Ya está, la Fórmula 1 se va a ir a tomar por la mascarilla este estúpido año. Es increíble. Inadmisible. Tan idiota… Pero…

Pero desde que se decidió poner en cuarentena -ANULAR- el Gran Premio de China, ya hubo un afectado. Y ahora ha comenzado salvajemente el contagio.

Los seguidores del Gran Circo que estábamos descontando los días para que comenzasen a saltar los acróbatas y a contar chistes los payasos, están desolados. Sólo faltaban 14 días, cuando escribo esto, para que los robots con ruedas, las máquinas más veloces y sofisticadas del planeta y sus audaces jinetes, desembarcasen en Australia.

El anuncio, me dicen, se va a hacer público en cualquier momento. Ya llevan días en Australia amagando:

-Es que hay muchas cosas que llegan de Italia: Ferrri, los neumáticos…

Cuesta creerlo, pero así de idiota es el mundo globalizado.

¡Matemos a los sanos para que no se pongan enfermos!

En la F1 todo el mundo es fuerte y joven (quizá no el Doktor Marko), y el coronavirus por lo que se sabe no es peligroso en absoluto si eres fuerte y joven.

Nunca se ha suspendido el mundial porque hubiese una epidemia de gripe, no se ha impedido que la gente acude a los circuitos porque el numero de muertos en accidentes de tráfico es muy alto.

Pero como no suceda un milagro, la sensatez y el sentido común van a ser arrasados -asesinados- por el histerismo y el pánico.

Lo de Australia, la suspensión del Gran Premio, nos dicen aunque nosotros no queremos creérnoslo, ya está cantado.

Lo de Bahrain ya se había medio anunciado, igual que lo de Vietnan. Lo de China parece irreversible. Eso significaría que no empieza el campeonato hasta Holanda, en mayo.

Un deporte, la F1, que siempre se ha atrevido a desafiar a la muerte, la ha mirada a la cara infinitas veces. Y ahora… por un pánico de sicóticos. Ay… cobardes enanos.

¡Gana el coronavirus, pierde el espectáculo!

Tigre tigre.

Fernando Alonso debería crear su propio equipo de F1

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