No estoy aquí para hablar de moda, ni soy quien, ni tengo vocación para eso. Mi misión es la de crear tendencia en un asunto sanitario que se nos ha ido de las manos y de las cuchillas… Ser más o menos peludo/a va a depender de varios determinantes, el primero sería la genética, y contra ese no podemos luchar, a no ser que, nos hagamos transgénicos como el maíz y entonces seamos los dueños de “un mundo feliz” sin pelos cual Hare Krishna integral.

El segundo, dependerá del espacio-tiempo donde estés, esto de la moda es lo que tiene, puedes sacar del armario una pieza de hace 20 años para ir a la última, o ponerte las gafas que llevaba tu abuelo porque “molan mucho” pero sin cristales. Hace 15 años en las revisiones ginecológicas era habitual que las mujeres vinieran con sus genitales con el vello tal y como viene de serie. Por aquel entonces, no había tanta variedad cultural en nuestras consultas y cuando llegaba una chica totalmente depilada solía ser deportista. Ahora, lo difícil es ver el “estilo natural”. Como esto es un tema cultural, nada tiene que ver el estilo que llevan pakistaníes, chinas o venezolanas.

Estas últimas, desde su tierna infancia han recibido recomendaciones sobre la estética que aquí no nos hicieron. Si yo fuera influencer, podría proponer hasta que se hicieran mechas, pero mi misión no es esa. No puedo evitar recordar la peli “American beauty” cada vez que veo un pubis tal cual “Amazonas deforestado”, allá cada una/o con lo que le quiera hacer a su cuerpo, siempre que no sea su pareja la que controla el vello o el móvil. Dejando el tema de la moda, como sanitaria puedo informar que el vello del Monte de Venus está ahí para evitar infecciones y, su ausencia la estamos viendo como origen del incremento de foliculitis o dermatitis, aunque lo que más suele preocupar son las verrugas genitales, consecuencia de la combinación de la depilación junto con otros aspectos de la realidad sexual.

Si a que se cambie de pareja con más rapidez o lo de tener “parejas abiertas”, le añadimos, la precocidad en el inicio de las relaciones, aumentamos el tiempo de exposición y si no hay trinchera (vello), los virus lo tendrán más fácil para quedarse en su nuevo hogar. El que nuestras niñas-jóvenes empiecen a tener relaciones con penetración mucho antes de que yo me diera el primer beso con lengua (morreo), merece otro artículo.

Si pensamos en los pelos repartidos por otras partes del cuerpo, vemos que ser calvo puede suponer una vergüenza para los que abrigan sus cabezas con pelucas mientras que, si van decoradas con tatuajes acompañando a una linda barba y unos ojazos azules cual Ragnar el Vikingo, pueden incluso añadir un sex-appeal que no encontraremos en Homer Simpson. Cuando no existían las cremas depilatorias ni el láser, había mujeres que se quemaban los vellos de los brazos quedándose con olor a “piel chamuscá” y no imagino hombres haciendo lo mismo, pero seguro que los hay. Los cánones de belleza van cambiando a lo largo de la historia, ahora hay chicos que “se arreglan las cejas” mientras otros digan que eso es “cosa de gays”. Sigo pensando que donde esté un hombre de “pelo en pecho” (sin llegar al hombre lobo) que se aparten las tabletas imberbes. Si trabajas en el mundo de la estética o la moda o eres “influencer”, te agradecería que después de lo leído aquí, hagas un Dímelo para poder pasar al Díselo y volver a crear tendencia en el mundo de las depilaciones “justitas”.

Si no eres nada de lo anterior, dile a tus amigas que lo que se lleva ahora es el “Salvaje pero apañao” y gracias a ti también por el aleteo de mariposa que cambia el mundo.

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