en que tú no hablas solo, sino con tu manada; tú no haces algo en lo que solo tú eres responsable, sino con tu manada.

2—Facilidad de decidir (sin equivocarse socialmente), pues decides ya «lo decidido de todos los tuyos»; y ahí nadie te va a decir que estás en error. Y ya puedes ir a lo comodito de «prestigioso y de santito por la vida».

3—Hacer pasar cualquier mal como un bien (encubrimiento y complicidad), pues te evita todos los esfuerzos de un cumplir… ésa molestosa ética.

4—Facilidad de los logros, pues siempre vas a tener «ayudas ciegas» de todos, por ser tú «de los suyos».

En fin, el camino de la verdad siempre se encuentra ninguneado o despreciado por todos esos factores y, sin duda, también por los cómplices o por los  irresponsables que lo consienten o lo permiten como si nada, despiadada y fríamente, como si el asunto no fuera con ellos.

En la deshumanización nunca hay inocentes, sino deshumanizados a través solo de sus propias voluntades. Así es. Y ya un deshumanizado ¿qué dignidad puede entonces defender?

Autocrítica o reflexión: “Si solo defiendes lo que te gusta, nunca defenderás a la verdad”.

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