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El ascenso imparable de China en la escena internacional en un nuevo contexto de «Guerra Fría»

Taiwán está en el ojo del huracán, pero la nueva Guerra Fría entre Pekín y Washington tiene nuevos escenarios en los que se desarrollará, como por ejemplo el mar de la China Meridional e India, con quien el gigante chino tiene litigios territoriales. La profecía de Napoleón, quien aseguró que "cuando China despierte, el mundo temblará", ya se está cumpliendo

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La nueva Guerra Fría ya está aquí y tiene como escenario a Asia, dejando atrás las viejas rivalidades de Euroasia y como un asunto local, casi sin importancia, a los enfrentamientos entre la vieja Europa y Rusia. La errática, desordenada y caótica salida de los occidentales de Afganistán fue el pistoletazo de salida para China al nuevo orden internacional, una vez comprobado el fracaso de los Estados Unidos, y de todo Occidente, en definitiva, que lideraba la OTAN en ese país, en esta parte del mundo. 

Pero esta nueva Guerra Fría, que ya ha comenzado y se está desarrollando con los sobrevuelos de China sobre Taiwán, donde enseña los dientes al mundo y reivindica su carácter de potencia global a todos los países del continente, tendrá sus consecuencias. Ya lo advertía Henry Kissinger, el arquitecto de la reconciliación entre los Estados Unidos y China en los años setenta del siglo pasado, cuando aseguró que «una guerra fría entre los dos países frenaría el progreso para una generación a ambos lados del Pacífico».

Al tiempo que China invierte ingentes recursos en su carrera militar, Estados Unidos también ha cambiado su política exterior con respecto a Asia, un giro que ya comenzó en la era de Donald Trump y que Joe Biden afianza ahora, demostrando que en este país al margen de quien sea el inquilino de la Casa Blanca -demócrata o republicano- la orientación geoestratégica en defensa de sus intereses siempre se mantiene. 

Lo que no cabe duda es que los Estados Unidos han decidido competir en esta parte del mundo con China y lo van a hacer con energía y contundencia. Fruto de este cambio, mucho más activo y protagónico en Asia, han sido las alianzas del Quad, entre los Estados Unidos, Japón, la India y Australia, y las más reciente, que irritó a Francia y también a Europa, el famoso Aukus, con Australia y el Reino Unido, un ambicioso proyecto que dotará de submarinos de propulsión nuclear a la armada australiana, en un claro desafío al gigante chino. 

En este contexto, Taiwán adquirió un valor nuevo en términos geoestratégicos para Washington. “Las relaciones taiwano-estadounidenses han ido adquiriendo un cariz cada vez más oficial, especialmente desde la presidencia de Donald Trump. Esta evolución ha avivado las tensiones ya existentes entre las dos orillas del estrecho de Formosa desde la elección, en 2016, de la presidenta Tsai Ing-Wen. El 10 de enero de enero de 2021, a pocos días de la toma de posesión de Joe Biden, el secretario de Estado Michael Pompeo llegó incluso a anunciar que “las complejas restricciones internas que se pusieron en marcha en un intento de apaciguar a Pekín debían desaparecer”. Pompeo eliminó todas las restricciones vigentes referentes a los contactos entre funcionarios estadounidenses y taiwaneses”, explicaba en un reciente artículo la periodista Alice Herait.

En definitiva, tal como señalaba muy acertadamente el analista Lluís Bassets desde las páginas del diario español El País, «Washington no está dispuesto a abandonar sus intereses y aliados en Asia, para ceder amablemente la hegemonía mundial a Pekín, mientras que el régimen chino tiene una clara estrategia para convertirse en una superpotencia a la par con Estados Unidos a mitad de siglo, con unas fuerzas armadas a la misma altura y un proyecto de globalización de matriz china diferenciada de la globalización occidental».

El poderío de China en la escena internacional ya no tiene discusión

Hemos asistido en las últimas dos décadas, una vez constatada la desintegración de la Unión Soviética  y la desaparición del bloque comunista, al nacimiento una gran superpotencia que hasta ahora no ejercía como tal. Estamos hablando de China, claro está. El país que tiene el radiotelescopio más grande del mundo, con 500 metros de diámetro y que está enclavado en las montañas de Dawodang; tiene el puente más largo -55 kilómetros levantados, 420.000 toneladas de acero- que conecta Macao y Zhuai; también el país cuenta con la red móvil 5 G más grande del mundo, con más de 750.000 estaciones base y también China está terminando de construir la turbina eólica más grande del del mundo, que medirá 242 metros de altura. Son solamente algunos datos que avalan la imparable y meteórica carrera de China en todos los aspectos, mientras otras partes del mundo, como Africa, Oriente Medio e incluso América Latina, están estancadas y compitiendo en la escena global con un desempeño mediocre e incluso pésimo.

A este crecimiento en todos los órdenes de la potencia asiática, hay que añadirle otros elementos, como señalaba el analista ya citado Bassets: «La carrera armamentística en Asia, los progresos de China en inteligencia artificial, su ampliación del arsenal nuclear , las pruebas de con misiles hipersónicos y la envergadura creciente de sus fuerzas armadas, especialmente las marítimas, junto al espinoso contenciosos sobre el estatuto de Taiwán, no son datos tranquilizantes». 

¿Cómo pueden evolucionar las cosas a partir de ahora? La rivalidad, en principio, va a ser económica y comercial, tal como está ocurriendo hasta al día, pero no cabe duda que China sigue pensando en una anexión de Taiwán al estilo de la perpetrada por Rusia con Crimea, una afrenta a Ucrania en donde la comunidad internacional, ni ninguna de sus inútiles instituciones, incluidas las Naciones Unidas,  hizo nada de nada.  China, además, si examinamos su historia, nunca fue un país militarista y agresor; en 72 años de historia de la República Popular China apenas intentó ocupar una vez Vietnam, en 1979 y con el resultado de un sonoro fracaso, y ha tenido algunos leves incidentes fronterizos con India y Rusia, pero sin consecuencias graves en ambos casos.

Lo de Taiwán es otra cosa. “Taiwán es la pieza central de la geometría asiática del poder. La anexión, incluso pacífica, significaría la expulsión  de Estados Unidos y actuaría como un dominó sobre sus aliados, especialmente Australia, Corea del Sur y Japón, obligados a acomodarse a la nueva hegemonía de China”, asegura con mucho tino un editorial del diario español El País. Taiwán está en el punto de mira de China y la actual escalada militar, con un programa de misiles hipersónicos incluido y la instalación de nuevos silos para misiles intercontinentales, sitúa a la isla como un objetivo definido para la futura anexión.

Después Pekín mantiene abiertos contenciosos territoriales con la India y con todos sus vecinos acerca de las controvertidas aguas del mar de la China Meridional. «Desde hace años, Pekín se atribuye la soberanía sobre un 80% de las aguas del mar de China Meridional, cuya propiedad también reclaman otras cinco naciones de la región (Vietnam, Filipinas, Taiwán, Malasia y Brunei). Su valor reside tanto en su posición estratégica como punto de paso para el comercio marítimo mundial –cada año circulan por aquí unos cinco billones de euros en productos– como por los recursos minerales y pesqueros que alberga bajo la superficie», explicaba en una acertada nota el diario español La Vanguardia al referirse a este asunto.

Para concluir, lo quiero hacer con unas líneas bien acertadas y precisas del analista Bassets que concluye que :”Inquietan los movimientos militares cada vez más arriesgados de unos y de otros. También las palabras de dirigentes de ambas orillas, que dan por segura una confrontación militar dentro de la actual década. Joe Biden se juega su ambición y su programa, pero también la presencia de Estados Unidos en Asia e incluso la hegemonía en el mundo. Una anexión como la de Crimea por Rusia sería la definitiva inauguración del siglo imperial de la China comunista. Como en el Berlín del bloqueo soviético de 1949 y de la construcción del muro en 1961, sobre Taiwán pende la amenaza de una guerra entre dos superpotencias nucleares”. Por ahora, las espadas están en alto y la crisis no ha hecho que comenzar.

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