Era enero de 2002 cuando un grupo de alumnos y alumnas de los Colegios públicos de Navatejera y Villaobispo, con el apoyo del profesorado, publicaba el primer número de un magazine titulado “Nuestro Periódico”, gracias a un proyecto de actividades extraescolares promovido por el Ayuntamiento de Villaquilambre. En la editorial se explicaba que era “el primero lanzado en toda Castilla-León (sic) hecho por niños, y nuestro ayuntamiento es, por tanto, el primer ayuntamiento de Castilla-León (sic) que lleva a cabo este plan: El Taller de Prensa”, con el objetivo de que dichos alumnos “aprendan algo de esta profesión y de paso se diviertan haciendo este periódico”. En la portada aparecía una entrevista exclusiva al exitoso grupo de música leonés Café Quijano y, cómo no, una entrevista al Alcalde de Villaquilambre: Lázaro García Bayón (UPL). Una de las preguntas que le hicieron aquellos intrépidos alumnos fue si se iba a hacer un Instituto en Navatejera. La respuesta de Bayón fue contundente: “Sí se va a hacer, tenían que haber empezado ya las obras en septiembre (de 2001). Había casi 400 millones (de pesetas) en las partidas presupuestarias de la Consejería de Educación… Para el año que viene se habilitará una partida presupuestaria y es posible que comiencen las obras de esas ocho aulas de educación secundaria en septiembre del año que viene”. –“¿Hasta qué curso habrá?” – insistían los alumnos. “Hasta 2º de bachiller”- respondía el regidor, quien a día de hoy sigue siendo Concejal del equipo de gobierno en el Ayuntamiento.

Casi dos décadas después de aquella promesa incumplida y, a pesar de que el municipio duplicó su población hasta llegar a los casi 19.000 habitantes censados, a pesar de contar con tres Colegios públicos, los 2.900 niños y niñas menores de 14 años siguen sin poder continuar sus estudios de Educación Secundaria y Bachillerato en su propio municipio. ¿Dónde está la libre elección de centro para estos alumnos, que tanto defienden los políticos defensores de la educación privada concertada?

Siete años después de aquella entrevista en el periódico escolar, otro histórico político del municipio del alfoz, Manuel Mitadiel (entonces concejal de Civiqvs y hoy gerente del Sacyl) comentaba en el Diario de León (22/10/2009): “La población adolescente bastaría para desbordar dos centros de bachillerato y FP”, e insistía en que todos los partidos políticos lo incluían en sus programas electorales y las Ampas de los Colegios estaban recogiendo firmas para solicitarlo. Además, resaltaba que “el hecho de ser un municipio emergente, con capacidad de generar empleo, hace indispensable que, además de proveer plazas de secundaria, sea necesario dotar al menos un centro de ciclos formativos profesionales.”

En septiembre de 2017, un grupo de madres y padres de alumnado de los tres Colegios públicos del municipio nos unimos para formar la plataforma “Por un Instituto en Villaquilambre”, organizando un sinfín de actividades culturales, talleres, concentraciones, etc. logrando dar gran visibilidad a la reivindicación. Nos encontramos con el apoyo de todos los sindicatos y partidos políticos, a excepción del Alcalde Manuel García, del PP. En su condición de procurador en las Cortes de Castilla y León llegó a votar hasta tres veces en contra de iniciativas parlamentarias que se presentaron apoyando la construcción de esta infraestructura educativa en su propio municipio.

Un año después, en septiembre de 2018, llegó la moción de censura en Villaquilambre, motivada por el escándalo de la operación Enredadera, y el nuevo equipo de gobierno encabezado por el Alcalde Jorge Pérez (PSOE) se reunió enseguida con la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León, que mostró su negativa rotunda a construir un Instituto en Villaquilambre, porque “no era necesario” según los números que manejaban.

Tras los resultados de las elecciones municipales de 2019, el PP vuelve a recuperar la Alcaldía gracias al apoyo de Ciudadanos, Vive Villaquilambre y de los dos concejales que se habían presentado por la UPL, con el sempiterno Lázaro García Bayón como líder. Bayón utiliza entonces la reivindicación de la construcción del Instituto como una de las tres condiciones para apoyar la investidura (las otras dos son la construcción de un Centro de Salud y la renuncia definitiva a la ubicación de la planta de biomasa en el municipio). De la noche a la mañana, cientos de niños y niñas debieron de nacer en Villaquilambre y, la misma Consejería de Educación que decía que no daban los números para la construcción de un Instituto, ahora sí lo veían factible. El propio Alcalde Manuel García, en el balance del primer año de su nuevo mandato, insistía en que “antes de que finalice esta legislatura, Villaquilambre tendrá un Centro de Salud y un Instituto”.

Ya han transcurrido dieciséis meses de aquella investidura, y los trámites para la construcción del Instituto se han limitado a una cesión de las parcelas por parte de la Junta Vecinal de Navatejera. Ni urbanización del entorno por parte del Ayuntamiento, ni convocatoria de un concurso para la redacción del proyecto por parte de la Consejería de Educación, ni partida presupuestaria alguna.

Mientras tanto, llegó la pandemia, excusa perfecta a la que agarrarse para justificar el retraso de cualquier proyecto. Y como no hay mal que por bien no venga, el necesario desdoble de grupos en las aulas ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con infraestructuras educativas amplias, contratar más profesorado y bajar las ratios, mejorando así la calidad de la enseñanza, la atención a la diversidad y la inclusión.

Dos ejemplos de la importancia de invertir en la educación pública: el Instituto Ordoño II en el barrio de la Palomera, masificado desde hace años, ha tenido que hacer encaje de bolillos para poder acoger este curso ocho aulas de 1º de ESO, ya que muchos de esos alumnos proceden de Villaquilambre. Por el contrario, la reciente ampliación del CEIP “Los Adiles” de Villaobispo, cuyo alumnado recibía las clases en barracones hasta hace unos meses, ha permitido desdoblar varias aulas de Educación Infantil y Primaria en una situación de alerta sanitaria como la que estamos viviendo.

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