A las oligarquías colombianas, que hoy gobiernan ese país, mediado por el narcotráfico y el paramilitarismo, siempre les ha caracterizado la sumisión y adulancia a los imperios.

Ellas nacieron arrastrándose a los pies del Imperio español. De allí su odio descarado y traidor a Bolívar, al pensamiento Bolivariano y a todo patriotismo independentista.

Esas oligarquías, políticamente santanderianas, se arrastran en la actualidad, lamiendo las botas imperialistas calzadas en estos momentos por el vendedor de armas Donald Trump.

Duque, como presidente colombiano -componente y sucesor fiel al binomio de capos del narcotráfico que encabezó «Barito», Álvaro Uribe Vélez, y siguió quien fuera su Ministro de la Defensa (y también de las tenebrosas Autodefensas), Juan Manuel Santos-, gobierna para cumplir con la orden emanada de las transnacionales del petróleo, también del narcotráfico y del Departamento de Estado yanqui, de acabar con el pueblo venezolano, con su legítimo y Constitucional Gobierno Bolivariano, apoderarse de nuestros soberanos espacios y de nuestras riquezas.

La estrategia imperialista de cerco y aniquilamiento contra Venezuela es de una complejidad muy puntual, que incluye la llamada guerra convencional sólo como un corolario de las guerras múltiples, en la que destacan la económica y la mediática como guerras de desgaste.

En ese contexto en desarrollo, Duque es uno de los agentes más importantes para el uso de los artificios de los llamados falsos positivos, con provocaciones en las fronteras con Venezuela, la infiltración y desestabilización a través de mercenarios y «tropas» irregulares de paramilitares listos para vestir los uniformes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (recuérdese el caso Daktari, para la planificada y frustrada «toma de Miraflores» durante el Gobierno del Comandante Chávez) e intentar conformar e instituir un gobierno paralelo al que Constitucionalmente preside en Venezuela para el período 2019 – 2025 el camarada Nicolás Maduro.

Las próximas semanas y sucesivos primeros seis meses de este año son claves en la definición de acciones para «ponerle las manos» a Venezuela y derrocar al Gobierno del presidente Maduro.

Los gobiernos títeres que el imperialismo ha logrado ir restableciendo en la región son claves en el despliegue político y militar del aludido cerco y aniquilamiento contra Venezuela.

Los movimientos paralelos contra Cuba y Nicaragua no están desconectados del objetivo central, que es hoy Venezuela y la Revolución Bolivariana y Chavista.

No podemos ni debemos distraernos ni un segundo. Ningún movimiento enemigo (interno o externo) debe ser subestimado, por muy inocente que parezca. La Defensa Integral de la Patria no es sólo defensa de Venezuela, sino de toda Nuestramérica. Lo que está en juego es nuestra definitiva independencia.

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