En las últimas semanas se han conocido las grabaciones efectuadas por el ex comisario José Villarejo a un nutrido grupo de hombres de negocios políticos hasta controlar 3925 números de teléfono, todo ello en relación con la llamada «Operación Trampa». Aparentemente, esas grabaciones habrían sido encargadas por directivos del BBVA para abortar una operación de toma de control del banco por alguno de los empresarios y políticos grabados por Villarejo, con intención de apartar a Francisco González (FG) de la Presidencia.

Condenando por supuesto las escuchas, que son éticamente reprobables e impropias de una sociedad civil avanzada en la que impere la legalidad, en estas páginas vamos a recordar qué pasó en aquella semana transcurrida entre finales de 2004 y febrero de 2005 porque ahí está la clave que hace entender las razones por las que el presidente del segundo banco español decide contratar a una persona como José Manuel Villarejo.

El asalto al BBVA coincidió con un momento en el que la entidad que venía de sufrir una enorme convulsión con el escándalo de las pensiones ocultas a los miembros de su Consejo de Administración y que fueron descubiertas, precisamente, por FG. Esto supuso al final del control del banco por la llamada gente de «Neguri», grupo de intereses que no era del agrado del PP de José María Aznar.

Manuel Conthe, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en la primera etapa de Zapatero, en una entrevista concedida al diario El Mundo, decía que esa operación de ataque al BBVA pivotaba sobre tres ejes:

  • Gobierno: Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno con José Luis Rodríguez Zapatero,
  • CNMV: su vicepresidente Carlos Arenillas, esposo de la que fue ministra Mercedes Cabrera
  • Grupo Prisa: Cadena SER, Javier Ruiz.

Decía Conthe en la citada entrevista: «A nosotros nos llegó, a través de un periodista de la Cadena SER, un dossier que decía que la CNMV investigaba irregularidades en la venta de la sociedad F.G. Valores a Merrill Lynch en los años 90, cuando nosotros no investigamos nada. Fue una manipulación total y absoluta por parte de la unión de una triangulación perturbadora entre la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, la Cadena SER y el vicepresidente de la CNMV».

Para entender la que realmente escondía esta supuesta operación de toma de control de BBVA hay que volver atrás en el tiempo.

El ascenso de Francisco González

Francisco González era un agente de cambio y bolsa, antes corredor de comercio, que había fundado una empresa de inversiones bursátiles —cabecera después de varias sociedades dedicadas a la negociación de valores— conocida como FG Inversiones Bursátiles, de la que eran socias varias Cajas de Ahorros a mediados de la década de los 90.

En febrero de 1996, los socios vendieron la sociedad al banco norteamericano Merrill Lynch integrado posteriormente en Bank Of América. Según noticias de prensa de aquella época, el beneficio en la venta alcanzó los 3000 millones de pesetas, unos 18 millones de euros.

Solo tres meses más tarde, el gobierno de José María Aznar movió los hilos necesarios para nombrar a Francisco González como presidente de Argentaria, un grupo que aglutinaba diferentes bancos que en su día fueron propiedad o estuvieron controlados por el Estado: Banco Exterior de España, Banco de Crédito Local, Banco de Crédito Agrícola, Banco Hipotecario de España.

Este grupo de entidades había dado lugar a la creación de Argentaria de la que Francisco Luzón, posteriormente consejero del Santander y aspirante a suceder en el trono a Emilio Botín, había sido su presidente en los últimos años de Felipe González en el poder, desde 1991 a 1996.

En ese periodo, Luzón había logrado la privatización parcial de Argentaria, consiguiendo 450.000 millones de pesetas para el Estado en el proceso. Cuando llegó Francisco González a Argentaria, el Estado seguía siendo partícipe del 6% del capital del grupo y anunció la completa privatización de Argentaria. Además, comenzó a moverse para conseguir integrar a la entidad en un grupo financiero más grande, es decir, hacer una fusión con Banco Bilbao Vizcaya (BBV), Santander Central Hispano (SCH) o Banco Popular.

La fusión de Bilbao Vizcaya con Argentaria

Tras fracasar en el intento de fusionar Argentaria con el Popular, por la oposición de Luis Valls Taberner a Francisco González, se llegó a un acuerdo de fusión con BBV, comandado por Pedro Luis Uriarte, Consejero Delegado y jefe real del banco, y Emilio Ybarra, un presidente no ejecutivo, representante de las viejas familias aristocráticas de Neguri.

De forma impensable, Francisco González consiguió ser el copresidente del banco fusionado (BBVA). Dado que las proporciones de la fusión fueron del 70% BBV y 30% Argentaria, causó sorpresa que el nuevo banco tuviese una copresidencia, con González e Ybarra al mando. Pedro Luis Uriarte sería el Consejero Delegado y en Neguri se las prometían muy felices: aunque habían firmado que la co‐presidencia sería transitoria por unos años, a cuyo término Francisco González sería el presidente único, los consejeros vascos presumían de que «el gallego» [por FG] duraría poco al frente de la vieja institución vasca.

Se desconoce qué se negoció realmente en esa fusión. Lo cierto es que la caída de tipos de interés había lanzado a los bancos a una ola de fusiones: Santander anunció que se fusionaba con Central hispano, para crear SCH y, de pronto, BBV se quedaba fuera de juego porque un nuevo jugador, SCH, le superaba en beneficios y tamaño.

BBV lo intento con Popular. No prosperó la operación que se llevaba por delante a los hermanos Valls y, como éstos habían rechazado a Francisco González, BBV y Argentaria se quedaron solos en la pista de baile.

Lo relevante del caso es que más de un año después de la fusión, González denuncio al Banco de España la existencia de unas cuentas secretas, no incluidas en la contabilidad oficial del BBV y que éste había gestionado y usado en parte para construir unos fondos de pensiones a favor de los consejeros del Bilbao Vizcaya a los que, teóricamente, la fusión con Argentaria les perjudicaba económicamente por el diferente nivel de retribución que tenían.

Es chocante que, con el peso de las cuentas secretas en la mochila, BBV se entregase a una operación de fusión en la que hace copresidente a Francisco González y que éste, pasados los años, se convirtiese, según los acuerdos, en presidente único.

Fuentes de toda solvencia consultadas por Diario16 sostienen que González cedió en los términos económicos de la fusión a cambio de consolidar su posición personal, algo a lo que los de Neguri accedieron, en la creencia de que sería fácil deshacerse del gallego.

Esas mismas fuentes afirman que González negoció la operación con BBV disponiendo de información que le hizo llegar al gobierno de José María Aznar procedente de la lucha antiterrorista. La fuente era la CIA, conocedora, a través de sus pesquisas, de la existencia de «fondos secretos» en el BBV desde la época del Vizcaya y que se habían utilizado en varias operaciones en el exterior, entre otras para pagar a Hugo Chávez su campaña electoral.

Por esa razón en 2001, Ybarra y sus consejeros afines dimitieron y Francisco González consolidó su posición y ganó el pulso a todos los antiguos consejeros de BBVA, lo que significaba que el poder vasco ligado al PNV perdía su control fáctico sobre el banco ya que Uriarte había sido miembro del gobierno vasco y, de este modo, el PP colocaba al frente del segundo banco del país a quien antes había designado a dedo como presidente de Argentaria. La desconfianza recíproca entre PNV y PP se asentó, en realidad, en el movimiento que acabó con el control vasco sobre el viejo Banco Bilbao Vizcaya.

Al frente del Servicio de Estudios del BBVA estaba Miguel Sebastián, un departamento que gozaba de gran prestigio, por lo que sus informes se esperaban siempre con expectación porque incluían previsiones económicas y propuestas de medidas coyunturales y estructurales.

En los últimos meses del gobierno de José María Aznar, el Servicio de Estudios de BBVA había sido muy crítico con la política económica del gobierno y sus previsiones eran menos optimista que las oficiales. Francisco González decidió prescindir de Sebastián, con estruendo, sin tapujos y con escarnio.

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