Un enorme “consenso” recorre España, de norte a sur, de este a oeste. Un consenso incluso más fuerte que el de la Transición,   que se da entre la élite política y económica de este país,  y que es impuesto a sangre y ruina a los demás: el consenso “Bolsonaro”. Éste consiste en imponer el mantra de que “hay que convivir con el virus”, el de “los colegios son seguros”, todo con el único objetivo de no aplicar cierres totales y de mantener los colegios abiertos a toda costa para que los padres vayan a trabajar y a producir plusvalías.

La consecuencia de este consenso “Bolsonaro”, presente en toda la élite política de este país, y que pese a distintas siglas no son más que distintas caras del dios Jano, además de la ruina de miles y miles de pequeñas empresas, el cierre de miles y  miles de comercios y establecimientos de hostelería, es una carnicería sin precedentes. Las cifras son tozudas, e indican que ya hemos pasado de  los 3 millones de casos, que hemos superado los 60.000 muertos oficiales (y con toda seguridad los 80.000 reales), y lo que es peor, que a finales de marzo estaremos en más de 80.000 fallecidos oficiales, 100.000 reales, y seguramente los cuatro millones de casos. Se dice pronto. Todo por no aplicar cierres totales de forma puntual que permitiesen bajar de verdad el número de casos, por  empeñarse en mantener a toda costa los colegios abiertos, y por  seguir el camino de restricciones parciales y más bien cosméticas que solo llevan a la ruina y a la catástrofe sanitaria. No es cierto que España no se pueda permitir cierres totales; países mucho más pobres que nosotros, como Grecia,  lo han hecho, con el resultado de que hoy ese país  presenta un número de casos  equivalente a si nosotros tuviésemos 2.500 diarios y no 30.000 casos al día. Por no hablar de que España ha sido prácticamente el único país de Europa en no cerrar colegios y universidades, aún en el momento de presentar la segunda peor Incidencia Acumulada  de toda Unión Europea.

Entre la élite de este país existe pues un consenso total: la salud y la vida de los ciudadanos españoles no valen nada. Para ellos somos totalmente prescindibles. Y eso ha sido una constante continua en la Historia de este país: el desprecio y  el odio hacia los españoles por parte de aquellos que se autodenominan élite.

En fin, terribles tiempos estos que nos tocan vivir. Sobre todo por la indefensión total que padecemos, porque estamos a merced del capricho de desalmados. Algún día, supongo yo, los españoles de a pie reaccionaremos.

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