Thomas Kemmerich.

El primer ministro del Estado alemán de Turingia no ha podido soportar la gran presión que ha sufrido tras su infecto pacto con los neonazis de AfD y finalmente ha presentado su dimisión “irrevocable”. Era imposible que el liberal Thomas Kemmerich siguiera un minuto más en su cargo después de que la canciller Angela Merkel calificara sus cambalaches con la extrema derecha para llegar al poder como “impresentables”. Medio país se le había echado encima al político liberal, no solo Merkel, también un amplio sector de la clase política, incluidos miembros destacados de su propia formación política, el FDP.

Kemmerich, candidato del Partido Liberal Alemán, salió elegido como nuevo jefe del Gobierno de Turingia en tercera ronda de votaciones, tras un sorprendente y poco presentable proceso de negociación y pacto. La votación entre Kemmerich y Bodo Ramelow, del partido La Izquierda y primer ministro saliente, estuvo muy disputada. Ramelow obtuvo 44 votos, mientras que el nuevo primer ministro salió elegido por tan solo un voto de diferencia, con 45 sufragios y después de que los representantes de la CDU (el partido de Merkel) y los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) le prestaran su apoyo. Era la primera vez que algo así ocurría en Alemania desde 1945 y un nefasto precedente que debería poner los pelos de punta a los europeos.

Poco han tardado los neofascistas de AfD, que se las prometían muy felices por sus pactos con Kemmerich, en arremeter públicamente contra el sistema parlamentario alemán, tal como hizo Hitler cuando llegó al poder en 1933: “Esto demuestra lo lamentable que es nuestra democracia”, tuiteó airadamente el copresidente del partido neofascista, Jörg Meuthen.

Desde que se diera a conocer el pacto de Gobierno en Turingia, la presión contra Kemmerich no ha dejado de ir en aumento. Era la primera vez que un primer ministro regional era elegido con el apoyo de los ultras desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Tal como avanzó él mismo esta semana, Kemmerich ha renunciado a su cargo con efecto “inmediato” tras el escándalo suscitado por su elección.

Al mismo tiempo, la coalición de Gobierno que forman la Unión Demócrata Cristiana (CDU), de la canciller Angela Merkel, su socia bávara, la Unión Social Cristiana (CSU), y el Partido Socialdemócrata (SPD) han exigido la celebración de nuevas elecciones en este Estado del este de Alemania. La repetición de los comicios regionales es algo que todo el mundo da por hecho en Berlín “por razones de legitimidad de la política”.

“Descartamos la formación de un Gobierno y de mayorías políticas con los votos de la ultraderechista Alternativa para Alemania AfD. Esta es y sigue siendo la decisión para todos los niveles de los partidos que forman la coalición”, señala una declaración emitida por el partido de Merkel. El comunicado destaca que es importante asegurar “rápidamente” condiciones estables y claras en Turingia y añadió que la elección del primer ministro con una mayoría basada únicamente en los votos de la AfD fue “un hecho imperdonable y un mal día para la democracia”. Es decir, el sistema inmunitario de Alemania ha reaccionado eficazmente contra los fascistas que pretenden destruir la democracia desde dentro.

Por su parte, Kemmerich anunció tanto su renuncia como la devolución al Tesoro del Estado de las ganancias percibidas por el cargo. “Por la presente declaro mi renuncia como jefe de Gobierno del Estado Libre de Turingia con efecto inmediato”, señala en su comunicado de dimisión que recoge Europa Press.

Tras la elección de Kemmerich el miércoles pasado, el FDP y la CDU fueron sometidos a una fuerte presión en todo el país porque, al igual que la AfD, optaron de manera sorprendente por el candidato liberal como nuevo primer ministro de Turingia en la tercera ronda de votaciones.

La AfD está liderada en la región por Björn Höcke, fundador del ala más radical del partido cuya existencia está clasificada por la Oficina de Protección de la Constitución como un “caso sospechoso de extremismo de derecha”.

La situación vivida estos días en Alemania es calcada a lo que está ocurriendo con la extrema derecha en algunas comunidades autónomas de España, solo que en el país germano los cordones sanitarios funcionan a la perfección y aquí dejamos que los franquistas se metan hasta la cocina en las instituciones democráticas sin que nadie mueva un solo dedo. Por decirlo de alguna manera, es como si Ciudadanos hubiese logrado una victoria electoral sin mayoría absoluta en unas elecciones andaluzas, Juan Marín hubiese conseguido formar Gobierno con los apoyos del PP y la ultraderecha de Vox y finalmente hubiese tenido que presentar la dimisión por las presiones del Gobierno central (pongamos por caso de un Pablo Casado en la Moncloa), de la prensa, de la opinión pública y del sector más moderado de su propio partido naranja, incluida Inés Arrimadas. ¿A que todo eso resulta absolutamente inconcebible? Pues es que Spain sigue siendo muy different.

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