Predominan quienes desde medios de comunicación de mucho poder y análisis seudo-inteligentes degradan la comunicación y el debate sobre Venezuela-EEUU y sobre el carácter de la contraofensiva imperialista frente a todo lo que huela en Nuestra América a auto-determinación.

Primero, dan por cierto lo que un poderoso sistema de comunicación dominado por el gran capital y los Estados bajo su control difunde en volúmenes y modalidades maliciosamente y abrumadoramente tóxicas.

Luego ignoran, reducen o deforman los argumentos más consistente contrarios a su condicionado parecer; descalificando a sus sustentadores.

Mucho simplismo y bastante basura se vierten por vías manipuladas en contraste con lo que le tocaría hacer a analistas que respeten la diversidad de enfoques y procuren auscultar la realidad en busca de la verdad.

Pero es que les encantas generalizar, para entonces calificar a todos los defensores del brutalmente agredido proceso bolivariano, como fanáticos del “dictador” Maduro y antiimperialistas de viejo cuño; mientras ignoran el carácter anti-democrático, antinacional, mafioso, e incluso neo-fascista, de gran parte de las derechas venezolanas y del conjunto de gobiernos, partidos y sectores que las apoyan, presentando de paso a los dirigentes chavistas como la peor especie en el Planeta Tierra.

LA POST-VERDAD ES UNA SUMA DE MENTIRAS Y SILENCIOS

Pasan por alto la impronta terrorista supranacional de EEUU, sus guerras e invasiones destructivas (Irak, Afganitan, Palestina, Libia, Yemen, Siria, Kosovo, Ucrania, Haití, Somalia… asumidas abiertamente entre las opciones actuales de la Administración Trump y del régimen colombiano de cara a Venezuela y a los procesos que cuestionan su dominio.

Compran y venden el cuento de que el imperio y sus derechas impulsan democracia y progreso… hasta llegar a justificar retrospectivamente su brutal intervención en Panamá y sus masacres a nombre del combate a las “dictaduras” (ciertas o inventadas) que no tutelan.

Se refieren a la lucha de la oposición antichavista “por la democracia”, no quieren enterarse del respaldo de EEUU a Macri (asociado a la mafia calabresa italiana), al corrupto de Temer (mientras le fue útil para “tumbar” a Dilma), a Luis Orlado Hernández (aliado de tres carteles mexicanos e impuesto por la vía de fraudes y masacres); o al ganstercito político de Jovenal Moises que gobierna a Haití, a los neo-fascista Duque y Bolsonaro, o al delincuente político de Peña Nieto.

Ni hablar lo de asumir que aquí en República Dominicana realmente se ha conformado una dictadura constitucional mafiosa, porque esa evasión le permite seguir legitimando elecciones viciadas y un sistema de partido responsable del proceso de putrefacción del Estado dominicano, así como insistir en discursitos que propugnan por “institucionalizar” y “adecentar” el país dentro de este orden constitucional precisamente diseñado para facilitar autoritarismo, corrupción, neoliberalismo y corrupción.

En muchos casos obvian los análisis e informaciones que respetan la realidad de nuestra América y sus particularidades y ocultan el fardo trágico que se deriva de la política de EEUU contra la autodeterminación de los pueblos.

El pasado de Venezuela correspondiente al periodo de la IV república es borrado de la historia, mientras se sataniza la etapa chavista.

Programan y ejecutan diabluras violentas para atribuírsela al gobierno venezolano.

Se inventa un presidente sin Estado, sin gobierno, sin poder decisión sobre el país y su territorio.

Una verdad tan sencilla como que en ese país hermano la derecha opositora cuenta con más medios de comunicación que el Estado y el sector bolivariano, es sepultada por cascadas permanentes de mentiras que presentan al gobierno venezolano como enemigo de la libertad de opinión.

La ultraderecha fascista y EEUU conspira, bloquea, mata, agrede violentamente, sabotea, desabastece, planea magnicidios, amenaza con invadir y califica cada acción coercitiva del Estado como persecución política y atentado a los derechos humanos.

Nadie ha podido demostrar un fraude electoral y sin embargo se describe el sistema electoral venezolano como propio de una dictadura enemiga del libre sufragio.

A todo esto ahora lo llaman post-verdad para suavizar los términos respecto a la instrumentación de una comunicación absolutamente perversa, previo secuestro significativo y concentración de la más alta tecnología y la propiedad. Pero la denominada post-verdad cada vez más se evidencia como un cumulo infinito de mentiras y silencios.

LA CARA SILENCIADA DE LA REALIDAD Y LOS CONTRASTE QUE NO SE MENCIONAN

Ejecutan las otras vertientes de la guerra global para el saqueo del suelo, subsuelo y la posesión del sobresuelo que pertenece a la humanidad atracada y saqueada, bajo el manto alienante de la guerra mediática, y la amenaza y uso contante de su destructivo poder militar . Les importa el caos si sirve a la prolongación del saqueo y el control de las riquezas altamente concentradas y la expansión de la pobreza generada, y cuentan con medios para reducir al mínimo la percepción de esa realidad por una humanidad significativamente desinformada.

Y no es que no existan situaciones y fenómenos criticables en la Venezuela bolivariana y otros países embestidos por la maquinaria estadounidense, pero realmente son de otro carácter y muy propios de un tránsito reformador difícil, en buena medida mediatizado, incompleto, en el que la retorica socialista no termina de aterrizar en transformaciones anticapitalistas, registrándose un hibrido incompatible, una coexistencia de gran capital privado, estatismo y proyectos socializantes que traba, contamina y deforma el proceso transformador o reformador en marcha.

Esos fenómenos y, más aun, procedimientos, inconductas y métodos extraídos del arsenal de las derechas ejecutados a nombre de defender y apuntalar ciertas izquierdas degradadas (resistente a asumir o profundizar las transformaciones estructurales), incrementa la vulnerabilidad de los cambios mediatizados.

Algo objetable, pero jamás comparable con lo acontece en las naciones del continente donde EEUU, las derechas ultra-neoliberales y el capitalismo gansterizado, pentagonizado y ambientalmente insostenible impera mediante el uso de la fuerza y la mentira contra la razón y la verdad. anticapitalista y a

Así las cosas, defender los avances y conquistas, precisa también convertirlas en revoluciones de verdad y pasar de la retórica de una conducción que denomina socialismo del siglo XXI a cualquier cosa a una que decida asumir las transformaciones anticapitalistas de profundidad y la socialización progresiva del poder, la economía y la propiedad.

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