documental
Richard Nixon en el Despacho Oval, en una imagen del documental.

Las épocas de crisis políticas suelen ser buenas para el cine de ese género. Muchos cineastas apuestan por tomar distancia y plasmar en imágenes historias pasadas que sirven de afilada metáfora sobre los azarosos días actuales. Esa ha sido la nada disimulada intención del siempre efectivo Charles Ferguson, dos veces candidato al Oscar, al acometer el complejo y valiente proyecto de su último trabajo, una serie documental de cuatro horas cuyo título no requiere de más explicaciones: Watergate. Claro que la sal está en el subtítulo: Cómo aprendimos a parar a un presidente fuera de control.

No es de extrañar que tras su estreno europeo este lunes en la Berlinale, la mayor parte de las preguntas de la prensa no estuviese referida a Richard Nixon y sus decisiones políticas, sino a Donald Trump y sus continuos desatinos. “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, concluye el documental tras 260 minutos hablando sobre los años setenta. Pero el sabor de boca que deja en los espectadores no puede ser más actual.

Para poner en pie la reconstrucción de los hechos (la llegada de Nixon al poder, el escándalo Watergate, la investigación siguiente y la renuncia final del presidente), el cineasta recurre tanto a imágenes televisivas de la época como a entrevistas actuales a buena parte de los implicados, de uno u otro lado, en aquel histórico proceso, desde senadores y congresistas a periodistas, abogados y agentes del FBI. El único que ha declinado la invitación a participar ha sido el polémico consejero presidencial, Henry Kissinger, que a sus 95 años sigue siendo ‘el hombre que sabía demasiado’ de aquel periodo político estadounidense. También han sido fundamentales las más de 3.400 horas de conversaciones grabadas por Richard Nixon en el Despacho Oval durante sus cinco años como presidente, material que se ha empleado para llevar a cabo recreaciones de algunos de aquellos momentos.

“La sal está en el subtítulo: Cómo aprendimos a parar a un presidente fuera de control

Son esas conversaciones entre Nixon y sus asesores, muchas de ellas desclasificadas recientemente, las que por momentos llevan al espectador a evocar la figura de Trump, pues como este, también el trigésimo séptimo presidente estadounidense tenía en ocasiones ideas tan melodramáticas como disparatadas, como cuando se planteaba secuestrar a los más populares artistas y celebridades que se oponían a sus decisiones, drogarlos y abandonarlos en México. También al igual que Trump, la relación de Nixon con la prensa era algo más que tirante, y en las cintas se le puede escuchar en varios momentos clamar por ataques directos a los dueños de los grandes grupos de comunicación.

En el documental no podían faltar Carl Bernstein y Bob Woodward, periodistas del Washington Post cuyo incansable trabajo condujo al ya conocido desenlace final de la carrera política de Nixon. Woodward ofrece un análisis interesante que vuelve a conducir a la comparación con el dirigente actual. Al referirse al Watergate, la gran obsesión de Nixon como lo es el muro de México para Trump, afirma el periodista: «[El Watergate] fue la guerra de Nixon contra los medios de comunicación, los demócratas, la Justicia y, finalmente, la Historia».

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