La pandemia del coronavirus ha llevado al Gobierno a declarar el Estado de alarma, mientras el Ministerio de Sanidad cifra en más de 5.000 las personas contagiadas por coronavirus en España. Una situación límite que ha precisado de medidas de emergencia para contrarrestar la propagación del coronavirus o covid-19, el cual según datos oficiales, lleva más de 130.000 casos en el mundo, sin contar los casos positivos no registrados. Este panorama nos deja claro que nadie es inmune a este virus, aunque algunas personas piensen que el personal de la sanidad pública o las personas dedicadas a los cuidados son imbatibles o cuentan con súper poderes inmunológicos.

Lo cierto es que las tareas domésticas y de cuidados, fuertemente feminizadas y en el mayor de los casos no remuneradas, precarizadas y no reconocidas, se están viendo acusadas con la cuarentena general como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Los cuidados son la razón por la cual muchas mujeres trabajan a tiempo parcial y, en los casos más extremos, dedicándose únicamente a las tareas domésticas y de cuidados sin recibir remuneración alguna. En este momento, esos cuidados que parecen intrínsecos de las mujeres, se presentan más urgentes y es una oportunidad para que comiencen a ser más reconocidos y acompañados.

La historiadora Josefina L. Martínez advertía en izquierdadiario.es sobre la profunda crisis social y de cuidados en las familias trabajadoras, derivada del cierre de los centros educativos como medida de prevención. En este sentido, explicaba que “esta crisis afectará especialmente a las mujeres trabajadoras. Aunque la tasa de empleo femenina en el Estado español sigue estando por detrás de la media europea, ha aumentado en los últimos años, alcanzando el 61%”. Como dato clave: “en la mayoría de los hogares formados por dos progenitores, ambos trabajan, aunque las mujeres son mayoría entre las personas con jornada a tiempo parcial (3 de cada 4)”. Mostrando de este modo “la estrecha relación que existe entre precariedad laboral y cuidados feminizados”, es decir, de las personas asalariadas que trabajan a tiempo parcial por la necesidad de cuidar a otras personas, el 94,74% son mujeres, por ejemplo.

Son muchos los casos de mujeres trabajadoras de diferentes sectores precarizados que ven su situación laboral inestable o impredecible ante este Estado de alarma. Diario16 ha tenido la oportunidad de hablar con ellas y estas son sus historias.

Limpieza y cuidados

Begoña es limpiadora y cuidadora de sus padres dependientes. La empresa para la que trabaja no ha tomado medidas de prevención contra el coronavirus y aunque los centros públicos donde limpia se encuentran cerrados, ella y sus compañeras siguen trabajando. “Estamos totalmente expuestas a contraer el virus y somos las propias trabajadoras las que nos hemos encargado de comprar las mascarillas y los guantes porque la empresa no nos ha facilitado nada”, relata esta trabajadora gaditana. Begoña lamenta que ayer tuvieron un curso de riesgos laborales y “no se habló en ningún momento del coronavirus, ni de lo que tenemos que hacer para prevenir su contagio”. Además de limpiar edificios públicos, Begoña también limpia una mutua por la tarde “donde siguen acudiendo personas accidentadas que pueden ser portadoras del virus”, comenta la gaditana, que está muy preocupada con este tema por ser la cuidadora de sus padres dependientes con los que, además, convive al azar de poder quedar contagiados.

Arte

Eva Zurita es una artista malagueña residente en Barcelona que se está viendo claramente afectada por el parón del coronavirus, ya que la mayoría de sus pedidos son vía online. “Llevo casi un mes sin ninguna venta en mi tienda online y creo que esto no solo se debe al miedo de recibir un envío, sino que la economía se está hundiendo y está habiendo muchos despidos y negocios cerrando”. Eva se ve afectada porque sus productos no son de primera necesidad y, en este sentido, muchas personas han dejado consumir arte, diseño, ropa…. “También vendo género a tiendas y tampoco he recibido ningún pedido desde hace mes y medio”, lamenta la artista. Pone el ejemplo de una tienda Noruega situada en el centro turística, que suele hacerle cinco pedidos anuales por valor de 1000 euros cada uno, pero “este año todavía no me hice ninguno, imagino tal vez que porque tampoco están llegando cruceros”.

Otra de sus fuentes de ingresos son las clases de arte que imparte en un colegio, que también se han paralizado. “Mis ingresos por ahora son cero, aunque tengo proyectos que salieron antes de esta situación y espero que alguno se mantenga… No obstante, algunos se han quedado en el aire”, comenta. El confinamiento en casa no es problema para Eva, ya que normalmente trabaja desde casa y aprovechará el encierro para producir mucho “por si esto remonta pronto”. Zurita se siente tranquila porque “al menos me pagaron un par de cosas que tenía atrasadas y tengo un pequeño colchón de dinero”, aunque ya está contemplando otras opciones por si la situación hace que cambie el mercado y tenga que reinventarse. Por ahora solo le queda producir, esperar y disfrutar del tiempo en casa.

Hostelería

En el restaurante italiano de Carmen no se ha prevenido de ninguna manera el posible contagio por coronavirus, más que con la advertencia de lavarse bien las manos. Carmen imagina que “los encargados cerrarán el negocio únicamente cuando las autoridades lo obliguen de forma pública”. Por el momento actúan como si no pasara nada, mientras que las trabajadoras que están libres o de vacaciones, tienen que ir al restaurante de igual forma a cobrar su nómina semanal en mano, sin ni siquiera darles la oportunidad de ingresársela -en precario- por transferencia, para evitar al menos así tener que salir de casa.

Cultura

La cultura es la primera víctima en tiempo de crisis y en este caso no iba a ser menos. Sonia es autónoma y trabaja en el sector de la producción de eventos culturales. Actualmente prestaba un servicio para la administración pública de Madrid, que se ha paralizado con el Estado de alarma. “El caso de los autónomos es especialmente sangrante, sobre todo por la incertidumbre que tenemos”, explica Sonia. Los eventos culturales que estaban previstos para estos días o para fechas próximas han sido suspendidos o pospuestos, “lo que nos deja en un lugar de incertidumbre frente a la administración, pues esta trabaja con presupuestos cerrados para este tipo de proyectos y ampliar los plazos de ejecución de los servicios que prestamos los autónomos se presenta complicado”, comenta.

“Mi contrato figura hasta el 31 de mayo y en el caso de que se cancelara el evento mi contrato se rescindiría, pero si el proyecto se pospusiera hasta junio, tendrían que hacerme un contrato de un mes, algo que veo muy complicado porque el evento para el que trabajo es dentro de dos meses y ya hay una previsión de gastos con partidas comprometidas con los proveedores”, interpreta Sonia. A su parecer, “va a ser difícil ampliar el contrato a todos estos autónomos que prestan el servicio y que puedan pasar una nueva factura para el cobro” y, además, “no sabemos cuándo se va a tomar una decisión respecto a este tema”.

Moda

“Me asustaré cuando mi empresa me diga que tengo que irme a mi casa”, afirma Javiera, una empleada de Sfera que, aun siendo consciente de que la ropa no es un producto de primera necesidad, entiende que ir a trabajar no es una opción, sino una obligación. A esta trabajadora de la tienda de ropa perteneciente a El Corte Inglés no le sorprende que su empresa continúe con las puertas abiertas, ya que “no cierran ni en las huelgas generales”, asegura con una medio risa. Javiera sostiene que “debemos normalizar la situación y no dejarnos llevar por la histeria colectiva”, un comentario que parece venir patrocinado por los altos cargos de la empresa, pues por otro lado argumenta que “es un comercio y vive de las ventas, por tanto no pueden dejar de vender”. Por ahora, las únicas medidas tomadas han sido enviar a las embarazadas a sus casas y que las demás procuren lavarse las manos y toser con la boca tapada con el brazo, mientras las ventas siguen bajando.

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