‘Piojos’ de la compañía Caramala. Foto de María Ramos

Mierda. Mierda. Mierda. La mierda como lema de esta revuelta. La mierda como símbolo de libertad. Una epidemia de piojos que se extiende por las cabezas de las niñas de este colegio concertado. Unas piojas marxistas, hijas de la revolución lingüística. Una epidemia que sólo ataca a las niñas del colegio concertado Blas de Lezo. Los mayores ya vienen con la plaga de serie. 

Y eso que una plaga de piojos en un colegio concertado con una cara televisiva en el reparto no parecía un plato demasiado apetecible para la calurosa tarde de Ciudad Rodrigo. Pero cuando la revolución azucarada llama a la puerta la razón huye de los grupos de WhatsApp. 

Era el turno de la compañía Caramala y de ‘La Plaga’, un montaje con texto de Sergio Rubio y dirección de Chiqui Carabante. El reparto habitual de esta compañía ya consolidada en el circuito andaluz formado por Carmen Baquero, Virginia Muñoz y Noemí Ruiz. 

El gimnasio del IES Tierra de Ciudad Rodrigo, transmutado en espacio Afecir, era el lugar idóneo para mirar a través de la cuarta pared lo que ocurría en la aulas del Colegio Blas de Lezo. La cotidianeidad de un colegio de primaria, las aulas de niñas de ocho años, las clases de religión, el grupo de whatsapp del AMPA, la pizarra de tiza blanca y los uniformes escolares conforman este universo cotidiano. Una epidemia de piojos es el detonante. Una epidemia que se extiende rápidamente por las cabezas infantiles y que obliga incluso a plantear la posibilidad de una cuarentena. 

Piojos libertarios para un universo creado por “una diosa que no paraba de parir” y la palabra “mierda”, que no popó, porque a los ocho años decir popó es de pequeños, son los ejes de la revuelta escolar. Donde las niñas ven libertad, los mayores ven sólo piojos en esta comedia agridulce, con carcajadas cortadas en seco.

La compañía Caramala, con ya diez años de trayectoria, siempre se ha caracterizado por su humor blanco y fresco. Un humor que conservan en este montaje que venía precedido por el éxito en su estreno en el 36 Festival de Teatro de Málaga, pero en el que encontramos más cargas de profundidad de las habituales. Porque si los pájaros tienen los ojos llenos de mierda, son de mierda, no se puede sustituir por ‘popó’ por muy malsonante que sea mierda. Y algo así proponen en su montaje Caramala. Tratar de volver a la intensidad con la que se viven las cosas a los ocho años, donde los demás piensan que eres demasiado pequeño para querer ser libre. 

Nota al pie.- Para ser justos con lo dicho y lo visto, siento haber dicho lo de la cara televisiva. Es un prejuicio personal que erradicar como tantos otros. Noemí Ruiz lo demostró una vez más. Dos velas a San Maturino, patrón de los bufones.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorCrónica de una supervivencia
Artículo siguienteLa Amazonia en llamas: el Gobierno de Brasil desprecia la igualdad
Periodista, publicista y geógrafo. No siempre en este órden. Máster en Comunicación y en Gestión Cultural por Les Heures-Universidad de Barcelona. Ha sido profesor de Geografía del Ocio en la Universidad de Castilla-La Mancha. En la actualidad dirige el laboratorio creativo MakingUCLM, la revista cultural Espacies y cuenta historias en Radio Diferencia y Diálogos en el Iberia. Siempre en el camino.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

cinco × tres =