Esperanza Aguirre compareció en la comisión “sobre la presunta financiación irregular del PP”.  Lo hizo con aquellos aires con los que hacen las cosas los que se saben impunes. Los que tienen la certeza que nunca nada les pasa y que siempre caen de pie. De hecho, los aires de Aguirre ante la cámara de representantes son los de alguien que se considera por encima del bien, del mal e incluso del regular.

Doña Espe fue interrogada por sus señorías. Uno de los interrogatorios fue a cargo del diputado de ERC Gabriel Rufián. La Grande de España no tuvo ningún reparo en tratar a Rufián como un ignorante, un chisgarabís de barrio, paleto y venido a más. Al inicio de su intervención le faltó tiempo para intentar invalidar lo que vendría después diciendo que si bien todos -o la mayoría- de diputados de la comisión eran grandes expertos juristas el diputado catalán era poco más que un tipo con suerte.

El diputado catalán  desplegó una retahíla de argumentos incontestables que vinculan a la condesa con presuntos enriquecimientos ilícitos, campañas pagadas en “b”, etc. A Espe le costó bien poco decir que no sabía nada de lo que le estaban hablando e intentó que el ventilador funcionara en contra del diputado Rufián. Sin ningún rubor sacó a relucir la detención de la gente de los CDR y, con absoluta desvergüenza recalcó que fue por terrorismo. Ni una sola certeza sacamos en claro del interrogatorio “salvo alguna cosa”. Para más inri el presidente de la comisión, del PSOE, estuvo a punto de expulsar al diputado por “desviarse del tema”. Los aires de suficiencia de doña Aguirre Gil de Biedma y el espantajo del terrorismo -la excusa, la insidia del terrorismo- fue lo único que se pudo poner de relieve. Nada que no esperásemos. 

Que una persona que lo ha sido todo durante más de 20 años en un partido casi plenipotenciario diga con aplomo, en una comisión de investigación con luz y taquígrafos, que no sabía nada de lo que en su casa se cocía no se lo cree nadie que esté en su sano juicio. Incluso un humilde espectador sin ningún título universitario, incluso un diputado no experto en temas judiciales sabe que esto es, básicamente, imposible. Para verlo, para denunciarlo no hacen falta estudios, solamente hace falta un poco de decencia. La misma expresidenta le reconoció al diputado que quizá era una negligente, pero esto es poco creíble, especialmente viniendo de alguien que, según sus propios allegados, no dejaba que se moviera un solo papel sin su permiso.

Y de esto va señores, va de clasismo. Va de impunidad y, sobre todo, de servilismo. El servilismo de la supuesta izquierda que se decía representaba el PSOE y que ahora no hace nada más que poner la alfombra roja a los que siempre han mandado a cambio d un trocito -pequeño- de pastel para los suyos. De la comparecencia de Aguirre lo más destacable, tristemente, fue la actitud de la presidencia, en manos de Nueva Canaria -socio del PSOE-, cortando al diputado de ERC y amenazándole con echarlo a pesar de que fue la compareciente la que no contestaba y la que desviaba el tema insultando al diputado y a su gente.

Basta ya de ser serviles. Puede que algunos siempre caigan de pie porqué, simplemente, les dejamos que así sea. Planteémonos, de una vez por todas, dejar de ser la criada protestona y cojamos las riendas de nuestro destino.

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