La degradación del Ártico no solo atiende a su deshielo. En esta zona viven millones de personas, en su mayoría inuit con culturas ancestrales como los dorset y los thule, existen ecosistemas muy determinados por su situación geográfica, además de tener -junto al Polo Sur- la función de regular las corrientes de los océanos, las temperaturas y los patrones climatológicos.

Algunos expertos ya denunciaron en 2017 que la degradación del Ártico era vista como un negocio. Por tanto, las partes implicadas no solo estarían en los países de esta región sino que iban más allá de las lindes del Polo Norte. En este sentido, la coordinadora de la campaña HFO-Free Artic, advertía un año más tarde que Maersk, principal grupo industrial danés y una de las navieras más importantes del mundo, “aprovechará el deshielo Ártico para probar el transporte de contenedores a través de la ruta del Mar del Norte”. También informaron de que esto ya lo habían hecho otras compañías asiáticas como China Ocean Shippping Company o MOL, que de hecho, confirmaban que ya había transportado petróleo por esa vía.

Para la experta en políticas de cambio climático, Miriam Zaitegui, esta situación debería preocupar a la sociedad pues “la industria naviera asume que el Ártico será cada vez más navegable” y añade que “solo así se entienden las enormes inversiones en ensayos para establecer rutas comerciales que, de conseguir los objetivos climáticos del Acuerdo de París, no deberían ser posibles”.

Datos de la ONU aseguran que “el 40% de la capa de hielo ha desaparecido en las últimas cuatro décadas” mientras que el transporte marítimo comercial pretende crecer por las rutas marítimas del norte un 500% entre 2015 y 2015, según informaba la revista  especializada Mongabay, lo que supondrá un impacto especialmente en los mamíferos marinos. Ante este panorama, Zaitegui explica que “la quema de combustibles pesados (HFO) a esas latitudes es cinco veces más dañina”, y añade que el carbono negro “se deposita en el hielo, absorbiendo luz y calor, acelerando aún más el deshielo”.

Otro caso no menos alarmante atiende a Carnival, una de las mayores compañías de cruceros que oferta viajes a lugares de gran vulnerabilidad como es el caso del Ártico. En su página web invitan a explorar los diferentes destinos ofertados como si de un juego de aventura se tratase, pero si vamos a los datos publicados por la ONG Stand.earth, revelan que la calidad del aire de cuatro barcos operados por esta empresa, llega a ser de peor calidad que la de ciudades con gran contaminación como Pekín o Chile.

No obstante, mientras Carnival mantiene la sostenibilidad y los derechos humanos como arterias en su política empresarial, hacen caso omiso a las peticiones de numerosas organizaciones medioambientales para que dejen de utilizar el fuelóleo pesado (HFO), un combustible de muy alta intensidad muy utilizado por las compañías de cruceros por su bajo coste, que ya fue prohibido en aguas antárticas por poner en peligro a los ecosistemas de la zona.

Finalmente, los expertos de la Cordis coinciden en que la única manera de revertir el inminente deshielo del Ártico es “invertir en esfuerzos de mitigación más intensos a nivel mundial”. Y aquí el transporte marítimo y la industria naviera son clave en las negociaciones de esta última semana de la Cumbre por el Clima.

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