Hace tres años César Strawberry nos concedía esta interesante entrevista. Hablábamos con él precisamente sobre la situación en la que se encontraba, puesto que la Audiencia Nacional había decidido absolverle alegando que: “Estas explicaciones y contextualizaciones que va dando el acusado se ven corroboradas por el dato de que en sus manifestaciones artísticas no existe una defensa de la violencia, si no es precisamente para, desde el sarcasmo y la ironía, provocar el efecto contrario”.

Después el Tribunal Supremo le había condenado a un año de cárcel por unos tuits, que según la sentencia “alimentan el discurso del odio, legitiman el terrorismo como fórmula de solución de los conflictos sociales y, lo que es más importante, obligan a la víctima al recuerdo de la lacerante vivencia de la amenaza, el secuestro o el asesinato de un familiar cercano”. También le condenaron a 6 años y 6 meses de inhabilitación absoluta.

Ya en su momento, el fiscal del Supremo Álvaro Redondo expuso en su acusación que en este caso se ponían en peligro “los bienes jurídicos más preciados por los ciudadanos, la vida y la libertad, afectados ambos de modo directo y brutal por la actuación del terrorismo”.

Para el juez Marchena la intencionalidad del cantante era lo de menos, ya que el artículo 578 del Código Penal, según él, no exige acreditar con qué finalidad se ejecutan los actos de enaltecimiento o humillación.

Pero en su día hubo uno, un voto particular que merece la pena rescatar siempre: el del juez Perfecto Andrés Ibáñez para quien los comentarios vertidos por el cantante “no pasan de ser meros exabruptos sin mayor recorrido, que se agotan en sí mismos; desde luego francamente inaceptables, pero esto sólo”.

Desde entonces, César se ha convertido en un icono de la libertad de expresión. Su condena resultó tan aberrante, que ha generado una movilización masiva a su alrededor. Y el Tribunal Constitucional ha confirmado que la defensa de Strawberry tenía razón: ha anulado la condena por enaltecimiento del terrorismo. Se ha anulado la condena al entender que estos mensajes entran dentro de la libertad de expresión del artista.

Si no lo ha hecho ya, le recomendamos que lea la entrevista. Merece la pena, y sobre todo ahora.

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