Foto: Agustín Millán

¿Hasta dónde se quiere forzar la situación en Cataluña? ¿Hay algún tipo de límite o cada uno tiene su propio límite? ¿O para algunos no hay límite alguno?

El Partido Popular y Ciudadanos se erigen como defensores de, por un lado, la sociedad española externa a Cataluña y, por otro lado, de la población no independentista de Cataluña. Según estos partidos, la reivindicación independentista ataca los derechos de los sectores de población antes mencionados: la mayoría de población de España, y alrededor de la mitad en Cataluña. Si la reivindicación catalana la ceñimos a realizar un referéndum y aceptar el resultado, su posición continúa siendo la misma. Sin embargo, con una diferencia: continuarían defendiendo esos “derechos” mayoritarios en el resto de España, pero muy minoritarios en Cataluña (si los partidarios del referéndum como solución oscilan entre el 70 y 80%, significa que los contrarios a éste son entre un 20 y 30% de la población catalana). Para ello, consideran que todos los medios son válidos: la violencia del Estado (1 de octubre) o la restricción preventiva de libertades y, a posteriori, sentenciada en base a una violencia que en su momento fue inexistente. La posición del PSOE sería la misma, con una simple suavización del discurso a conveniencia del momento político y cierta “deshonestidad” en unos discursos vacíos de contenido (estar dispuestos a dialogar) y los hechos (no dialogar). El PSC se ha convertido, al respecto, en una simple sucursal subsidiaria.

Como es natural, la posición de estos partidos no es representativa de los individuos catalanes que reivindican el derecho a la independencia. Curiosamente, tampoco lo es de aquellos votantes suyos que, en las encuestas, se muestran partidarios de celebrar un referéndum. La cuestión no se queda aquí: no hay ningún tipo de intención de “escuchar” y pretender comprender la reivindicación, paso primero para establecer un diálogo y tener que argumentar las posiciones propias. Su convicción es tan grande, y tan retroalimentada por sus medios afines, que no queda espacio para la política. El hecho de que, tras los primeros incidentes y disturbios de la post sentencia, el presidente del gobierno español (Pedro Sánchez) se reúna con todos los líderes políticos excepto aquellos que representan la reivindicación (mayoritarios en Cataluña y que, además, constituyen su gobierno), sirva como ejemplo de ello. Aunque los ejemplos serían innumerables.

Por otro lado, tenemos los partidos directamente independentistas (JxCat, ERC, CUP) que casi llegan al 50% de la sociedad catalana, y que lo sobrepasan llegando al 55% si les sumamos los Comuns (partidarios, simplemente, del referéndum). Los tres primeros partidos, es evidente, no son representativos de aquellos que no desean la independencia, y, además, “tampoco los tienen en cuenta” si optan por la vía unilateral. No voy a entrar a dirimir si el 1-O justifica o legitima la vía unilateral. Aunque considere ignominioso el uso de la violencia del Estado contra la población que se manifiesta y desobedece pacíficamente, aunque opine que fue uno de los mayores actos (sino el mayor) de desobediencia civil pacífica en la historia europea, ello, por sí solo, no legitima la vía unilateral.

Tres preguntas al respecto de todo ello:

1) La presión unilateral (simbólica con aquella DUI) y la situación actual, ¿son fruto de una “desesperación”? Creo que hay algo de ello. La posición monolítica del Estado, anclado en un No a todo e innegociable, y que expulsa del tapete cualquier intento de política, es desesperante. Además, el haber adoptado el Estado una posición moral, permitiendo que una gran parte de la población española vea los catalanes reivindicativos como “malos”, “supremacistas”, etcétera, imposibilita aún más esa política. El poeta inglés John Dryden decía que <<carece de nobleza quien no se atreve a alabar a un enemigo>>. Este es un gran problema: asumido ya que el independentista o el soberanista es un enemigo, se le ha añadido el desprecio moral. De aquí a la xenofobia hacia lo catalán, hay una fina línea. Si el PP puso el inmovilismo, Ciudadanos le añadió el desprecio. El PSOE, a remolque.

Los independentistas, frente a esta “desesperación”, pueden argüir que, durante años y años, han querido ir por esa vía política, apostando por un referéndum acordado con el Estado. Durante los últimos diez años (desde el ataque a la democracia que supuso la intervención del TC en el Estatut), desde Cataluña se ha intentado esa negociación política. El Estado y sus partidos, ni siquiera se lo han planteado, sembrando una duda, primero, y una certeza, después: <<hay una concepción del Estado (monárquico, centralista, único cultural e identitariamente) que pasa por encima de la voluntad de sus ciudadanos>>. Es una concepción no ya innegociable, sino incuestionable.

Al ser tan rígida, gran parte de la población catalana se ha sentido excluida, no parte de España, sino propiedad. Y le añadimos el aliño del anti catalanismo explícito del PP (recoger firmas por toda España “contra” el Estatut) y la burda demagogia sembradora de odio de Ciudadanos (cuánto daño han hecho a la convivencia por unos votos). ¿Es el extremo de esa desesperación lo que vemos en la gente más joven, algunos de los cuales se lanzan a los disturbios por pura rabia (no incluyo los violentos que aparecen y se apuntan a lo que sea)?

2) Segunda pregunta: ¿cómo puede ser que tanto los partidos españolistas como los catalanistas, con dos posiciones tan contrarias, digan defender la “libertad”? ¿Quién es, libertad, a la que tantos defienden? El Estado español, ¿qué libertad protege o defiende? Según él, la de aproximadamente la mitad de catalanes que no votan independentismo, y la del resto de españoles. Pero no estoy de acuerdo. El Estado lo único que protege es una idea o concepción inamovible de España. Protege la corona, protege una nación reflejo de otra (la castellana) por encima de otras naciones (catalana, vasca, gallega), de una lengua (la castellana, hoy día ya extendida a española) por encima de las otras. Si la libertad que dicen defender esos partidos de “estado” (PP, PSOE/PSC, C’s) fuera la de los individuos, la de las personas, se plantearía, como mínimo, cómo afrontar ese 70 – 80% de catalanes partidarios del referéndum. Al menos se lo plantearía, los tendría en cuenta, escucharía, debatiría, argumentaría. Pero no es así. Ni si quiera los tiene en cuenta: los ningunea, no existen. La “libertad” que defiende el Estado es abstracta, la de una concepción abstracta de una nación sobre las otras (aunque no tan abstracta en la gestión de los recursos y del poder).

¿Y la libertad que defienden los independentistas? Para el argumento que voy a esgrimir, hay una premisa: hasta el independentista más extremista y furibundo firmaría, con los ojos cerrados, la posibilidad de un referéndum. Aun a sabiendas de la incertidumbre sobre el resultado. Cojan el más unilateral de los independentistas y denle la posibilidad de que vote, y verán qué hace con su unilateralidad. Y esto es importante, porque la unilateralidad se sustenta, solamente, en la imposibilidad del referéndum. Es votar, democrática y pacíficamente, la intención original.

Entonces, el referéndum, ¿qué libertades restringe? Todos esos votantes del PSC, C’s o PP en Cataluña, podrían ir a votar… y su voto valdría tanto como el de los simpatizantes de ERC, JxCat, CUP o Comuns. Desde el Estado se dice, a menudo por Ciudadanos, que <<no se puede obligar a nadie a elegir entre ser español o catalán>>. Vamos a ver, por un lado, esto no es cierto: no eligen qué son, sino si Cataluña se independiza de España o no.

Pero cualquiera puede continuar siendo, por ejemplo, español: nadie les va a retirar su nacionalidad. Pero es que, aparte de la simpleza de que, si no quieren elegir nada, se pueden quedar en su casa y no ir a votar, ¿la democracia no es, también, la libertad de elegir? ¿Lo que se rechaza es que la gente decida por sí misma, o les aterra el resultado? ¿O el pánico a que ese referéndum se contagiase a España y muchos planeasen uno entre Monarquía y República? El referéndum, respecto a los catalanes, defiende la libertad de todos.

Ah, pero, ¿restringe las libertades de los españoles? Se supone que el Estado y los españoles que lo secundan, creen que sí. Aquí se debería tener en cuenta qué entiende uno por libertad, intentando ceñirse a la vida real de las personas, y no a ideas abstractas (como “unidad de España”).

En primer lugar, mirando países como Canadá y el Reino Unido, “no menos democráticos que España”, en el referéndum sobre el Quebec votaron solamente los quebequeses, y en el de Escocia, los escoceses. Los ingleses, si acaso, pedían a los escoceses que votasen No, e intentaban convencerlos, pero alguien de Londres o de Liverpool o de Cardiff no esgrimía falta de libertad por no poder votar, él, sobre la independencia de Escocia.

El Reino Unido es una idea política, una concepción, un acuerdo. No es carne. Asimismo, la vida de una profesora de Cuenca o de un peluquero de Huelva no es “menos libre” si España, una idea, una concepción, un acuerdo político, incluye Cataluña o no. Y, decir que si la independencia de Cataluña afectaría su economía esto los haría menos libres, es una falacia. Tener más dinero para, por ejemplo, irnos de vacaciones a Roma, no nos hace ni más ni menos libres. Nos hará más o menos ricos, pero no más o menos libres. Porqué si la libertad del peluquero de Huelva depende de la contribución económica de los catalanes al estado español, vamos apañados. Aunque, de todos modos, nadie del Estado ha hablado sobre ello. No se habla de nada. No se plantea nada.

Díganme, ¿está restringida la libertad de los catalanes en la situación actual? Opino que sí. Los catalanes no pueden votar libremente en un referéndum que desea entre el 70 y 80% de la población. Votarlo, no restringe su libertad, pero no hacerlo, sí. Además, el sistema catalán está basado en el Estatut, y ese peso ahora recae en un Estatut que no han votado los catalanes. Recuerden: el Estatut aprobado por referéndum, aprobado por el Parlament catalán y aprobado por el Congreso español, fue reconvertido por un Tribunal (en “manos” del PP, el partido que recogió firmas por toda España en contra de ese Estaut).

Me podrían decir, “hagan otro”, pero no: ese es el que votó la gente, el que aprobó el Parlament. Y le pueden añadir que, en los últimos 10 años, es continua la cantidad de leyes aprobadas democráticamente por el Parlament y que son anuladas por el sistema judicial español. Todo ello demuestra, sobre todo, una cosa: el problema es profundamente político, y es entre Cataluña y el estado español. Solamente se convierte en un problema interno catalán (como tanto ama decir el condescendiente Pedro Sánchez) cuando el Estado se niega rotundamente a hacer política y, “por desesperación”, los independentistas coquetean simbólicamente con la unilateralidad. y 3) Última pregunta: ¿dónde nos lleva todo esto?

La sentencia del “procés”, como hecho consumado, solamente va a tener un efecto tangencial, pero no por sí misma (porque no es una solución a nada, sino solamente representa la “posición” del Estado). Me explico: la sentencia y sus derivados colaterales solamente tendrán consecuencias, o no, dependiendo de sus efectos en la reacción internacional y/o el efecto en las elecciones (las próximas estatales o unas autonómicas). En el caso que los resultados ofrezcan los mismos porcentajes de siempre, no pasará nada, que es decir que todo irá a peor.

En el caso que los independentistas sobrepasen el 50%, el discurso de Pedro Sánchez, que insiste basarse en que los independentistas son minoría, caerá por los suelos. Entonces, los independentistas, entre los que me incluyo, si estarán legitimados para la vía unilateral. Y muchos estarán dispuestos a una revolución. Un servidor opina que, con el inmovilismo del Estado, esta situación solamente es cuestión de tiempo. Y que vamos directos hacia ese precipicio debido a un solo camino imposible marcado por el PP cuyo testigo ha recogido el PSOE/PSC.

¿Es evitable? Mi opinión no gustará, pero creo que una de las pocas maneras reales pasa por los Comuns (el Podemos de Cataluña, partidarios del referéndum) y de todas esas personas que, sin votar independentismo, creen que el referéndum es la solución. ¿Los hago responsables? Ni mucho menos. Para un servidor, el principal responsable es el inmovilismo del Estado y algunos errores estratégicos de los políticos independentistas (ya sean debidos a ese inmovilismo, a la desesperación mencionada o a huir hacia adelante, como deseen). Pero sí opino que la posición de los Comuns y de aquellos partidarios del referéndum debería ser más explícita, y ejercer una presión social y política mucho más fuerte. Que los partidos independentistas, además, deberían “dejar espacio” para ello. No abogo simplemente por la vía ERC, pues opino explícitamente emprender la vía unilateral si en unas elecciones se sobrepasa el 50%, cosa a la que ERC renuncia. Pero también creo que es un error llegar hasta allí.

No es que la independencia de Cataluña signifique la libertad, sino que, sin la posibilidad de esta alternativa, sin la posibilidad de elección, para el 70 u 80% que opina votar, no hay libertad. Una sociedad, en este caso la catalana, no puede tener su futuro totalmente determinado por una serie de razones (digamos la Constitución de 1978) que fueron válidas en un momento histórico muy determinado, bajo el peso de una dictadura fascista inmiscuida en todos los poderes del Estado, y para una sociedad que poco tiene que ver con la actual. Si la sociedad española considera que “para ellos” algo monolítico y anclado es una verdad que debe regir sus vidas, es su conformismo, pero no puede ser que nos lo impongan a los catalanes. El conformismo es una prisión autoimpuesta y plácida, pero es propia: no hay ningún tipo de valor ético que permita imponer al otro que también se conforme. Ese 70 u 80%, no se conforma. La única manera de salir del atolladero es poder unir ese 70 u 80% de la sociedad en un derecho individual: que cada persona pueda votar y decidir por sí misma. Libremente, pacíficamente, democráticamente.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

8 Comentarios

  1. De donde sacas tu lo del 70%.. De los datos de Torra y el diario Ara? Sois unos estómagos agradecidos y una basura periodística…

  2. Una vez leído y además contrastado, vivo en Catalunya, llego a la conclusión que no deja de ser la opinión de alguien proclive al separatismo catalán. Cae en el error de nombrar y repetir los mantras independentistas aportando tan sólo las soluciones de los secesionistas. En ningún momento los cuestiona, ni tan sólo habla de la aberración del 6 y 7 de septiembre de 2017. En fin, otro intento más de llevar al terreno indepe al lector no catalán.

  3. es una revolución burguesa, en la que no se busca defender los derechos de los trabajadores catalanes, solo se busca un objetivo nacionalista y anti-marxista

  4. A R:
    No tienes ni idea de lo que ocurre en Catalunya.
    El decidir que es lo que quiere el pueblo catalán lo empezó el pueblo catalán y lo terminará decidiendo el pueblo catalán no sus políticos. Todo empezó desde abajo y se terminará culminando desde abajo.
    A ver si os enteráis.

    • Decir que no tiene ni idea y soltar sandeces a continuación solo demuestra una ignorancia extrema de la situación. Ni idea de quién lo empezó y mucho menos por qué… nosotros, el pueblo catalán, tan solo somos unos borregos al «servei de l’amo».

  5. El 70-80 % de población que quiere un referéndum, es real. Hace años que en todas las encuestas de opinión salen estos mismos porcentajes. Todos los independentistas quieren un referéndum porque si se gana, es la única forma fácil y sin violencia de conseguir la independencia.
    Muchos no independentistas también lo quieten porque creen que la mayoría va a votar No y de esa forma se acabará, al menos por una generación, el deseo de independencia.

  6. Y yo, que no soy catalán.. ¿no tengo nada que opinar sobre que me choricen una parte de mi país…? ¿yo me tengo que estar calladito..? Vamos.. anda ya!!

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