A pesar de la alarma social, los principales centros de explotación laboral infantil no han hecho ningún progreso tangible en los últimos tres años. Así lo refleja el informe Índice del Trabajo Infantil 2018, publicado por la consultora británica Verisk Maplecroft.

China, Vietnam, Bangladesh, Camboya, Corea del Norte Somalia o Sudán del Sur son los principales epicentros de la explotación laboral de los niños. Todo ello a pesar de que muchos de estos países están logrando un crecimiento económico por encima de la media mundial.

Esta tendencia de no realizar avances en la lucha contra el trabajo infantil es muy marcada en países como Turquía, Bangladesh o Etiopía. Según el informe, una de las causas de esto es que los beneficios de este crecimiento no llega a las capas más bajas de la sociedad y cualquier progreso en el respeto de los derechos laborales es visto por muchas empresas nativas como un retroceso en la rentabilidad del trabajo.

En el mundo hay aproximadamente 150 millones de niños explotados laboralmente.

Esta situación está provocada porque las grandes multinacionales no cancelan sus contratos con proveedores locales que no cumplen con las normas de respeto de los derechos de los trabajadores. Ejemplos hay muchos, pero, sobre todo, donde mejor se ve es en el sector del textil.

El Grupo Inditex del «filántropo» Amancio Ortega, por ejemplo, sido investigada por diferentes países por mantener proveedores que promovían el «trabajo esclavo». Así ocurrió, por ejemplo, en el año 2011 en Brasil, cuando una serie de trabajadores fueron rescatados en unas condiciones degradantes, trabajadores que tejían las prendas para varias de las empresas de Ortega.

En el año 2017 el gobierno brasileño sancionó con 1,3 millones de euros a Zara por incumplimiento de un acuerdo en el que se comprometía a erradicar las condiciones de trabajo esclavo.

Por otro lado, en octubre de 2016 lnos encontramos con el escándalo hecho público por el programa Panorama de la BBC en el que se descubrió cómo se estaban confeccionando prendas para grandes empresas del sector textil como Mango, Marks & Spencer, Asos o Zara en los campos para los refugiados sirios situados en Turquía.

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