“Estanislao nos demuestra que en el campo de la literatura es más limitado en cuanto a los logros estadísticos sobre el terreno, pero casi ilimitado es el poder de la ficción para abordar un tema tabú.”

La actualidad literaria es la experiencia del escritor guineano Estanislao Medina Huesca Malabo (1990), autor de la novela El albino Mico, un best seller que está arrasando en parejas jóvenes, me ha impactado pues es la primera novela guineana que toca directamente el tema del amor interetnico que hasta ahora parecía innombrable pero que era real y es muy real: aclara, aunque en mi pasaporte por motivos “guineanos” aseguran que nací en Annobon de donde soy, mis padres que emigraron a Malabo a mediados de los 70, buscando mejor fortuna en la capital. La novela aborda las relaciones de alteridad que surgen de tramas como consecuencia de la etnicidad como factor político, están inspiradas para recrear esta atmósfera de lo cotidiano y la condición humana llevando sus señas de identidad al límite, la hipocresía y la mentira a la población son corrupción, el nepotismo institucionalizado, el machismo unido a la moral judeocristiana, el famoso venga Vd. mañana de Benito Perez Galdoz, una élite acomplejada imbuida del falangismo de Carrero Blanco

Su estilo literario es herencia matriarcal, además de las influencias de sus paisanos Tomas Avila Laurel, Joaquín Mbomio Bechang o Maximiliano Ncogo así como españoles, estadounidenses de lengua inglesa y otros clásicos. ¿Qué tiene de nuevo esta novela que aporta al tema? Mucho, ya que el debate contemporáneo en torno al concepto de etnicidad en una pareja formada en Europa y que regresa a África. Haciendo la salvedad de que la metodología de la novela la dejamos de lado en este repaso por muy atractiva que nos resulte, podemos sí calificar el hecho de la obra y las letras ecuatoguineanas en castellano de las últimas décadas como una especie de literatura de recuperaciones de la identidad postergada, y en este caso, en cuanto a literatura de protesta que antes mencionamos sí se puede hablar de El albino Mico, pero con mucho cuidado, de usar términos como “descolonización” la propia temática ya insinúa una necesidad de abordar una liberación de la etnicidad ya que como señalo Ngugi Wa Sitongo en Barcelona dicho debate está unido indisolublemente al de la colonialidad, y que en Guinea salvo lo poco que hizo el PUNT, ningún partido de la oposición ni el gobierno PDGE, ha abierto. Quizás el CPDS en tiempos de Nvumba Mañana. ¿pero cómo hacerlo? Subrayo lo de cuidado porque si bien no es un libro, fruto del trabajo militante sino bien intencionado, siguiendo este mismo análisis, nunca levantó una ola de polémicas parte o lo que eufemísticamente se llama en el argot del kemitismo, tender puentes sobre las brechas sociales.

Con El Albino Mico, Estanislao nos demuestra que en el campo de la literatura es más limitado en cuanto a los logros estadísticos sobre el terreno, pero casi ilimitado es el poder de la ficción para abordar un tema tabú. El único límite que la ficción conoce y’ del cual se alimenta es el de la realidad, aunque ya entrando en la literatura como en la psicología general, sabemos que los hechos subjetivos que determinan una identidad tanto individual como colectiva y que se manifiestan a través de la sensibilidad de sus actos que, son tan reales como la realidad misma, y es desde esa realidad desde donde deviene la creatividad de Medina. Por eso al saborear sus páginas libro, sentimos algo de legitimidad al hablar de coloniaje, liberación y debate de la identidad, si bien en el plano de lo “realmente real”, valga la redundancia, las lectoras se pueden preguntar dónde está la colonización en la novela, ¿quién hace de opresor o de metrópoli y quién hace de colonia?, dónde se cumple la llamada “ley del imperialismo” que consiste en la explotación indiscriminada de los sentimientos, la familia, aquí la materia prima es la miseria que no la pobreza y mano de obra nativa para venderle a su vez a esos mismos nativos el producto ya elaborado de dos paradigmas implícitos desde el principio: la integración como asunción de esa etnicidad. En ello se ha inspirado El Albino Mico para recrearnos esta atmósfera (por otra parte) la novela está triunfando, no tanto porque apela a las conciencias sino porque el autor y sus personajes buscan centrarse en la inmensa mayoría de la población, y no en sus élites o en los análisis macro económicos convencionales, saca a la luz los modos en que los africanos «sufren y ríen» guineanologiando en su actualidad y experiencias.

Antes de entrar en materia, vale la pena subrayar la novedad del término “etnicidad” en el ámbito de la ficción no colonial. El término en las ciencias sociales está más que trillado por antropólogos. Aquí, la novedad estriba en su aparición literatura afrohispana. Esta novela es la primera guineana que toca directamente un tema de la etnicidad que hasta ahora parecía innombrable pero que es muy real: la gestión maliciosa del tribalismo en la gestión del Estado africano, además de seguir la crítica mordaz y picaresca a todos los estamentos de una sociedad que hace aguas en derechos humanos, educación o sanidad: En ese sentido el libro es un tanto costumbrista (especialmente de Malabo), de modo que abarca todo un poco. Las costumbres guineanas vienen marcadas por la etnia de cada uno de sus súbditos y cómo la aplican para relacionarse con las demás. Ante el exceso de simplificación de las literaturas y en general de las artes guineana africana donde Guillermina y sus 50 pares de zapatos no solo son premiados sino elogiados en Babilón. Medina utiliza una metodología que no se basa en la teoría política africanista tal como se ejerce desde la conferencia de Berlín.

Es en los matices revelados de la vida, en las inconsistencias del comportamiento individual y colectivo, donde a través de sus personajes y trama encontramos una visión más iluminadora de las relaciones que entroncan directamente con la ecuación: amor, colonialidad vs etnicidad ¿Cómo interaccionan, modernidad y tradición? Asimismo, El Albino Mico, se trata de un acercamiento universalista igual de válido para Guinea que para cualquier otra parte del mundo y rehuye, todo lo posible, el sesgo particularista basado en la suposición de que la realidad del continente desafía cualquier clasificación. Si la reflexión política debe basarse en la inmediatez de la vida (y la muerte) cotidiana. En cambio, la literatura busca reflejar ¿cómo se define la gente a sí misma? ¿adónde perteneces, Okak vs Ntumu, bubi vs fang, Mikomiseng vs Mongomo? ¿Qué significa la pareja en qué cree? ¿Cómo luchar para sobrevivir y mejorar su condición? ¿Cuál es el impacto de género, la enfermedad el amor, y la pobreza? ¿Cuándo se rompió el vínculo entre poder y autoridad? ¿Existen mecanismos de responsabilidad social? El libro nos ofrece una forma radicalmente diferente de analizar la sociabilidad y entender Equató. Como lector quiero englobar en mi mirada tanto la naturaleza de los personajes como las dualidades del llamado «individuo étnico» que encarnan la política de la «existencia» supuestamente kemiticas con proyectos y relatos muy eurocéntrico. Aunque pueda parecer una aproximación abstracta, o difusa. Con este trabajo Medina ha logrado algo muy concreto, reflexionar no sobre conceptos básicos y que, normalmente, damos por sentado. Sino de la condición humana. La población son sus señas de identidad. De un país surgido a imagen y semejanza del nacionalcatolicismo más reaccionario, que niega el derecho de los pueblos guineanos para imponernos un jacobinismo político como dogma de fe.

Los personajes principales no evalúan la definición de las bases espirituales o individuales de la existencia. Sino que se sumergen en la cosmovisión como si pudiéramos dar por sentado qué es y cómo funciona. El libro resultar práctico en la tarea diaria de explicar qué hacen nuestras definiciones identitarias de regreso a Kemet, pero nos limita cuando intentamos comprender qué ocurre en lugares muy diferentes al nuestro. En efecto, esta irreflexiva actitud es la que nos lleva a explicar gestión maliciosa del tribalismo entre las etnias, pasando por la cultura neofranquista de la corrupción, el nepotismo institucionalizado, el machismo africano llevado al límite, la hipocresía, la mentira envidia, cochina, pasado por el filtro cultural que Nkrumah llamó: neocolonialismo. Además de seguir la crítica mordaz y picaresca a todos los estamentos de una sociedad costumbristas, pero especialmente de Bioko), de modo que abarca todo un poco. Las costumbres guineanas vienen marcadas por la etnia de cada uno de sus ciudadanos y cómo la aplican en la gestión del poder para relacionarse con una ciudadanía inexistente cuya realidad social en unos términos que, con demasiada frecuencia, son simplistas porque se realizan sobre una premisa ya aceptada e incuestionable: la del no ser. Si queremos sentir de nuevo, debemos empezar, por la «sociología del ser» del Albino Mico.

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